Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas - Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) - Cátedra C - Profesor: Hector J. Zimerman

jueves, 16 de febrero de 2017

MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 2

Los Justos Títulos de dominio del Rey de España (la Monarquía Hispánica o Monarquía Católica) sobre el Nuevo Mundo son un concepto ideológico expresado jurídica y teológicamente a través de sucesivas reuniones de teólogos y juristas, principalmente: la Junta de Burgos (1512);·la Junta de Valladolid (1550-1551), en que se produce el enfrentamiento entre las posturas de Bartolomé de las Casas, que pone en duda la licitud del dominio de los colonizadores sobre los indígenas, y la de Ginés de Sepúlveda, partidario de la continuidad del proceso colonizador.

Las Leyes de Indias dotaron de un marco jurídico a ese dominio colonial, en todo tipo de cuestiones, como la encomienda o el repartimiento de indios.

El principal soporte de la pretensión de la monarquía española al dominio de América eran las denominadas Bulas Alejandrinas, obtenidas por los Reyes Católicos de Alejandro VI (de la familia valenciana de los Borja, que ocupó el pontificado entre 1492 y 1503). La naturaleza religiosa de la justificación de ese dominio, sustentada en la necesidad de evangelización, también implicó el control de los reyes sobre la Iglesia, a través del Patronato regio.

La discusión con otras potencias europeas se limitó principalmente al acuerdo con Portugal, alcanzado en 1494 con el Tratado de Tordesillas, que en la práctica dividía el mundo en dos zonas de influencia. Se atribuye a Francisco I de Francia un retórico reproche a este reparto, pidiendo que le enseñaran la cláusula del testamento de Adán donde repartiera su herencia entre castellanos y portugueses, con exclusión de todos los demás.

A partir de finales del siglo XVI, y en parte por escrúpulos de conciencia del propio rey Felipe II, se limitaron las nuevas conquistas, frenando la expansión territorial; aunque tal autolimitación no tendría consecuencias políticas o económicas de gran importancia, dado que las principales entidades políticas indígenas habían sido ya dominadas (imperio azteca e imperio inca) y los espacios de interés agrícola, minero o comercial habían sido ya controlados (las zonas tropicales del Caribe y las Antillas españolas -disputadas con otras potencias europeas-, los puertos clave en las rutas del Atlántico y el Pacífico y las minas de Potosí y México). Hasta mediados del siglo XVIII no se volvió a intentar la colonización de nuevos territorios, ya con distintos criterios (costa del Pacífico norte) o se discutieron los límites con Portugal.

BULA DE DONACION, Y OTRAS 

En marzo de 1493, al saberse en la corte de Castilla el éxito de la expedición de Cristóbal Colón, los Reyes Católicos buscaron resolver y fundamentar jurídicamente la incorporación de “Las Indias” a la Corona de Castilla y el derecho a ocupar dichas tierras, así como las que faltaren por descubrir. 

Las Bulas Alejandrinas son un conjunto de cinco documentos pontificios de carácter arbitral que otorgan a Castilla el derecho a conquistar América y la obligación de evangelizarla. De estas bulas derivarán muchos conflictos pues los documentos fueron antedatados y en algunos casos, sus fechas no corresponden al día o al mes en que fueron expedidas: 

La primera bula: Inter Caetera, llamada de donación, está fechada el 3 de mayo de 1493. Por medio de ella, el Papa concede a los Reyes de Castilla las tierras descubiertas y por descubrir, hacia la India, que no pertenecieren a algún príncipe cristiano. 

La segunda bula: Inter Caetera, datada el 4 de mayo de 1493 –motivo de esta efeméride- es conocida como Bula de Partición, se le llama así porque divide el océano en dos partes, mediante una línea de polo a polo trazada a 100 leguas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde; las tierras al occidente de esa frontera serán para Castilla y las del oriente portuguesas. 

La tercera bula: Piis Fidelium, expedida el 25 de junio de 1493, es considerada bula menor y está dirigida a fray Bernardo Boyl y por ella se le dan facilidades para ejercer su labor misionera. 

La cuarta bula: Eximiae Devotionis, datada el 3 de mayo y también bula menor, otorga a los Reyes Católicos en sus territorios los mismos privilegios que a los Reyes de Portugal en los suyos. 

La quinta bula: Dudum Siquidem, bula menor, del 26 de septiembre de 1493, es conocida como Ampliación de la Donación, porque amplía la concesión de la primera Inter Coetera y señala que serán para los castellanos las tierras que hubiera hacia la india. 

En suma, de este conjunto de documentos, las que establecen donación son: la primera Inter Coetera y la Dudum Siquidem, las cuales precisan la concesión de dominio -por ser tierras de infieles- con sus señoríos, ciudades, castillos, lugares y villas y con todos sus derechos y jurisdicciones y excluyen a toda otra persona de cualquier dignidad, estado, grado, orden o condición, incluso imperial o real, en el comercio o en cualquier otra cosa, sin licencia expresa de los Reyes Católicos; serán excomulgados los que viajen a las Indias por el Oeste sin autorización de los reyes de Castilla; y los reyes estarán obligados a evangelizar las tierras concedidas. 

Luis Weckmann (Las Bulas Alejandrinas de 1493 y la teoría política del Papado medieval. Estudio de la supremacía papal sobre las islas, 1091-1493), señala que las Bulas Alejandrinas de Partición “…constituyen uno de los eslabones fundamentales entre la Edad Media y la historia de nuestro continente. 

“Las Bulas Alejandrinas de Partición, de 1493, constituyen una de las últimas aplicaciones prácticas de una vieja y extraña teoría jurídica, elaborada explícitamente en la corte pontificia a fines del siglo XI… conforme a la cual todas las islas pertenecen a la especial jurisdicción de San Pedro y de sus sucesores, los pontífices romanos, quienes pueden libremente disponer de ellas. Esta teoría… bajo el nombre de doctrina omni-insular es, sin duda alguna, una de las elaboraciones más originales y curiosas del derecho público medieval…La situación histórica del Papado medieval, en cuyo seno la doctrina se originó y por quién fue aplicada repetidamente, existía inalterada en lo fundamental aún a fines del siglo XV, cuando las Bulas Alejandrinas fueron promulgadas. En consecuencia, estas bulas, en cuanto a su origen, significado y espíritu, se enlazan definitivamente con la Edad Media aun cuando sirvan de puente hacia la Edad Moderna; y vienen a ser el epílogo de una larga costumbre jurídica medieval”. 

Las polémicas y debates más intensos sobre el contenido de estas bulas (títulos de dominio sobre América o sobre la calidad y trato dados a los indígenas), alcanzarán sus puntos más álgidos en la Junta de Burgos de 1512 y la Junta de Valladolid de 1550-1551, donde se enfrentarán Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas y de la que resultarán las Leyes Nuevas. 

El Tratado de Tordesillas es un Documento que divide imaginariamente el océano Atlántico por medio del trazo de una línea de polo Norte a polo Sur, 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, dejando el hemisferio oriental para la Corona de Portugal y el hemisferio occidental para la Corona de Castilla. 

Tras la firma del Tratado de Alcáçovas y el viaje de Colón, Portugal manifestó su disconformidad en la delimitación de dicho acuerdo que no respetaba su derecho a descubrimientos en el Atlántico. En 1494 Portugal y España se reunieron, dando nacimiento al Tratado de Tordesillas (1494), mediante el cual hicieron una nueva marcación para se repartieron los territorios. 

A la línea imaginaria de 100 leguas hacia occidente de las Azores , se añadió otra a 370 leguas al Oeste de Cabo Verde. Más allá de esa línea, las tierras descubiertas o por descubrir quedaría en posesión de España. En tanto que hacia el Este, lo descubierto o por descubrir quedaría bajo la potestad de Portugal. 

Beneficios para portugueses 

Los vencedores del acuerdo fueron los portugueses quienes con tal demarcación ganaron para sí una franja de tierras fértiles que luego el mundo conocería como Brasil. Tal como afirman algunos historiadores, es posible que los portugueses ya supiesen de la existencia de estos territorios que los españoles perdieron el derecho de explorar. 

Beneficios para españoles 

Desde el punto de vista español, negar la propuesta portuguesa hubiese significado el estallido de una posible guerra que no estaba en condiciones de enfrentar, teniendo en cuenta su situación con Francia. 

De la misma manera, tal delimitación siguió siendo positiva para los objetivos de entonces, llegar a India. Vasco Da Gama llega tres años más tarde y posteriormente (1522), gracias a Magallanes, el mundo conocerá una nueva ruta por América del Sur. La cuestión de las Molucas quedaría para otro tratado, ya que éstas quedaban dentro de la jurisdicción española (teniendo en cuenta que la línea de demarcación se extendía hasta el otro hemisferio), aunque Carlos V las vendiera en 1529 por 350.000 Ducados de oro a Portugal, abocándose a la causa Americana. 

En la época previa al descubrimiento efectuado por Cristóbal Colón, de una ruta alternativa en dirección al oeste hacia lo que por entonces se consideró eran los territorios conocidos como La Especiería; marinos a las órdenes del Rey de Portugal habían navegado hacia el sur, bordeando el continente africano, con el mismo objetivo. Como consecuencia de ello, surgió una situación de muy grave rivalidad entre Portugal y España, por la competencia en el descubrimiento y ocupación de los nuevos territorios; que amenazaba desatar una guerra entre ambas naciones. 

Lo establecido en el Tratado de Tordesillas no era de fácil aplicación. No solamente no resultaba posible medir con exactitud la distancia de las 370 leguas sobre el océano en esa época; y menos aún hacerlo no ya a la altura de las islas del Cabo Verde sino ascendiendo o descendiendo al norte o al sur de las mismas sobre el mismo meridiano terrestre. Lo cierto es que, además, cuando se estableció esa línea, en realidad no se conocía qué territorios podrían ser atravesados por ella. Es muy probable que, en realidad, no se haya tenido un conocimiento cierto de los efectos del Tratado; por el cual Portugal vino a adquirir derechos sobre buena parte del actual territorio del Brasil. Esa pugna entre Portugal y España respecto a la ubicación de sus jurisdicciones delimitadas por el Tratado de Tordesillas, había de tener importantes repercusiones en relación a las acciones de ambas naciones en la zona del Río de la Plata, y especialmente en la colonización del territorio situado al este del Río Uruguay. 

JUSTIFICACIÓN DE LA CONQUISTA Y DOMINACIÓN DE LOS INDÍGENAS AMERICANOS

Por Oswaldo Albornoz Peralta

Todo conquistador trata de justificar su conquista para esconder o aminorar la explotación y desmanes que ejercen sobre los pueblos conquistados. Y para esto, la justificación más socorrida, es que se trata de gentes inferiores, cuyas costumbres y pensamiento, son sometidos a una crítica implacable a la par que inconsistente desde un punto de vista ético y científico.

Esto, desde muy antiguo. Ya Aristóteles en su conocido y célebre libro Política, habla de pueblos bárbaros, de pueblos esclavos por naturaleza, cuyo destino no es otro que el de ser conquistados y esclavizados para que trabajen y sirvan a los griegos, derecho justo dada su superioridad racial. Y esta tesis se difunde grandemente y sirve para la expansión de Roma.

De larga vida la tal tesis, llega a América con la espada de los conquistadores y la cruz de los misioneros. Y aquí, en algunos casos, se radicaliza hasta el extremo de sostener que los indios americanos carecen de alma y no pertenecen a la especie humana. El Papa, para no amenguar la labor evangelizadora, tiene que intervenir y decir que sí tienen alma y que, por tanto, son hombres. Pablo III, en su bula Sublimis Deus –1537– tiene que declarar esto:

Nos, que aunque indignos, ejercemos en la tierra el poder de Nuestro Señor… consideramos sin embargo que los indios son verdaderos hombres y que no solo son capaces de entender la fe católica, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, se hallan deseosos de recibirla. (1)

La bula papal es urgente e imprescindible, porque es obvio que si los indios no pertenecen a la especie humana, la evangelización de sus pueblos no tiene sentido. Si para ellos no existe otra vida después de la muerte por carecer de alma, ¿para qué el esfuerzo de su cristianización?

Empero, la singular bula papal, es quizás más imperiosa y necesaria para la monarquía española. Para sus reyes es un importante instrumento de conquista, pues una religión que predica la resignación y el sometimiento, resulta un arma formidable para imponer el dominio y consolidar la colonización. Es el cuchillo pontificio de que nos habla nuestro obispo Gaspar de Villarroel. Por tanto, hay que imponer el catolicismo a cualquier costo, para lo cual es forzoso arrasar las religiones indígenas, como efectivamente sucede. Una cohorte de clérigos, destruyendo todo lo que para ellos significa idolatría, se desplaza por todos los rincones del nuevo continente para cumplir tan sagrado oficio. Un Diego de Landa, por ejemplo, se destaca en el cumplimiento de este cometido por las tierras mayas.

Tan fundamental es la implantación de la religión católica, que muchos juristas y teólogos, la consideran como justa causa para la conquista.

Pero si bien la bula aludida saca de la animalidad al indígena, no por eso se libra de la inferioridad, calidad indispensable para justificar la conquista. Así el dominico Francisco de Vitoria, uno de los que sostienen que es justa causa de guerra la oposición de los bárbaros a la propagación del Evangelio, dice esto sobre los indios:

Esos bárbaros, aunque, como se ha dicho, no sean del todo incapaces, distan, sin embargo, tan poco de los retrasados mentales que parece no son idóneos para constituir y administrar una república legítima dentro de los límites humanos y políticos. Por lo cual no tienen leyes adecuadas, ni magistrados, ni siquiera son suficientemente capaces para gobernar la familia. Hasta carecen de ciencias y artes, no sólo liberales sino también mecánicas, y de una agricultura diligente, de artesanías y de otras muchas comodidades que son hasta necesarias para la vida humana. (2)

El buen fraile –tan alabado por ciertos historiadores– duda si este retraso mental es justo título para la conquista. Menéndez Pelayo, dice que con él, ¡entró a raudales la luz!

Más radical y menos dubitativo es el famoso fray Ginés de Sepúlveda. En su Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios no se cansa de buscar motivos para justificar el sometimiento de los indígenas americanos, para lo cual acumula sobre ellos, junto con la consabida falta de razón, una serie de vicios y defectos. Y para su condena a los que llama hombrecillos con apenas vestigios de humanidad se basa, no sólo en Aristóteles, sino en San Agustín, Santo Tomás de Aquino y algunos pasajes bíblicos. Oídle:

Con perfecto derecho los españoles ejercen su dominio sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio y todo género de virtudes y humanos sentimientos son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos, las mujeres a los varones, como gentes crueles e inhumanos a muy mansos, exageradamente intemperantes a continentes y moderados, finalmente, estoy por decir cuanto los monos a los hombres

La justa guerra es causa de la justa esclavitud, la cual contraída por el derecho de gentes, lleva consigo la pérdida de la libertad y de los bienes. (3)

Con estas tesis se enfrenta en 1550-1551 en la Junta de Valladolid a fray Bartolomé de las Casas, alto representante de las ideas democráticas españolas, encerradas por desgracia en esa época en los débiles círculos erasmistas, que para no ser reprimidos por la Inquisición expresan su pensamiento con extrema cautela. Su combate se fundamenta, principalmente, en el cristianismo primitivo. Y llega lejos. Al final de su vida llega a plantear que se devuelvan a los indios "los bienes robados y que los españoles abandonaran las colonias". (4)

A Sepúlveda le sonríe la buena suerte. Los conquistadores del Cabildo de México, agradecidos, le regalan doscientos pesos de oro en minas. Gran negociante llega a formar una inmensa fortuna que hasta le permite fundar un mayorazgo.

También un obispo franciscano, Francisco Ruiz, piensa que el indio "aunque es gente maliciosa para concebir ruindad en daño de los cristianos, no es gente capaz ni de juicio natural para recibir la fe ni las otras virtudes de crianza necesarias a su conversión". (5) Otro religioso, Betanzos –conocido enemigo de Las Casas–, propone que los indios sean repartidos preferentemente en las encomiendas, y hasta se da tiempo para viajar a Roma, a fin de conseguir de la Santa Sede una declaración que diga que los indígenas "eran incapaces de la fe, lo cual justificaría su total sometimiento al español americano". (6) Más aun: presenta un memorial al Consejo de Indias donde dice "que los indios eran bestias, que habían pecado, que Dios los había condenado, y que debían perecer todos". (7) De estas últimas expresiones se retracta ante notario en su lecho de muerte, retractación que para el escritor Juan Friede, no es sino una póliza cómoda y barata, habitual en esa época para no ser condenados en el juicio final. Y finalmente, para que no falte una afirmación bastante cómica, es de anotar que el jesuita Paleotti, en voluminoso libro continente de sus sermones, afirma también que los indios están eternamente condenados por ¡descender del diablo y de una hija de Noé!

Otro religioso, el dominico Tomás Ortiz, envía al Consejo de Indias una larguísima diatriba contra los indios caribes, donde constan los dos pequeños párrafos que copiamos a continuación:

Los hombres de tierra firme de Indias comen carne humana, y son sodomíticos más que ninguna otra generación. Ninguna justicia hay entre ellos, andan desnudos, no tienen amor ni vergüenza, son como asnos, abobados, alocados, insensatos; no tienen en nada matarse ni matar…

Cuando más crecen se hacen peores; hasta los diez o doce años parecen que han de salir con alguna crianza; pero de allí en adelante se vuelven como brutos animales; en fin, digo que nunca crió Dios tan cocida gente en vicios y bestialidades, sin mezcla de bondad o cortesía. (8)

Además, no son capaces de doctrina, sus juicios son bajos y apocados, no tienen arte ni maña de hombres, no quieren mudar de costumbres ni de dioses, son cobardes como liebres, sucios como puercos, crueles, ladrones, mentirosos, haraganes, hechiceros, micrománticos y numerosos defectos y vicios más. Hasta se anota que no tienen barba… En fin, un verdadero padrón de deficiencias y perversiones.

Y todo esto, con una finalidad concreta: demostrar la inferioridad del indio y conseguir su esclavización como lógica consecuencia. Y por desgracia, el Consejo de Indias y el emperador, dan oídos a la cruel petición y esos indios son convertidos en esclavos. Sólo después de algunos años es derogada esa disposición.

También algunos cronistas defienden la tesis de la inferioridad del indio y el tácito derecho de conquista. Para esto acumulan e inventan taras, describen cuadros sombríos sobre su vida y ponen en duda su capacidad para ser libres. Sin comprender, o comprendiendo –que es peor– el grado de desarrollo de algunos pueblos de este continente, sus religiones son consideradas idolátricas y, por tanto, indignas de subsistir; varias costumbres son calificadas de pecaminosas e intolerables, sus formas de gobierno son dura e injustamente criticadas. El caso más frecuente es el que se refiere a las distintas formas de matrimonio aquí existentes, formas por las que han atravesado todos los pueblos hasta llegar a la monogamia, son perseguidas sin tregua por constituir pecado.

Nos vamos a referir brevemente solo a dos cronistas, Fernández de Oviedo y López de Gómara, por ser quizá, los ejemplos más notorios.

El primero, Fernández de Oviedo, sirve de fuente a Sepúlveda para su demostración de la inferioridad del indio. El cronista, en su Historia General y Natural de Indias, al igual que Ortiz, dice que son ociosos, mentirosos, crueles, inhumanos, sodomitas, de frágil memoria, inclinados al mal y con toda clase de vicios. Agrega que nada se puede esperar de ellos, porque tienen un cráneo tan grueso y duro que las espadas de los conquistadores se rompen cuando llegan a ellos…

Las Casas combate iracundo estas afirmaciones. Refiriéndose a la acusación de sodomía, por ejemplo, dice que acerca de "este asunto he hecho diligentísima pesquisa y he encontrado que el nefando vicio de sodomía entre los Indios o no se da absolutamente o es rarísimo", (9) añadiendo que ese "crimen" era castigado por las mujeres de la Isla Española, ya que la acusación de Fernández de Oviedo alude a sus habitantes. Dice que uno de los motivos para sus mentiras y difamaciones, es que, por tener el cargo de veedor, "era uno de los encargados de despojar a los indios y apoderarse del botín". (10)

López de Gómara, en su voluminosa Historia General de las Indias, entre pequeñas críticas a los abusos más notorios de los conquistadores, también desacredita y denigra a los pueblos americanos. No en vano, para justificar la conquista, recomienda la lectura de Sepúlveda.

Entre las varias acusaciones a los indígenas de América, únicamente citaremos esta, referente a los indios de la Isla Española:

Facilísimamente se juntan con las mujeres, y aun como cuervos o víboras, y peor; dejando aparte que son grandísimos sodomitas, holgazanes, mentirosos, ingratos, mudables y ruines. (11)

Las Casas también combate y desmiente a López de Gómara. Dice que excusa todas las maldades de Cortez –toda la segunda parte de su libro está dedicado a la conquista de México– por ser su sirviente y haber recibido sus favores. Afirma que su lenguaje infamatorio contra los pueblos americanos es el de los españoles que quieren justificar las violencias, robos y matanzas de la conquista.

Y esto es cierto. Este cronista es sin duda uno de los mayores defensores de la dominación de los indios y de la ocupación de sus tierras. "Ahora –dice refiriéndose a los mexicanos– son señores de lo que tienen con tanta libertad que les daña. Pagan tan pocos tributos, que viven descansados". (12) Hasta se atreve a decir que Dios les hizo merced en ser de los españoles.

Desde luego, así como hay sacerdotes que defienden a los indios, también hay cronistas que resaltan sus valores y condenan la violencia de los conquistadores. Cieza de León por ejemplo, si bien señala costumbres que son nocivas según su criterio, tiene el mérito de admirar el gobierno de los incas y mostrar sus adelantos, y, sobre todo, el mérito de dolerse por la destrucción de tantos "reinos" americanos y de condenar varias crueldades de los españoles. Es de citar así mismo al cronista jesuita José de Acosta. Dejando a un lado sus continuas referencias a la intervención del demonio en la vida indígena, se distingue por rebatir la tesis de inferioridad racial. En su Historia natural y moral de las Indias dice que uno de los fines para escribir sobre las costumbres y gobierno de los indios, es "deshacer la falsa opinión que comúnmente se tiene de ellos, como de gente bruta, y bestial y sin entendimiento o tan corto que apenas merece ese nombre", y que de este "engaño se sigue hacerles muchos y muy notables agravios, sirviéndose de ellos poco menos que de animales y despreciando cualquier género de respeto que se les tenga" (13). Afirma que tienen cosas dignas de admiración, y que "su capacidad para aprender, aventaja a muchas de nuestras repúblicas".

Más tarde, cuando ya nos habíamos librado del coloniaje e iniciado la vida independiente, el científico francés Alcides D’Orbigny, después de estudiar a la mayoría de los pueblos indios sudamericanos, después de criticar a los autores que hablan de la inferioridad del indio, dice esto:

El Americano no está privado de ninguna de las facultades de los otros pueblos; sólo le falta la oportunidad para desenvolverla. Cuando esas naciones sean libres, mostrarán mucha más facilidad en todo género de actividad intelectual, y si hoy algunas de ellas no son más que la sombra de lo que han sido, ello se debe solamente a su posición social actual. (14)

Pone en alto las facultades intelectuales de los pueblos que ha recorrido y estudiado. Elogia los adelantos alcanzados por algunos antes de la conquista. Y, como se ve, condena la explotación de que son víctimas, causa de su miserable situación.

Por desgracia, la falsa teoría de la inferioridad inventada para justificar la conquista como tenemos dicho, una vez terminada ésta y consolidada la colonia, se transforma en instrumento y justificación de la explotación, porque según su lógica, el inferior es apto sólo para la servidumbre y está condenado a servir al amo, al superior.

Y así, la explotación se prolonga largamente. De la colonia pasa a la república y perdura hasta nuestros días. Y por fuerza, junto a la explotación, subsiste la teoría de la inferioridad, que unas veces se manifiesta en forma socapada y en otras con todo descaro.

Mas a veces, la teoría espuria de la inferioridad, adquiere apariencias "científicas". Este es el caso, entre nosotros del escritor-terrateniente Emilio Bonifaz, autor de un libro titulado Los indígenas de altura del Ecuador, donde basándose en estudios extranjeros sobre todo –algunos de clara intención racista– pondera las deficiencias del bajo cuociente de inteligencia de los indios de nuestra serranía. Como remedio propone el mestizaje, que aporta nuevos genes, dice, genes superiores desde luego. Forma de mejoramiento racial concebible como dice Mariátegui en sus Siete Ensayos, sólo en la mente de un importador de carneros merinos.

Los explotadores del indio, empero, no solamente que lo discriminan como inferior, sino que se enfurecen y combaten con todas las armas a los que denuncian la explotación. Cuando nuestra literatura social empezó a reflejar la realidad de nuestro campo, se les erizaron los pelos a los latifundistas y a sus sirvientes. Recuérdese lo que sucedió con la novela Huasipungo de Jorge Icaza. Aparte de encontrarle peros literarios por todos los lados, se dijo que constituía una deshonra para el Ecuador, porque para ellos la deshonra y el pecado no era la miseria del indio, sino el hecho de que se la destapara y mostrara al mundo. La grita fue inmensa. Y hasta un arzobispo, según cuenta Icaza en una entrevista, prohibe la lectura de sus novelas y cuentos por ser dizque, ¡engendro del demonio!

Véase, entonces, las consecuencias y la persistencia de la mentirosa doctrina de la inferioridad del indio traída por los conquistadores.

Notas

1. Mejía Botero, William (comp.), Antología Histórica, Editorial Norma, Bogotá, s. f., pp. 25-26.

2. Idem., p. 39.

3. Lipschutz, Alejandro, El problema racial en la conquista de América, Siglo veintiuno editores, México, 1963, pp. 72, 75.

4. Grigulévich, J., La Iglesia católica y el movimiento de liberación en América Latina, Editorial Progreso, Moscú, 1984, p. 43.

5. Hanke, Lewis, Más polémica y un poco de verdad acerca de la lucha española por la justicia en la conquista de América, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1967, p. 42.

6. Friede, Juan, Bartolomé de las Casas: precursor del anticolonialismo, Siglo veintiuno editores, segunda edición, México, 1976, p. 295.

7. Hanke, Lewis, Bartolomé de las Casas, EUDEBA, Buenos Aires, 1968, p. 16.

8. López de Gómara, Historia General de las Indias, t. I, Talleres Gráficos Agustín Núñez, Barcelona, 1954, p. 365.

9.. De Las Casas, Bartolomé y de Sepúlveda, Juan Ginés, Apología, Editora Nacional, Madrid, 1975, p. 43.

10. Idem., p. 379.

11. López de Gómara, Historia General de las Indias, op. cit., t. I, p. 51.

12. Idem., t. II, p. 429.

13. De Acosta, José, Historia natural y moral de las Indias, Fondo de Cultura Económica, México, 1962, p. 280.

14. D’Orbigny, A., El hombre americano, Editorial Futuro, Buenos Aires, 1944, p. 117. (REGRESAR)

Los indios en la Conquista de América 

por Susana Sendra Ramos 

Este artículo pretende de modo sencillo acercarse a la realidad de los indios en uno de los momentos más importantes de la historia de la humanidad: el descubrimiento del Nuevo Mundo, que supone uno de los hitos de la Edad Moderna 


Introducción 

La conquista de América lleva consigo un tema trascendente como es el de la consideración de las personas que encontraron en la nueva tierra descubierta. ¿Eran aquellas personas iguales a los españoles en derechos y dignidad? Ésta era la pregunta que surgía en aquellos que llegaron al Nuevo Mundo en 1492. El llegar a tierras nuevas y encontrarse con personas jamás vistas les llevó a preguntarse si esos nativos eran como ellos mismos o si su dignidad era inferior… es ésta una cuestión fundamental porque radica en ella un problema importante: la dignidad de toda persona. 

En este artículo veremos, con la ayuda de los textos del momento, que nos harán acercarnos a los que pensaban los protagonistas de este periodo, cuál era la intención que había detrás de la conquista, la forma de valorar a los indígenas por parte de los reyes, consideraciones en cuanto al tratamiento de los indios y otros temas que nos pueden acercar a la realidad del descubrimiento desde el punto de vista de aquellas gentes que vivieron este momento de tal trascendencia para la historia. 

Misión en América 

La llegada de los españoles a tierras americanas, encabezados por Cristóbal Colón, supuso un choque cultural enorme; ya que los españoles encontraron culturas muy diferentes a la propia de su lugar de origen. Estos comportamientos de los nativos supusieron en los españoles un sentimiento de superioridad en muchos casos; no obstante, la misión que debían llevar a cabo con estos indígenas era clara: laevangelización; esta era una de las principales tareas para la que habían sido encomendados. Así aparece en la bula del Papa Alejandro VI: 

Y además os mandamos, en virtud de santa obediencia, que así como lo prometéis y mandamos, lo cumpliréis por vuestra gran devoción y regia magnanimidad, habréis de destinar a las tierras firmes e islas antedichas varones probos y temerosos de Dios, doctos instruidos y experimentados para adoctrinar a los indígenas y habitantes dichos en la fe católica e imponerlos en las buenas costumbres, poniendo toda la debida diligencia en todo lo antedicho [1]

Desde el comienzo de la conquista, la preocupación por los nativos era evidente; la reina Isabel la Católica, insiste a Colón acerca de la misión evangelizadora de esta expedición; por tanto, se preocupa porque estos nativos puedan llegar a la fe verdadera. 

Encontramos esta preocupación en algunos textos de los reyes, en los que se muestra el deseo de que los indios sean bien tratados. Por ejemplo, podemos analizarlo en un texto de instrucciones al comendador frey Nicolás de Ovando, gobernador de las Indias y Tierra Firme del mar Océano, para el buen tratamiento de los indios [2]

“otrosí, procuraréis como los indios sean bien tratados e puedan mandar siguramente por toda la tierra e ninguno los faga fuerza nin los roben, nin fagan otro mal nin dampno, poniendo para ello las penas que viéredes menester, e executándolas en las personas quen ella fueran culpantes, e faciendo sobre ellos los pregones e defendimientos nescesarios. 

…Item, direis de nuestra parte a los caciques e a los otros principales que Nos queremos que los indios sean bien tratados, como nuestros buenos súbditos e vasallos.” 

Vemos el deseo de que los indios reciban un trato lo más correcto posible y que sean respetados. Además, aparece el deseo de los reyes de castigar a todo aquel que pueda poner en peligro este buen trato. 

También el fragmento del codicilo de Isabel la Católica, escrito en 1504, muestra este deseo de la reina; cuya principal meta era que pudieran convertirse y encontrar la Sancta Fe católica los habitantes del Nuevo Mundo: 

Nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos fizo la dicha concession, de procurar inducir e traher los pueblos dellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concessión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, mui afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que ansí lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vezinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que seabien e justamente tratados. E si algún agravio han rescebido, lo remedien e provean, por manera que no se exceda en cosa alguna de lo que por las Letras Apostólicas de la dicha concessión nos es inyungido e mandado” [3]

Es también explícita una orden de Carlos V fechada en 1530: 

“ninguna persona sea osado de tomar en guerra ni fuera della ningún indio por esclavo, ni tenerle por tal con título que le hubo en la guerra justa, ni por rescate, ni por compra ni trueque, ni por otro título ni causa alguna, aunque sea de los indios que los mismos naturales de las dichas Indias” [4]

En el proceso de asimilación de América; que empieza a producirse a lo largo del XVI, se asimila la trascendencia del descubrimiento, se tiene el sentimiento de estar asistiendo a un “progreso del que los españoles son los principales protagonistas” [5]. Son los propios conquistadores y sus cronistas los que tienen la idea de que lo suyo no tiene parangón en la historia; como afirmaba orgulloso Díaz del Castillo, al hablar de la conquista de México: Mirad que los romanos no han hecho tal hazaña… [6]

En medio de todo este proceso, como añade Fernández Álvarez en el citado artículo, la mayor hazaña hispana consistió en admitir al nuevo hombre americano. Pues la pregunta se la habían hecho los contemporáneos. ¿El indio era un ser inferior, susceptible por tanto de esclavitud, o un ser libre, en paridad de derechos con el español? Esa sería la gran batalla intelectual librada por figuras como Las Casas o Vitoria, y en general por la llamada escuela de Salamanca. También aquí aparece el debate entre Las Casas y Sepúlveda; es decir, entre los defensores de la libertad del indio y los que, apoyándose en la tesis aristotélica, pedían su servidumbre; debate que más adelante comentaremos. A esta polémica no fue ajena la autoridad imperial. 

Carlos V apoyó en un principio a los conquistadores en sus pretensiones frente a los indios, ordenando a los maestros del Estudio de Salamanca que cesasen en sus críticas- ¡Que callen esos frailes! Pero poco después, quizás debido al desastre de Argel, reconsideró su actitud frente al fenómeno de la conquista de las Indias, de donde surgirían las célebres Leyes Nuevas de las Indias, de 1542, de tan alto significado moral para la época y aún para toda la posteridad. Por tanto, la asimilación no fue solo de las nuevas tierras descubiertas, sino además, y es algo mucho más importante, de lo que significaba el hombre que las habitaba. 

Testimonios que hablan de la situación: Bartolomé de las Casas 

En cambio, a pesar de las buenas intenciones de los reyes con respecto al trato que debían recibir los indios, existen testimonios que manifiestan otra realidad. Desde inicios de la conquista hubo algunas actuaciones que no hubieran sido aprobadas por los Reyes Católicos. Así, según cuenta Bartolomé de las Casas [7], un domingo de Adviento del año 1511 el padre Montesinos predicó, como todos los domingos, su homilía. En ella, el padre denunció todo lo que según él estaban haciendo los colonos en perjuicio de la población indígena. Como recoge de las Casas; ocurrió lo siguiente: 

Llegado el domingo y la hora de predicar, subió en el púlpito el susodicho padre fray Antón Montesinos (…) Esta voz, dijo él, que todos estáis en pecado mortal (…), por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tal cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos de sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir otro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios…? 

Estas críticas llegan a España por medio de los dominicos el padre Córdoba y Antonio Montesinos. Así que otra vez se encuentra el rey-regente frente a frente con un religioso revestido del hermoso y noble hábito blanco de los dominicos. [8]El rey Fernando, regente tras la muerte de su mujer en 1504, escucha a los frailes y entiende que no se está actuando bien en La Española. Como fruto de esta denuncia, se redacta el primer cuerpo legal extenso en la Península para proteger a los súbditos americanos: las Leyes de Burgos de 1512; a las que seguirán las Leyes de Valladolid de 1513. Con todas las leyes se crea un documento: el Requerimiento, creado por un jurista castellano, Don Juan de Palacios Rubio. Este texto autorizaba por mandato divino la conquista de las tierras y sometimiento de aquellos pueblos indígenas que se negaran a ser evangelizados. Bartolomé de las Casas se hace consciente de que el sistema de encomiendas genera injusticias entre los americanos. [9]

Bartolomé de las Casas, en su escrito más difundido: Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, realiza un detallado análisis de la situación que sufren los nativos de las Indias en cada una de las zonas más importantes; de este modo, hay un capítulo dedicado a las dos islas de Sant Juan y Jamaica, de la isla de Cuba, de la provincia de Nicaragua, de la Nueva España y Pánuco y Jalisco, de la provincia de Sancta Marta, etc. Como relata con toda crudeza los acontecimientos, muchos la han visto como una obra que promovió la leyenda negra contra la Madre Patria. [10] Este autor ha sido considerado poco fiable debido a lo que hemos señalado: su exageración a la hora de narrar la actuación de los españoles con los indios. 

Podemos atender a su descripción en un fragmento de su obra, en la que describe desde el momento de la llegada de los españoles: 

Descubriéronse las Indias en el año de mil y cuatrocientos y noventa y dos. Fuéronse a poblar el año siguiente de cristianos españoles, por manera que ha cuarenta y nueve años que fueron a ellas cantidad de españoles, y a la primera tierra donde entraron para hecho de poblar fue la grande y felicísima isla Española [11]

En este mismo fragmento podemos ver la actitud de Las Casas a la hora de referirse a los nativos: 

Todas estas universas e infinitas gentes a toto género [12]crió Dios las más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas, fidelísimas a sus señores naturales y a los cristianos a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas y quietas, sin rencillas ni bollicios, no rijosos, no querulosos, sin rancores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo [13]

En algunos casos parece que exagera en sus descripciones; de hecho, la imagen con la que Bartolomé de las Casas ha pasado a la historia es de exagerado con respecto a lo que ocurre en la realidad. Aunque ha sido criticado como historiográficamente poco fiable, en su obra muestra la gran estima que tenía por el hombre [14]. Se puede apreciar en el siguiente fragmento: 

Su comida es tal que la de los sanctos padres en el desierto no parece haber sido más estrecha ni menos deleitosa ni pobre [15]

Una vez descrita la forma de ser de estos indios nativos, expone el trato que recibieron de los españoles del siguiente modo: 

En estas ovejas mansas y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas, entraron los españoles desde luego que las conocieron como lobos y tigres y leones crudelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte, hasta hoy, y hoy en este día lo hacen, sino despedazallas, matallas, angustiallas, afligillas, atormentallas y destruillas por las entrañas (…) [16]

La consecuencia de la actuación de Bartolomé de las Casas, su insistencia a la hora de hablar con el monarca… va a dar un paso más en cuanto a la crítica de la colonización. Cuestiona la presencia española; ya que hace ver que se está perjudicando a los habitantes de las Indias. Como consecuencia, en la corte castellana surge “La duda indiana”; que es un proceso por el cual Carlos I se planteó si realmente tenía derecho a la conquista de las Indias. Se plantea la posibilidad de abandonar la colonización. En este tiempo se habla de cierta crisis de conciencia. Carlos V reúne a juristas en Valladolid; allí se acuerda que se puede seguir adelante aunque habría que cambiar las formas. Después de las controversias, la respuesta de Carlos V fueron las Leyes Nuevas de 1542. Con ellas se buscaba fundamentalmente limitar las encomiendas para evitar los abusos derivados de la práctica de estas. 

En esta controversia, destaca la figura de un gran jurista: Francisco de Vitoria, profesor de la Universidad de Salamanca. El corpus jurídico que constituyen sus obras fue el inspirador y promotor de un sistema justo de colonización de las tierras recién descubiertas en el Nuevo Mundo. [17]

Francisco de Vitoria se plantea el problema de los “Justos Títulos”, refiriéndose a los títulos que legitimarían la presencia de España en las Indias. Su argumento se basa principalmente en dos aspectos: por un lado, si España dejara el Nuevo Mundo, otros países se encargarían de entrar y gobernar. Por otro lado, desde el punto de vista cristiano, es ilícito para el rey de España abandonar a los que se han convertido al catolicismo: 

…Es claro que después que se han convertido allí muchos bárbaros, ni sería conveniente ni lícito al príncipe abandonar por completo la administración de aquellas provincias [18]

Naturaleza de los indios 

Desde el comienzo mismo de la conquista la opinión respecto a la naturaleza de los indios estuvo hondamente dividida; en particular sobre su capacidad para vivir según las costumbres de los españoles y para recibir la fe cristiana. “Al avanzar la colonización, el trato dado a los indios se convirtió en problema de primerísima importancia” [19]

Como describe Lewin Hanke, la mayoría de los españoles que estaban en las Indias durante el primer medio siglo de la conquista tendieron a ver a los indios, bien como “nobles salvajes” o bien como “perros cochinos”. [20] Fue Colón quien fundó la escuela del “noble salvaje”, tal y como puede verse en el diario del primer viaje, en el que hace referencia a gentes buenas, hermosas y amables que habitaban las ricas tierras: 

Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios ni negros ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que hallan, y de ellos se pintan las caras, y de ellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos sólo el nariz. Ellos no traen armas ni las conocen… [21]

Tal vez, como explica Lewis Hanke, esta postura de Colón cambió más adelante para convertirse en una postura más negativa acerca del indio; sobre todo ante la dificultad de gobierno en La Española. Prácticamente todo español con libertad de palabra en el siglo XVI abordó este tema de gran importancia; la controversia dura, y al parecer irreconciliable sobre la verdadera naturaleza de los indios.[22]

Principal controversia: Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda 

La principal controversia filosófico-jurídica del siglo XVI versó sobre este tema de la naturaleza de los indios. Esta controversia constituye el primer gran debate sobre los derechos humanos y sienta las bases de la práctica del derecho internacional [23] . En ella intervinieron Palacios Rubios, Francisco de Vitoria, Ginés de Sepúlveda [24] , Domingo de Soto, Vasco de Quiroga y Bartolomé [25] de las Casas [26] . Agosto de 1550 fue el mes en el que se abrió la Controversia de Valladolid; en medio de un momento difícil para Carlos V. [27]Esta controversia ocupó dos largos meses de debates; los participantes terminaron agotados. Así ocurrió después de los cinco días de lectura ininterrumpida por Las Casas de toda su “Apología”. El Democrates Alter de Sepúlveda, fue uno de los principales textos junto con el ya citado de Las Casas [28]

El debate entre los partidarios de la igualdad o de la desigualdad de indios y españoles llega a su apogeo y al mismo tiempo encuentra una encarnación concreta en la célebre controversia de Valladolid [29] .Como explica en la mencionada obra Jean Dumont; cada uno de los principales participantes del debate tenía un hándicap; por un lado, Bartolomé de las Casas contaba con un escaso conocimiento del latín, que en comparación con Ginés de Sepúlveda, le hacía quedar a un nivel inferior. Este poco dominio de la lengua latina le llevó además a algún problema de interpretación. Por otro lado, Ginés de Sepúlveda, contaba con el hándicap de que jamás había puesto los pies en América y carecía de los conocimientos de los indios en su ámbito propio. [30]

La teoría aristotélica sobre la esclavitud y la barbarie, seguida entre otros por Ginés de Sepúlveda, quien tradujo la obra Política de Aristóteles al latín, fue muy influyente en esta controversia. Aristóteles defiende la esclavitud como algo natural en el capítulo II del libro I de su obra mencionada: 

“hay esclavos y hombres libres que lo son por obra de la naturaleza; se puede sostener que esta distinción subsiste realmente siempre que es útil al uno el servir como esclavo y al otro el reinar como señor; se puede sostener, en fin, que es justa, y que cada uno debe, según las exigencias de la naturaleza, ejercer el poder o someterse a él.”[31]

Así Ginés de Sepúlveda se identifica con el paternalismo, y Las Casas con el antipaternalismo. Ginés de Sepúlveda fundamentará el paternalismo en la incapacidad natural de los indios para darse un gobierno propio, cosa que están llamados a asumir los españoles por tener un mayor nivel de civilización, señalando respecto de los indios: 

“Y la condición de estas últimas es tal que deben obedecer por su barbarie al imperio de los más civilizados y cultos por Derecho Natural” [32]

Sepúlveda habla de que los indios presentan un estado de retraso subsanable, mutable por la cultura que les aportarán los españoles y, en primer lugar, el cristianismo [33] . Sin embargo, De las Casas ve en expresiones como esa la irremisible bestialidad de los indios y la justificación de su opresión sin límites. 

Ambos pensadores discutieron acerca de diversos temas, de los que cada uno daba su opinión. Entre los temas que se abordaron, aparecen preguntas como: ¿Se justifica el sometimiento de los indios para “salvar a los numerosos inocentes que esos bárbaros inmolan?, ¿Pueden ser sometidos los indios para evitar que adoren a los demonios?, ¿La “condición natural” de los indios justifica que se les someta? [34] . Son estas algunas de las preguntas a las que dan respuesta cada uno de los miembros de la controversia; ambos apoyándose en doctrinas filosóficas y en autores de la tradición. No obstante, sería arduo para un trabajo de estas dimensiones analizar cada uno de las respuestas; por ello, nos limitamos a narrarlo brevemente. 

En cuanto al balance final de la controversia, que puede resultar de interés, cabe señalar que dependiendo de los distintos autores y estudiosos, existen diversas opiniones. Jean Dumont considera que Sepúlveda venció holgadamente en la controversia. [35] Señala que Las Casas fue menos convincente para los jueces; aunque en un principio parecía que quien resultaría victorioso de la controversia sería Las Casas, finalmente, a su juicio, así como de Lewis Hanke, quien señalaba en 1957 respecto a Las Casas “el fracaso de la controversia de Valladolid al no lograr el triunfo de sus ideas en forma pública y resonante” [36]

Resulta interesante lo que aseguran otros especialistas en Las Casas para añadirlo como colofón a este apartado. Así, Martínez Bulle Goyri escribe: ambas corrientes (la lascasiana y sepulvedana) son esencialmente cristianas y humanitarias (…) ambos contribuyen a la primitiva formulación de los derechos humanos. [37]

Conclusión 

Como conclusión a todo lo expuesto de modo sencillo, podemos extraer lo siguiente. 

En primer lugar, creo que mediante los textos vemos claramente cuál era la intención de los Reyes con respecto a los indios. En este sentido, como afirma María Saavedra [38]

El español demostró con su conducta que no le interesaba en absoluto arrancar del continente americano a su población nativa. ¿Para qué entonces crear escuelas, colegios y muy pronto Universidades? Recordemos la temprana fecha de fundación de la Universidad de Santo Domingo (1538), seguida muy pronto por las de Lima y México. O la de San Francisco Xavier de Chuquisaca, en Bolivia, creada en 1624. Pero la razón más importante es que la Corona impulsa la colonización americana con un objetivo prioritario: la evangelización de los indígenas. 

También se puede llegar a la conclusión de que el trato a los indios en algunos casos no fue tan bueno como les hubiera gustado a los Reyes, y que se produjeron algunas injusticias grandes; no obstante, hemos de señalar lo que ya hemos mencionado: Bartolomé de las Casas mostró una postura bastante radicalizada y la mayoría de los estudiosos coinciden en ello. 

Por otro lado, espero que haya quedado de manifiesto en el presente trabajo la idea de que la España del momento se jugó algo fundamental al tener en consideración la dignidad del hombre, hoy indudable. El plantearse la idea de si era justa la conquista, la posible idea de abandonarla… denota un grado de compromiso con el ser humano por parte de los monarcas españoles que difícilmente se hubiera dado en otros lugares. Los reyes muestran su concepción cristiana del hombre; de que todas las personas somos hijos de Dios. 

Susana Sendra Ramos 

Bibliografía 

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, Edición de André Saint-Lu, Cátedra, Madrid, 1993, p. 75 

BEUCHOT, M. Los Fundamentos de los Derechos Humanos en Bartolomé de las Casas, Anthropos, Barcelona, 1994, p.21 

CRISTÓBAL COLÓN, Diario de a bordo del primer viaje a las Indias; esta información aparece en el diario el jueves, 11 de octubre. Texto extraído de la web www.ideasapiens.com

DE AZCÁRÁTE, P. Aristóteles, Política, Libro I, Madrid, 1873 

DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 55 

FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Historia de las Indias, 1561 

FRANCISCO DE VITORIA, Sobre el poder civil. Sobre los indios. Sobre el derecho de la Guerra, Clásicos del Pensamiento, Madrid, 1998, p. IX 

M. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Cambios en España tras el descubrimiento, V Centenario del Tratado de Tordesillas, Junta de Castilla y León, 1994, p. 25 

Artículo F.FERNÁNDEZ BUEY La Controversia Entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas.Una Revisión. Boletín Americanista, 1992 

GARCÍA GALLO, A. Estudios de Historia del Derecho Indiano. Instituto Nacional de Estudios Jurídicos. Madrid, 1972, p.416 

LEWIS HANKE, La lucha por la justicia en la conquista de América, Colegio Universitario de Ediciones Istmo, Madrid, 1988, p. 96 

TZVETAN TODOROV, La Conquista de América: el problema del otro, Siglo Veintiuno Editores, México, 1987, pp. 163-164 

Notas 

[1] Este fragmento pertenece a la Segunda Bula “Inter Coetera” de Alejandro VI, que está fechada en el 4 de mayo de 1493. 

[2] Texto firmado por el Rey e la Reyna, fechado el 16 de septiembre de 1501 

[3] Testamento de la reina Isabel la Católica, Capítulo XII (Indios, su evangelización y buen tratamiento) este testamento fue hecho en la villa de Medina del Campo a doce de octubre de 1504. 

[4] Op. Cit, p. 173 

[5] M. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Cambios en España tras el descubrimiento, V Centenario del Tratado de Tordesillas, Junta de Castilla y León, 1994, p. 25 

[6] Op. Cit, p. 24 

[7] FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Historia de las Indias, 1561 

[8] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 55 

[9] La encomienda consistía en entregar un grupo de indígenas a un español para su “protección, educación y evangelización” a cambio de cobrar un tributo [...]para que os sirváis dellos conforme a las ordenanzas reales e con que dejéis, a los caciques, sus mujeres e hijos e indios de su servicio, e con que los dotrinéis e hagáis dotrinar en las cosas de nuestra santa fe católica, como Su Majestad lo tiene mandado[...] 

[10] BEUCHOT, M. Los Fundamentos de los Derechos Humanos en Bartolomé de las Casas, Anthropos, Barcelona, 1994, p.21 

[11] BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, Edición de André Saint-Lu, Cátedra, Madrid, 1993, p. 75 

[12] Se explica en nota al pie que así se llamaba al continente, y en especial la costa norte de América del Sur. 

[13] Op. Cit., pp. 75-76 

[14] BEUCHOT, M. Los Fundamentos de los Derechos Humanos en Bartolomé de las Casas, Anthropos, Barcelona, 1994, p. 135 

[15] Op. Cit., p. 76 

[16] Op. Cit., p. 77 

[17] FRANCISCO DE VITORIA, Sobre el poder civil. Sobre los indios. Sobre el derecho de la Guerra, Clásicos del Pensamiento, Madrid, 1998, p. IX 

[18] GARCÍA GALLO, A. Estudios de Historia del Derecho Indiano. Instituto Nacional de Estudios Jurídicos. Madrid, 1972, p.416 

[19] LEWIS HANKE, La lucha por la justicia en la conquista de América, Colegio Universitario de Ediciones Istmo, Madrid, 1988, p. 96 

[20] En nota al pie, el autor mencionado explica que el dominico Vicente Palentino de Curzola describe estos dos puntos de vista opuestos cuando dice que había “dos extremas: una que siendo los indios idólatras, bárbaros, locos, incapaces de razón, son siervos a natura y pueden ser despojados de sus bienes y libertad. Otra, que son racionales, mansos, piadosos, etc., y así por ningún título se les puede hacer guerra” 

[21] CRISTÓBAL COLÓN, Diario de a bordo del primer viaje a las Indias; esta información aparece en el diario el jueves, 11 de octubre. Texto extraído de la web www.ideasapiens.com

[22] LEWIS HANKE, La lucha por la justicia en la conquista de América, Colegio Universitario de Ediciones Istmo, Madrid, 1988, p. 96 

[23] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997 

[24] Sepúlveda era un hombre de origen humilde que llegó a ser un brillante humanista. Obtuvo los títulos de doctor en Humanidades, Filosofía y Teología y estudió a fondo el griego y el latín. Fue ordenado sacerdote tras ochos años de estudios superiores completos. Fue llamado a las academias donde se reunían los más grandes humanistas de Europa. DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 127-128 

[25] Fray Bartolomé de las Casas, tal y como lo define en Historia del descubrimiento y conquista de América J. HEINRICH CAMPE, F. FERNÁNDEZ VILLABRILLE: “Fray Bartolomé de las Casas, primero capellán, después religioso dominico y por último obispo de Chiapa. A este hombre piadoso debieron los indios grandes beneficios por lo que le amaban entrañablemente. Constituído en protector suyo, recorrió todas las Américas, nombrado en 1516 por el Cardenal Cisneros. Pasó cuatro veces a Alemania para verse con el emperador y cruzó diecisiete veces el océano para defender la causa de los indios, exponiéndose a persecuciones. Intervino en la formación del código de Indias. También se le atribuye la idea de establecer audiencias en América, donde los naturales pudiesen recurrir por abusos de sus señores”. 

[26] Artículo F.FERNÁNDEZ BUEY La Controversia Entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas. 

Una Revisión. Boletín Americanista, 1992 

[27] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 111 

[28] Op. Cit, p. 157-158 

[29] TZVETAN TODOROV, La Conquista de América: el problema del otro, Siglo Veintiuno Editores, México, 1987, pp. 163-164. 

[30] De estas ideas habla DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 111

[31] DE AZCÁRÁTE, P. Aristóteles, Política, Libro I, Madrid, 1873

[32] http://comunidad.microjuris.com/alamiro/2009/01/12/el-conflicto-entre-el-derecho-comun-y-el-derecho-natural-comentario-a-la-controversia-entre-gines-de-sepulveda-y-bartolome-de-las-casas/

[33] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 160

[34] Todas estas cuestiones junto con otras aparecen señaladas en la obra DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997

[35] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 212

[36] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 213

[37] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 213

[38] María Saavedra en una entrevista concedida a Minuto Digital; 30.01.2006

MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 1

Sobre la historia y el saber histórico. Extensión y naturaleza del saber histórico.

Ponsatti enseña que, el conocimiento de lo humano, según Toynbee tiene tres maneras diferentes de contemplar y presentar los fenómenos sociales de la vida humana. 

º La indagación y registro de Hechos que constituye la técnica de la historia. Esta se refiere a relaciones humanas sociales de tipo impersonal, que se mantienen mediante instituciones en el seno de una sociedad civilizada. Ahora bien, la cantidad de tipos relaciones humanas institucionales en las civilizaciones es relativamente pequeña, habida cuenta del corto número de sociedades de esta especie que en la historia han sido. De allí la dificultad de clasificar los hechos y formular leyes en las disciplinas históricas, empeño que ha sido abordado por la filosofía de la historia. 

º La enunciación, mediante un estudio comparativo de hechos establecidos, de leyes generales que, relativas al objeto de la ciencia antropológica, cual es el estudio de los fenómenos sociales en las colectividades primitivas, es decir de las relaciones humanas de tipo institucional en esas sociedades, cuyo elevado número permite el pensamiento de una masa importante de datos y la consiguiente formulación de leyes con un margen apreciable de certidumbre. 

º La recreación artística en forma de ficción, vía de conocimiento apto para abordar las relaciones personales que por su número e índole, no pueden registrarse exhaustivamente, sin son susceptibles de encuadrarse en leyes generales. De suerte que no resulta factible expresar los datos de un modo significativo, si no es de alguna manera que proporcionan una intuición de lo infinito de modo finito, tal manera es la ficción. 

Objeto sujeto y verdad en el conocimiento en el conocimiento histórico. 

La realidad histórica y su conocimiento son términos inseparables. El hombre está inmerso en la historia, y por ende, el conocimiento de que ella tiene es muy distinto del que adquiere mediante del que adquiere mediante las ciencias de la naturaleza. En el campo del saber histórico, el sujeto que conoce no se encuentra frente a un objeto exterior y ajeno “sino que el espíritu conoce vida espiritualizada, se conoce, en realidad a si mismo”. Esta posición del sujeto respecto del objeto de conocimiento, característico de la historia y de las demás ciencias de la cultura, determina un modo singular de aprehensión del segundo por el primero, la teoria consistente en que el devenir de la historia es concebida desde el punto de vista de los fines del hombre. Comprendemos la historia en cuanto nosotros mismos formamos parte de ella. 

Por otro lado la conciencia del pasado es constitutiva de la existencia histórica. Los individuos y las sociedades, mientras no cobren conciencia de su propio ser y de su pasado, no adquieren conciencia histórica. Así la verdad, a la cual tiende el saber histórico es radicalmente diverso de la verdad buscada por las ciencias de la naturaleza, y la objetividad del primero no es asimilable a la de las segundas. La verdad de la historia es, al igual que cualquiera otra, una conformidad del intelecto con la realidad, pero su demostración nunca puede considerarse definitiva. Y su objetividad se encuentra comprometida por la actitud crítica, que la naturaleza. 

La historia consiste en la reconstrucción hecha por los vivos, de la vida de los muertos, Nace pues del interés de aquellos por el pasado. La historia científica comienza como un esfuerzo riguroso para reconstruir los hechos tal como sucedieron, en pos de la pura realidad, y mediante el empleo de métodos y técnicas estrictos. En un segundo momento, la reflexión que enjuicia y valora el esfuerzo científico, adquiere una capital importancia. Así Nietzche observa que la reconstitución del pasado no es un fin en sí mismo, sino que estando inspirada en por un interés social, halla también su objetivo en un fin actual, se busca en la historia no una verdad especulativa, sino una verdad práctica, capaz de iluminar la acción presente y futura del hombre. 

Paralelamente, la crítica kantiana destaca que la historia no consiste en una reproducción lisa y llana del pasado, sino que el sujeto elabora, a partir del dato informe, un mundo inteligible. 

La historia no se ocupa de abstraer esencias de todo lo singular, sino de aquellos aspectos de lo singular que se considera importante. De allí que la dirección que asume la atención y la intención del historiador, derivada de su posición intelectual, adquiere un papel decisivo. Es, entonces, fundamental la manera en que tiene lugar la selección de aquellos datos que el historiador considera los suficientemente relevantes como para dirigir a ellos su atención. La crítica kantiana enseña al respecto que los acontecimientos que retiene el conocimiento histórico son los referidos a valores, es decir a centros de interés provenientes de una escala que concede a aquellos cierta categoría e importancia. Es decir que retenemos del pasado lo que nos interesa, con lo cual la selección histórica sólo tiene validez para los que aceptan el sistema de valores que sirve de referencia. Cada historiador formula sus preguntas y las elige a su propio arbitrio, lo que puede conducir al riesgo de un despiadado relativismo. Así Maritain enseña que tal relativismo solo puede superarse en la persona del sujeto que conoce: 

“Para el historiador es un requisito previo que posea una profunda filosofía del hombre, una cultura integral, una aguda apreciación de las diversas actividades del ser humano y de su comparativa importancia, una correcta escala de los valores morales, políticos, religiosos, técnicos y artísticos. El valor, quiero decir la verdad, de la labor histórica estaría en relación con la riqueza humana del historiador. Tal posición implica ausencia de subjetivismo. En la historia hay verdad. Y cada uno de los componentes de la disposición intelectual del historiador, posee su propia verdad específica. Pero la verdad de la historia es fáctica no racional, por consiguiente sólo puede ser sustanciada mediante signos, según el modo en que cada dato individual y existencial, haya sido considerado, y aún cuando en muchos aspectos pueda ser considerada conjetural pero con certeza, propiamente hablando no puede conocerse ni mediante la demostración ni puede comunicarse perfectamente convincente porque, en último análisis, la misma verdad de la la labor histórica envuelve toda la verdad que el historiador como hombre posee; presupone en el una verdadera sabiduría humana"

Historia y filosofía de la historia. 

El historiador utiliza los elementos propios de la filosofía de la historia para lograr una interpretación coherente de un fragmento del pasado. En cambio el filósofo de la historia ensaya una interpretación general del pasado. Para Raymon Aron “reducido a lo especial, la oposición me parece doble: por un lado depende de la amplitud del objeto, teniendo siempre el filósofo al conjunto y el sabio a un fragmento…..No pretende fijar la verdad de la evolución humana, sino simplemente la realidad del devenir”. La filosofía de la historia, en cambio, consiste en la interpretación del conjunto del pasado humano. Consta de dos etapas fundamentales; la constitución de conjuntos y la determinación del sentido. Ambos temas son correlativos, pues si el conjunto sólo es tal con relación al sentido, estas sólo adquieren relevancia con relación al conjunto. Para trazar la frontera entre la ciencia y la filosofía de la historia, resulta entonces, decisivo el problema de la determinación de los conjuntos que constituyen un campo inteligible de estudio. Los temas fundamentales de un estudio comparado de las sociedades que de pie a una filosofía de la historia, son aquellos relativos a la delimitación, definición y enumeración de los conjuntos, por una parte, y, por la otra, la determinación de los principios capaces de dotar de un sentido unitario al devenir histórico. 

Raymond Aron entiende que la formulación del objeto del estudio histórico requiere cuatro preguntas. 1.-Como han vivido los actores. 2.- Porque y como ha sucedido esto. 3.- Cuales son las unidades históricas. 4.- Cuales son los esquemas de cambio. Dicho de otra manera, hay que actuar de conformidad con la articulación de la realidad, descubrir, si existen, las grandes líneas del devenir al que se hallan sometidas tanto la humanidad en su conjunto como cada unidad histórica. 

Para el primer tema, hay que recurrir a un método dialéctico. Un individuo posee disposiciones congénitas y es una singularidad irrepetible. A su vez, comparte caracteres comunes con los demás individuos. Operan sobre los factores naturales e histórico-sociales, los que condicionan ya a veces determinan su conducta. Todos

Estos elementos se encuentran en una constante interacción recíproca. Abordar uno solo de ellos es reducir la conducta individual y lleva a interpretaciones erróneas. 

El segundo; la explicitación de los acontecimientos, nos conduce a analizar las tesis extremas que se han formulado al respecto. Por una parte, hay quienes afirman que en la historia campea irrestrictamente la libertad del hombre, que son las conductas individuales, en especial la de los grandes hombres, las que determinan absolutamente el curso de los acontecimientos. Quienes tratan de explicar los acontecimientos reduciéndolos a una sola causa determinante, llevará a lo étnico conducir al racismo, la dialéctica y la estructura económica al marxismo. Oportunamente se tratan los temas tercero y cuarto. 

El Objeto del saber histórico

El fin genérico del conocimiento es relatar y reconstruir lo que ha sido, lo que ha devenido. Así el devenir deja monumentos y documentos que analizados y estudiados por el historiador serán traídos a la actualidad luego de una rigurosa selección. El objeto puede ser descripto como una realidad que ha dejado de ser. Correlativamente, las conductas individuales no son comprensible aisladas de su medio histórico social. El conocimiento histórico, en consecuencia, no tiene por objeto una colección arbitrariamente compuesta de hechos aislados, sino conjuntos articulados, individuales. ¿Cuál será, pues ese conjunto que constituye una unidad? 

º Los acontecimientos, conjuntos de conductas humanas delimitadas en el tiempo y en el espacio, pensados con relativa nitidez pos sus actores.

º Las series, conjuntos de acontecimientos vinculados entre sí, también delimitados en el espacio, pero de mas difícil intelección que los meros acontecimientos. 

º Los seres sociales, integrados por individuos, pero irreducibles a la suma de ellos. No son una realidad biológica ni físico-química. Pero tampoco una abstracción. Las sociedades son seres relacionales, de segundo grado, unidades de orden. Su realidad se sitúa a tres niveles; vínculos objetivos comunes, conciencia ellos en los individuos, voluntad de pertenencia al grupo por parte de éstos. 

º Las instituciones sociales, políticas, económicas, religiosas, culturales, conjuntas de conductas y creencias de los cuales se componen las sociedades, son pensadas con la ayuda de conceptos, distinguiendo, según sus características comunes y relaciones recíprocas, regímenes típicos.

º La historia, como un conjunto integrado y global, objeto extraño a las ciencias sociales particulares, que se contentan con analizar y comparar los conjuntos parciales en sus distintos sectores. 

Que es la historia. (siguiendo al Autor. E.H.CARR.)

Para este escritor, la historiografía ha determinado en el siglo XIX, que al historiador no le hacía falta tener ideas. Su misión era proveerse de una buena técnica de prospección de datos, convertirse en un excelente conocedor delas fuentes; bibliográficas y documentales, y proceder a la recopilación de hechos históricos. Las teorías de la historia, en este sentido, han venido tradicionalmente de los filósofos (Hegel y Marx), por ejemplo. A lo largo del siglo XX, la historia se ha ido afianzando como una ciencia social, al lado de la sociología, la economía y l antropología. En la actualidad, la tarea de investigación, y consecuentemente la reflexión sobre el objeto de esta tarea, sobre los métodos y las finalidades de la misma son llevadas a cabo por el historiador. 

Carr explica que el historiador no es un meramente un consignador de datos factuales, sino que sale al encuentro de éstos, los demanda. El sujeto y el objeto de la investigación histórica no están para Carr de ningún modo divorciados, al contrario, mantienen una continua interacción. La necesidad de fijar estos datos básicos no se apoya en ninguna cualidad de los hechos mismos, sino en una decisión que formula el historiador a priori. 

La categoría de hecho histórico no está dada de por si. Es el historiador, el sujeto que investiga es quien decide, merced a la ordenación y selección, que hechos poseen relevancia histórica. La historia no es un producto subjetivo de su mente, sino que es un proceso continuo de interacción entre el historiador y sus hechos, un diálogo sin fin entre el presente y el pasado. En este diálogo el historiador aparece como un producto de la sociedad en que vive, y en último término, de la historia. Decir que el historiador no es un individuo abstracto, sino concreto, producto de unas circunstancias históricas y sociales, equivale a sostener que la historia no está hecha por individuos, sino por la sociedad entera. Estas anónimas multitudes que desfilan por la historia constituyen una fuerza social cuya acción es el objeto de la investigación histórica. La historia, para Carr, es el proceso de la investigación en el pasado del hombre, y jamás ha de ser considerada como “biografía de grandes hombres”. 

En la tarea del historiador no hay absolutos de ninguna clase, como no sean los del propio devenir, los del cambio. Los de algo que siempre aparece como incompleto, y que solo toma forma desde el pasado hacia el futuro. Del mismo modo que no hay verdad absoluta, tampoco hay leyes en la historia como se pesaba en el siglo XIX. El carácter inmutable y universal de la ley ha sido abandonado como meta por el historiador contemporáneo, el cual, infinitamente mas modesto, pero mucho mas operativo, se contenta con la investigación de “como funcionan las cosas”. 

El contenido práctico de absolutos hipotéticos como la igualdad, la libertad, la justicia o el derecho natural, varía de un período para otro, de un continente para el otro. Cada grupo tiene sus valores que está arraigados en la historia. Cada grupo se protege a si mismo contra la irrupción de valores extraños e inoportunos que moteja con epítetos envilecedores. El historiador serio es aquel que reconoce el carácter históricamente condicionado de todos los valores, y no quien reclama para sus propios valores una objetividad más allá del alcance de la historia. La concepción que el historiador tiene de la historia refleja, pues, la concepción que tiene de la sociedad. “una sociedad que ha perdido la fe en su capacidad de progresar en el futuro, dejará de pronto de ocuparse de su propio progreso en el pasado”. 

La historia es la ciencia que tiene como objeto de estudio el pasado de la humanidad y como método, el propio de las ciencias sociales. Se denomina también "historia" al periodo que trans curre desde la aparición de la escritura hasta la actualidad.

Más allá de las acepciones propias de la ciencia histórica, "historia", en el lenguaje usual, es la narración de cualquier suceso, incluso de sucesos imaginarios y de mentiras; sea su propósito el engaño, el placer estético o cualquier otro (ficción histórica). Por el contrario, el propósito de la ciencia histórica es averiguar los hechos y procesos que ocurrieron y se desarrollaron en el pasado e interpretarlos ateniéndose a criterios de objetividad; aunque la posibilidad de cumplimiento de tales propósitos y el grado en que sean posibles son en sí mismos objetos de debate.

En medicina se utiliza el concepto de historia clínica para el registro de datos sanitarios significativos de un paciente, que se remontan hasta su nacimiento o incluso a su herencia genética.

A su vez, llamamos "historia" al pasado mismo, e, incluso, puede hablarse de una "historia natural" en que la humanidad no estaba presente (término clásico ya en desuso, que se utilizaba para referirse no solo a la geología y la paleontología sino también a muchas otras ciencias naturales –las fronteras entre el campo al que se refiere este término y el de la prehistoria y la arqueología son imprecisas, a través de la paleo-antropología–, y que se pretende actualizar como "gran historia" o "historia profunda").

Ese uso del término "historia" lo hace equivalente a "cambio en el tiempo". En ese sentido se contrapone al concepto de filosofía, equivalente a esencia o permanencia (lo que permite hablar de una filosofía natural en textos clásicos y en la actualidad, sobre todo en medios académicos anglosajones, como equivalente a la física). Para cualquier campo del conocimiento, se puede tener una perspectiva histórica –el cambio–– o bien filosófica –su esencia–. De hecho, puede hacerse eso para la historia misma (véase tiempo histórico) y para el tiempo mismo (véase Historia del tiempo de Stephen Hawking, libro de divulgación sobre cosmología).

Historia como ciencia 

Dentro de la popular división entre ciencias y letras o humanidades, se tiende a clasificar a la historia entre las disciplinas humanísticas junto con otras ciencias sociales (también denominadas ciencias humanas); o incluso se le llega a considerar como un puente entre ambos campos, al incorporar la metodología de estas a aquellas. La ambigüedad de esa división del conocimiento humano, y el cuestionamiento de su conveniencia, ha llevado al llamado debate de las dos culturas.

No todos los historiadores aceptan la identificación de la historia con una ciencia social, al considerarla una reducción en sus métodos y objetivos, comparables con los del arte si se basan en la imaginación (postura adoptada en mayor o menor medida por Hugh Trevor-Roper, John Lukacs, Donald Creighton, Gertrude Himmelfarb o Gerhard Ritter). Los partidarios de su condición científica son la mayor parte de los historiadores de la segunda mitad del siglo XX y del siglo XXI (incluyendo, de entre los muchos que han explicitado sus preocupaciones metodológicas, a Fernand Braudel, E. H. Carr, Fritz Fischer, Emmanuel Le Roy Ladurie,Hans-Ulrich Wehler, Bruce Trigger, Marc Bloch, Karl Dietrich Bracher, Peter Gay, Robert Fogel, Lucien Febvre, Lawrence Stone, E. P. Thompson, Eric Hobsbawm, Carlo Cipolla, Jaume Vicens Vives, Manuel Tuñón de Lara o Julio Caro Baroja). Buena parte de ellos, desde una perspectiva multidisciplinar (Braudel combinaba historia con geografía, Bracher con ciencia política, Fogel con economía, Gay con psicología, Trigger con arqueología), mientras los demás citados lo hacían a su vez con las anteriores y con otras, como la sociología y la antropología. Esto no quiere decir que entre ellos hayan alcanzado una posición común sobre las consecuencias metodológicas de la aspiración de la historia al rigor científico, ni mucho menos que propongan un determinismo que (al menos desde la revolución einsteniana de comienzos del siglo XX) no proponen ni las llamadas ciencias duras. Por su parte, los historiadores menos proclives a considerar científica su actividad tampoco defienden un relativismo estricto que imposibilitaría de forma total el conocimiento de la historia y su transmisión; y de hecho de un modo general aceptan y se someten a los mecanismos institucionales, académicos y de práctica científica existentes en historia y comparables a los de otras ciencias (ética de la investigación, publicación científica, revisión por pares, debate y consenso científico, etc.).

La utilización que hace la historia de otras disciplinas como instrumentos para obtener, procesar e interpretar datos del pasado permite hablar de ciencias auxiliares de la historia de metodología muy diferente, cuya subordinación o autonomía depende de los fines a los que estas mismas se apliquen.

Historia como disciplina académica 

El registro de anales y crónicas fue en muchas civilizaciones un oficio ligado a un cargo institucional público, controlado por el estado.Sima Qian (denominado padre de la Historia en la cultura china) inauguró en esa civilización los registros históricos oficiales burocratizados (siglo II a. C.). La crítica del musulmán Ibn Jaldún (Muqaddima -Prolegómenos a la Historia Universal-, 1377) a la manera tradicional de hacer historia no tuvo consecuencias inmediatas, siendo considerado un precedente de la renovación de la metodología de la historia y de la filosofía de la historia que no se inició hasta el siglo XIX, fruto de la evolución de la historiografía en Europa Occidental. Entre tanto, los cronistas oficiales castellanos y de Indias dieron paso en la España ilustrada del siglo XVIII a la fundación de la Real Academia de la Historia; instituciones similares existen en otros países. En especial la agregación de historia presente en los lycées franceses desde 1830 adquirió con el tiempo un prestigio social incomparable con los cargos similares en otros sistemas educativos y que caracterizó el elitismo de la escuela laica republicana hasta finales del siglo XX.

A ese proceso de institucionalización, siguió la especialización y subdivisión de la disciplina con diferentes sesgos temporales (de cuestionable aplicación fuera de la civilización occidental: historia antigua, medieval, moderna, contemporánea -estas dos últimas, habituales en la historiografía francesa o española, no suelen subdividirse en la historiografía anglosajona: en:modern era-), espaciales (historia nacional, regional, local, continental -de África, de Asia, de América, de Europa, de Oceanía-), temáticos (historia política, militar,de las instituciones, económica y social, de los movimientos sociales y de los movimientos políticos, de las civilizaciones, de las mujeres,de la vida cotidiana, de las mentalidades, de las ideas, cultural), historias sectoriales ligadas a otras disciplinas (historia del arte, de la música, de las religiones, del derecho, de la ciencia, de la medicina, de la economía, de la ciencia política, de las doctrinas políticas, de la tecnología), o centrada en cualquier tipo de cuestión particular (historia de la electricidad, de la democracia, de la Iglesia, de los sindicatos, de los sistemas operativos, de las formas -literarias de la Biblia-, etc). Ante la atomización del campo de estudio, también se han realizado distintas propuestas que consideran la necesidad de superar esas subdivisiones con la búsqueda de una perspectiva holística (historia de las civilizaciones e historia total) o su enfoque inverso (microhistoria).

Historia como escritura 

El escriba sentado (Saqqara III milenio a. C. -IV o V dinastía de Egipto-). Representa a un funcionario en actitud de comenzar a escribir, o sea, a registrar un hecho o una interpretación más o menos interesada de hechos seleccionados -económicos, militares, legislativos, religiosos-; una función de consencuencias trascendentales: sirve tanto para el ejercicio y la justificación del poder en su presente como para la preservación de la memoria histórica hacia la posteridad.

La identificación del concepto de historia con la narración escrita del pasado produce, por un lado, su confusión con el término historiografía (historia se llama a la vez al objeto estudiado, a la ciencia que lo estudia y al documento resultado de ese estudio); y por otro justifica el empleo del término prehistoria para el período anterior a la aparición de la escritura, reservándose el nombre historia para el periodo posterior.

Según ese uso restrictivo, la mayor parte de la humanidad queda fuera de la historia, no tanto porque no accede personalmente a la lectura y la escritura (el analfabetismo fue la condición común de la inmensa mayoría de la población, incluso para las clases dominantes, hasta la imprenta), sino porque los reflejados en el discurso histórico han sido siempre muy pocos, y grupos enteros quedan invisibilizados (las clases bajas, las mujeres, los discrepantes que no pueden acceder al registro escrito), con lo que ha sido objeto de preocupación de algunos historiadores la reconstrucción de la visión de los vencidos y la historia desde abajo.

Lo mismo ocurre con gran número de pueblos y culturas (las consideradas como culturas primitivas, en una terminología ya desfasada de la antropología clásica) que no tienen historia. El tópico los idealiza al considerar que son pueblos felices. Entran en ella cuando se produce su contacto, habitualmente destructivo (aculturación), con civilizaciones (sociedades complejas, con escritura). Incluso en ese momento no son propiamente objeto de la historia sino de la protohistoria (historia realizada a partir de las fuentes escritas producidas por los que generalmente son sus pueblos colonizadores por los historiadores y los antropólogos ideológicamente tengan tendencia etnocentrista (eurocentrista, sinocentrista o indigenista) o, de forma opuesta, multiculturalista o relativista cultural, existe la posibilidad de obtener o reconstruir un relato fiable de los acontecimientos que afectan a un grupo humano utilizando otras metodologías: fuentes arqueológicas (cultura material) o historia oral. En buena parte, esta diferencia es artificial, y no necesariamente novedosa: el mismo Heródoto no puede sino usar ese tipo de fuentes documentales cuando redacta la que se

considera la primera Historia, o al menos acuña el término, en la Grecia del siglo V a. C. para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones de los hombres y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido; da también razón del conflicto que puso a estos dos pueblos en la lid. Así comienza su obra titulada Ἱστορίαι (léase históriai, literalmente "investigaciones", "exploraciones", latinizado Historiae -"Historias", en plural-), seminal para la ciencia histórica, y que suele denominarse en castellano Los nueve libros de historia. La lid citada son las guerras médicas y los bárbaros, persas. 

Historia, historiografía e historiología 

En el estudio de la historia conviene diferenciar tres conceptos a veces usados laxamente y que pueden llegar a ser confundidos entre sí:

La historiografía es el conjunto de técnicas y métodos propuestos para describir los hechos históricos acontecidos y registrados. La correcta praxis de la historiografía requiere el empleo correcto del método histórico y el sometimiento a los requerimientos típicos del método científico. También se denomina historiografía a la producción literaria de los historiadores, y a las escuelas, agrupaciones o tendencias de los historiadores mismos.

La historiología o «teoría de la historia» es el conjunto de explicaciones, métodos y teorías sobre cómo, por qué y en qué medida se dan cierto tipo de hechos históricos y tendencias sociopolíticas en determinados lugares y no en otros. El término fue introducido por José Ortega y Gasset y el DRAE lo define como el estudio de la estructura, leyes y condiciones de la realidad histórica.

La historia como conjunto de hechos realmente acontecidos en el pasado de la humanidad; aunque muy frecuentemente se entiendan restrictivamente como hechos históricos únicamente a los acontecimientos trascendentes, los que tienen un alcance lo suficientemente amplio como para ser útiles para la comprensión de hechos posteriores, o al menos los que son interpretados así desde la perspectiva del historiador que los destaca o considera dignos de recuerdo (memoria histórica). La selección de esos hechos es cuestión de debate, pues cada una de las interpretaciones de la historia pone el protagonismo de la historia (sujeto histórico) en uno u otro lugar, lo que determina qué datos considerar hechos relevantes. Los partidarios de una historia política, militar, cultural, o de las instituciones no coincidirán con los partidarios de una historia económica y social; oposición expresada en los términos marxistas de superestructura y estructura o el unamuniano de intrahistoria.

Es imposible ignorar la polisemia y la superposición de estos tres términos, pero simplificando al máximo: la historia son los hechos del pasado; la historiografía es la ciencia de la historia; y la historiología es la epistemología o teoría de la historia.

Historia Constitucional Argentina. Metodología

Concepto de historia: Es la recreación intelectual del pasado humano, mediante la búsqueda de los hechos realizada sobre la base de testimonios y la exposición congruente de sus resultados.- Contenido: A la historia solo le interesan los hechos del hombre; le son indiferentes los fenómenos de la naturaleza. Tan solo se ocupa de estos cuando de alguna manera han modificado, impulsado, detenido o de cualquier forma motivado una acción humana.- Importancia y utilidad de esta disciplina: La función de la historia es suministrar a la conciencia del hombre de hoy una abundancia de materiales sobre los cuales ejercer su juicio y su voluntad, su fecundidad reside en esta extensión prácticamente indefinida que ella realiza de nuestra experiencia, de nuestro conocimiento del hombre. Es esta su grandeza su utilidad. También apoya a las ciencias sociales en el estudio de los fenómenos sociales en su dinámica a través del tiempo dándonos la posibilidad de advertir como se producen las transformaciones sociales, como se suceden las instituciones y cuales han sido los sistemas de derecho vigentes. Es un instrumento cultural en varios sentidos. Es un instrumento de solidaridad que ayuda a comprender y valorar la existencia de otras sociedades. Es un instrumento de educación moral, al ofrecer ejemplos de hombres dignos, humanos y con defectos y virtudes semejantes a los que viven el presente.- 

La historia constitucional presenta dos campos; uno que pertenece al estudio de los antecedentes y la génesis de la constitución, el otro, encarnando la ley positiva, o sea la vigente en el Estado. A su vez, al tomar los antecedentes se pueden contar, el estudio histórico de los precedentes constitucionales, la organización constitucional a través de la historia, o también, como historia de las instituciones políticas. En una acepción restringida, la historia constitucional estudia la génesis de la constitución desde el surgimiento del derecho criollo con la Revolución de Mayo, hasta la sanción de la Carta Magna de 1853 con las modificaciones de 1860, para obtener así una Federación con la incorporación de Buenos Aires. En una acepción amplia, además de lo expresado como criterio reducido, deberían agregarse las sucesivas reformas constitucionales llegando incluso hasta la de 1994. 

Metodología Historica: El método es la búsqueda de los medios adecuados para hacer con orden una cosa, este no es el mismo para todas las ciencias, el de la historia se aplica en buena medida al derecho y a las ciencias sociales. La investigación se realiza a través de tres etapas: La heurística, que corresponde a la búsqueda de noticias o testimonios sobre los hechos humanos del pasado; aquí se destacan los monumentos y documentos como testimonios de la historia. 

La crítica, donde se analizan confrontan y valoran estos testimonios, y el ordenamiento y la exposición, que son la adecuada ordenación de esos materiales y la presentación de sus resultados. La heurística: Consiste en la búsqueda de noticias sobre el hecho o los hechos objeto de su investigación. Corresponde primero efectuar una compulsa bibliográfica, es decir informarse acerca de lo que otros han escrito sobre el tema, de inmediato se impone la búsqueda de huellas o vestigios dejados por los hechos humanos investigados. A tal fin se debe recurrir a las fuentes utilizadas por los anteriores autores que se han ocupado del tema buscando nuevos datos omitidos en la obra utilizada. Finalmente se acudirá a los repositorios de testimonios (archivos y museos), donde se podrán examinar los documentos originales, editados en un NUEVO DERECHO pensando, proponiendo y preparando una nueva facultad inéditos, ya que el hallazgo de testimonios desconocidos por la historiografía constituye uno de los aspectos mas emotivos en la apasionante tarea de investigación histórica.-

La crítica: Autenticidad y veracidad. Enfrentado en investigador a un testimonio hay que determinar si es auténtico recurriendo si es necesario a ciencias auxiliares, peritajes químicos y caligráficos, etc. Es lo que se denomina crítica externa o de autenticidad, queda por conocer el grado de veracidad de las afirmaciones contenidas en el mismo. Sobre estas hipótesis debe girar la agudeza del historiador para descubrir los móviles del autor del documento y las circunstancias. 

Siendo la tarea de la historia la reconstrucción del pasado, en base a los testimonios recogidos, sometidos a la sana crítica, corresponde luego la interpretación de los datos, ya que una parte comprende la investigación y otra la comprensión. Aunque es difícil tomar una posición neutral, la labor del historiador debe hacerse con criterio riguroso y científico, esto es, con la mayor objetividad posible, sin dejarse llevar por prejuicios, conceptualizaciones a priori, o trabajar en un espacio y tiempo diferentes al sometido a estudio. Finalmente, se debe llegar a la reconstrucción -mediante el relato y la narración- del mundo pretérito. Para algunos autores, el historiador debería aportar nuevos enfoques, o sumar nuevos aspectos, además de los ya conocidos anteriormente. 

La idea del progreso. Una idea distintiva de la cultura occidental.

La idea del progreso es considerada como uno de los pilares de la visión histórica occidental. Su origen y evolución han sido temas de amplio debate. Según Robert Nisbet, uno de los más destacados estudiosos del tema: “… la idea de progreso es característica del mundo occidental. Otras civilizaciones más antiguas han conocido sin duda los ideales de perfeccionamiento moral, espiritual y material, así como la búsqueda, en mayor o menor grado, de la virtud, la espiritualidad y la salvación. Pero sólo en la civilización occidental existe explícitamente la idea de que toda la historia puede concebirse como el avance de la humanidad en su lucha por perfeccionarse, paso a paso, a través de fuerzas inmanentes, hasta alcanzar en un futuro remoto una condición cercana a la perfección para todos los hombres.” Otro de los mayores estudiosos de la materia, J. B. Bury, dijo en su obra clásica sobre la idea del progreso lo siguiente: “Podemos creer o no creer en la doctrina del progreso, pero en cualquier caso no deja de ser interesante estudiar los orígenes y trazar la historia de lo que es hoy por hoy la idea que inspira y domina la civilización occidental.” El desarrollo de la idea del progreso ha conocido diversas fases. Sus primeros antecedentes se encuentran en las tradiciones griegas y judías que darán luego origen a la síntesis cristiana, sobre la cual se edifica toda la cultura occidental posterior. Sin embargo, no será hasta la irrupción de la modernidad que la idea del progreso cobra una presencia decisiva en el imaginario occidental y se transforma en la base de una concepción marcadamente optimista de la historia entendida como superación constante del ser humano y acercamiento a formas de vida social cada vez más plenas. Como expresa Arendt : “la noción de que existe algo semejante a un Progreso de la humanidad como conjunto y que el mismo forma la ley que rige todos los procesos de la especie humana fue desconocida con anterioridad al siglo XVIII”. 

La Historia como historia de la lucha de clases. 

El materialismo histórico es la ciencia marxista de la historia, y supone la afirmación del hombre como protagonista de la Historia. Consiste en la afirmación de dos ideas: Las relaciones que el hombre establece con la naturaleza y con los demás hombres son relaciones materiales; es decir, los hombres " arrancan " a la naturaleza sus bienes (del fondo de la mina, el hierro; de los campos, el trigo, etc.) Y luego, los hombres producen e intercambian bienes materiales para poder satisfacer sus necesidades materiales (comer, beber, vivienda, etc.) A esto le llama Marx la producción social de la vida. Estas relaciones son las que dan origen, en última instancia a la ideología y a la estructura jurídico-política del Estado. Por lo tanto, se trata de un materialismo dialéctico e histórico. El materialismo marxista consiste en la afirmación de que la producción, distribución, intercambio y consumo de bienes, son la raíz de que los hombres tengan y desarrollen esta o aquella mentalidad, y elaboren estas o aquellas leyes, y se dé este o aquel modo de gobernar la sociedad. El materialismo histórico marxista es: Una interpretación de la historia a través de la materia: la materia a través de un proceso dialéctico, va haciendo la historia. Esa " materia " es " el sistema de producción de los bienes materiales "; o " las relaciones económicas de producción ". Materialismo histórico, por tanto, significa que lo que condiciona la historia humana son las relaciones económicas de producción, ya que el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual. El materialismo es una teoría científica sobre la formación y desarrollo de la sociedad: todo el desarrollo de la sociedad se explica desde lo económico, desde la producción de los bienes materiales. La base de todo orden social es la producción, y desde esta se explica toda la historia: Producción es la actividad por la que se crean bienes materiales para poder vivir. Factores de producción son los factores que intervienen en la producción: 

1.- Proceso de trabajo es aquel mediante el cual se transforma un objeto en un producto útil. Consta de: 

* El objeto sobre el que se trabaja. (la materia prima o bruta) 
* Los medios de trabajo. (las herramientas) 
* La fuerza de trabajo: La energía humana empleada. 

2.- Relaciones sociales de producción son las relaciones que se establecen entre los propietarios de los medios de producción y los trabajadores. Son relaciones: 

* Conflictivas: explotador - explotado (amo - esclavo; capitalista - obrero). Son de explotación porque el trabajador vende su fuerza de trabajo al precio y condiciones que establezca el dueño de los medios de producción. 
* Antagónicas: porque unos defienden la propiedad de los medios de producción como algo exclusivo y otros defienden esos medios como algo colectivo. 

Infraestructura económica es el conjunto de relaciones de producción. Se llama sistema económico al proceso económico global de producción, distribución, intercambio y consumo. 

Superestructura es el conjunto de ideas, creencias, instituciones, normas.... que configuran la conciencia social. Son: 

* Jurídico - políticas: instituciones y normas que reglamentan el conjunto de la sociedad. 
* Ideológicas: Conjunto de ideas, creencias, costumbres. que configuran la conciencia social; por ejemplo la Religión, la Filosofía.... 

Modos de producción es la manera como se producen los bienes materiales según las diversas sociedades: 

*Primitiva: propiedad colectiva de los bienes. 
*Esclavista: dominio y sometimiento; el esclavo es instrumento del amo. 
*Feudal: El señor es dueño de las tierras. 
*Capitalista: El capitalista, propietario de los medios de producción y de la fuerza del trabajo del trabajador. 
*Socialista: Propiedad colectiva de los medios de producción. 

Por tanto, el materialismo histórico afirma que la producción de bienes materiales, el sistema de producción concreto, es lo que condiciona toda la historia de la humanidad, que es concebida por Marx como un proceso de maduración de la especie humana para producir medios con los que satisfacer las necesidades. Pero Marx, afirma, lo mismo que Hegel, que la dialéctica es el motor de la historia, concibe la historia animada por la presencia de la contradicción en el seno de la realidad, es decir, de la materia, de lo económico. Por consiguiente, las contradicciones históricas son las que tienen lugar en el nivel de la estructura económica: en las relaciones entre los propietarios de los medios de producción y las fuerzas productivas. Estas contradicciones se manifiestan en la lucha de clases. Las contradicciones entre las fuerzas productivas y los propietarios de los medios de producción son contradicciones entre seres humanos que protagonizan esas relaciones. Las contradicciones a nivel humano son producidas por la distinta posición de unos con otros en el proceso productivo. La supresión de esos contrarios sólo se puede dar a través de la lucha, porque la dialéctica implica supresión de unos de los contrarios. Con esa lucha de clases se camina hacia la sociedad sin clases.

El Positivismo.

Consiste en no admitir como válidos científicamente otros conocimientos, sino los que proceden de la experiencia, rechazando, por tanto, toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto. El hecho es la única realidad científica, y la experiencia y la inducción, los métodos exclusivos de la ciencia. Por su lado negativo, el positivismo es negación de todo ideal, de los principios absolutos y necesarios de la razón, es decir, de la metafísica. El positivismo es una mutilación de la inteligencia humana, que hace posible, no sólo, la metafísica, sino la ciencia misma. Esta, sin los principios ideales, queda reducida a una nomenclatura de hechos, y la ciencia es una colección de experiencias, sino la idea general, la ley que interpreta la experiencia y la traspasa. Considerado como sistema religioso, el positivismo es el culto de la humanidad como ser total y simple o singular.

.La Ley de los tres Estados.

Según Comte, los conocimientos pasan por tres estados teóricos distintos, tanto en el individuo como en la especie humana. La ley de los tres estados, fundamento de la filosofía positiva, es, a la vez, una teoría del conocimiento y una filosofía de la historia. Estos tres estados se llaman: Teológico. Metafísico. Positivo.

Estado Teológico:Es ficticio, provisional y preparatorio. En él, la mente busca las causas y los principios de las cosas, lo más profundo, lejano e inasequible. Hay en él tres fases distintas:Fetichismo: en que se personifican las cosas y se les atribuye un poder mágico o divino.Politeísmo: en que la animación es retirada de las cosas materiales para trasladarla a una serie de divinidades, cada una de las cuales presenta un grupo de poderes: las aguas, los ríos, los bosques, etc.Monoteísmo: la fase superior, en que todos esos poderes divinos quedan reunidos y concentrados en uno llamado Dios. En este estado, predomina la imaginación, y corresponde a la infancia de la humanidad. Es también, la disposición primaria de la mente, en la que se vuelve a caer en todas las épocas, y solo una lenta evolución puede hacer que el espíritu humano de aparte de esta concepción para pasar a otra. El papel histórico del estado teológico es irremplazable.

Estado Metafísico: O estado abstracto, es esencialmente crítico, y de transición, Es una etapa intermedia entre el estado teológico y el positivo. En el se siguen buscando los conocimientos absolutos. La metafísica intenta explicar la naturaleza de los seres, su esencia, sus causas. Pero para ello no recurren a agentes sobrenaturales, sino a entidades abstractas que le confieren su nombre de ontología. Las ideas de principio, causa, sustancia, esencia, designan algo distinto de las cosas, si bien inherente a ellas, más próximo a ellas; la mente que se lanzaba tras lo lejano, se va acercando paso a paso a las cosas, y así como en el estado anterior que los poderes se resumían en el concepto de Dios, aquí es la naturaleza, la gran entidad general que lo sustituye; pero esta unidad es más débil, tanto mental como socialmente, y el carácter del estado metafísico, es sobre todo crítico y negativo, de preparación del paso al estado positivo; una especie de crisis de pubertad en el espíritu humano, antes de llegar a la adultez.

Estado Positivo: Es real, es definitivo. En él la imaginación queda subordinada a la observación. La mente humana se atiene a las cosas. El positivismo busca sólo hechos y sus leyes. No causas ni principios de las esencias o sustancias. Todo esto es inaccesible. El positivismo se atiene a lo positivo, a lo que está puesto o dado: es la filosofía del dato. La mente, en un largo retroceso, se detiene a al fin ante las cosas. Renuncia a lo que es vano intentar conocer, y busca sólo las leyes de los fenómenos.

·El Sentido del Positivismo.

·Esta ciencia positiva es una disciplina de modestia; y esta es su virtud. El saber positivo se atiene humildemente a las cosas; se queda ante ellas, sin intervenir, sin saltar por encima para lanzarse a falaces juegos de ideas; ya no pide causas, sino sólo leyes. Y gracias a esta austeridad logra esas leyes; y las posee con precisión y con certeza. Una y otra vez vuelve Comte, del modo más explícito, al problema de la historia, y la reclama como dominio propio de la filosofía positiva. En esta relación se da el carácter histórico de esta filosofía, que puede explicar el pasado entero.

El historicismo

El historicismo nació como movimiento de redacción a la tradicional doctrina del Derecho Natural. Su importancia radica en el fuerte estímulo que aporta a la resurrección del interés por la historia. Al sostener la relatividad de los valores con referencia a la unidad histórica se pone al Derecho Natural “que es la norma invariable y constante que garantiza infaliblemente la realización del mejor ordenamiento de la sociedad humana”.

Tuvo gran importancia en el siglo pasado cuando influyó poderosamente en la concepción del derecho. Para Savigny el Derecho Histórico debe confrontarse con los derechos del hombre y adaptarse a ellos. Por lo general el historicismo para afirmarse en la historia y en la tradición, subraya ideas conservadoras, a través de una teoría relativista, termina -como escuela- por relevar todo un intento de ruptura o de cambio social. Del Vecchio ha anotado los aportes positivos del historicismo en oposición al iusnaturalismo. Ellos son, entre otros: a) reacciona contra el rígido pensar iusnaturalista con su creencia en la inmutabilidad de los supremos ideales humanos; b) se opine a la concepción de identidad permanente de la naturaleza humana a través del tiempo; c) el sujeto individual en la diversidad de sus manifestaciones históricas es el intérprete de la propia historia; d) toma al sujeto en general, el hombre abstracto del derecho natural y lo transforma en ser activo y claro; e) determina la ley de la causalidad en la historia; f) quiebra el principio de la fe inconmovible en las ideas innatas (a la manera de Locke) y de las verdades de la razón; g) fundamenta la relatividad, mediante la incorporación de factores concretos y reales; h) representa además un progreso, al considerar el derecho como un hecho o proceso colectivo; i) propugna la necesidad de la indagación histórica.

Dentro de las críticas que se formulan al historicismo se encuentran el de eludir la función valorativa de los hechos simplificando, preguntarse qué es los justo y lo injusto, lo bueno o lo malo. Otro punto de negatividad se encuentra en los autores que niegan la influencia de la ideología en el conocimiento histórico.