Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas - Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) - Cátedra C - Profesor: Hector J. Zimerman

domingo, 19 de marzo de 2017

MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 2 (LECTURA COMPLEMENTARIA: LOS JUSTOS TITULOS)

    LECTURA COMPLEMENTARIA.

JUSTOS TITULOS.
¿Tuvo España títulos valederos para justificar su conquista? ¿A quién pertenecían estas tierras? Los títulos invocados son de distinto carácter: a) desde el punto de vista religioso, se esgrimía la propia palabra divina a través de un versículo de Isaías que cita SOLÓRZANO, según el cual se profetizaba el descubrimiento de tierra en donde abundaba el oro y la plata. Conforme con algunos teólogos, en las mismas Sagradas Escrituras habría referencias a estas tierras.
“No falta también quien le parezca que en las Sagradas Letras hay mención de esta India Occidental, entendiendo por Ofir que ellos tanto celebrarán, este nuestro Pirú, Roberto Stephano, o por mejor decir Francisco Batablo, hombre en la lengua hebrea aventajado, según nuestro receptor, que fue discípulo suyo, decía que la Isla (Colón = paloma, Columbus) sería un presagio de dominio; b) la esencia de la colonización, como cruzada de tipo espiritual, llevada a España, por antonomasia portadora de dichos ideales; c) la posibilidad de llevar adelante la colonización, con el objeto de incorporar a los indios a las fe católica, que es algo así como forma de guerra santa, tendiente a la conversión de los infieles. d) Las nuevas tierras descubiertas serían ricas en oro y plata conforme las Sagradas Escrituras.
Desde el punto de vista jurídico: a) el justo título como naciendo de un propio derecho originario, a través del descubrimiento. Se trataba de un derecho derivado de la ley natural, mediante el cual podría obligarse a los indígenas a respetarlo
Igualmente; el descubrimiento mismo fue fuente  de derecho: por lo tanto, se trataría de tierras no pertenecientes a nadie, res mullius, que tampoco podrían detentar los indios, y ello engendraba subsiguientes derechos a favor de los conquistadores:
b)  el derecho emergente de las Bulas Papales. Conforme con el Tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494) se había establecido una línea demarcatoria de los descubrimientos españoles y portugueses que llegaba a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Alejandro VI concedía tal derecho a los reyes de Castilla y León, en forma absoluta, toda vez que los sucesores de San Pedro poseían los derechos necesarios para el engrandecimiento de la iglesia universal y, en tal sentido, podría repartir las tierras en poder de los infieles para la propagación de la fe católica pero al mismo tiempo se podría discutir la amplitud de tal concesión, esto es, si ella sólo se limitaba a la conversión de los inflieles.
Ahora bien, para efectivizar estas Bulas, que serían una mixtura de títulos religioso-jurídicos,  y darle plena vigencia, se hacía necesaria, a su vez, la ocupación de las tierras, pues posteriormente habría de reconocerse diversas ocupaciones provenientes de otras naciones, y España, en varios casos, debió hacerlo: el reparto sufriría variaciones, aún más cuando se comienza a discutir su validez, al cuestionarse el poder universal temporal del Papado. Estos títulos no eran exclusivos ni excluyentes, más aún cuando las Reales Cédulas posteriores hacían referencia a otros. Al manifestarse expresamente del título emergente por donación de la Santa Sede y otros títulos.
Es decir, entonces que el único título indiscutido a esgrimir por España frente a las demás naciones europeas para conservar el dominio de las nuevas tierras fue el de la ocupación territorial, como un título legal o jurídico. Los títulos originarios fueron discutidos y en lo que atañe al origen de la posesión a través de la concesión de la Santa Sede, el Padre Francisco de Vitoria negaba poder universal temporal al Papa y, aun para el supuesto de tener tal poder secular universal, no podría transmitirlo a los príncipes seglares.
c) Por último el derecho de ocupación y uso, derivado de la conquista, estaba aceptado en favor de las naciones dominantes, ya que usufructuaban el territorio, sus riquezas y el trabajo de los conquistados. Para verificar la conquista como título, lo esencial era la nueva posesión por parte del conquistador mediante el uso de la fuerza. El reconocimiento de los títulos precitados no es taxativo, de acuerdo a las circunstancias los dominadores esgrimían sus propias razones, independientemente de los ya títulos precitados.
            FUNDAMENTACION DEL DERECHO DE GENTES: (derecho que se aplica a todos los habitantes del mundo, es un derecho común a los pueblos, hombres entre sí se relacionan, pueblos entre sí se relacionan, derecho que supera las fronteras de los derechos locales, es el antiguo ius gentiumn del derecho romano que Vitoria recibe desde la romanización de España). Se trata de lo que hemos denominado como Justo Título para Vitoria, denominado sociedad y comunicación, que es el derecho de transitar por territorios de otros a Estados sin que se les prive de su libertad y de sus otros derechos (propiedad, etc.).
            Ante la violación de estos derechos, como por ejemplo de comerciar, nace el Título para que los españoles les hagan la guerra justa y penetrar en estos reinos, para gobernarlos y prepararlos para que conozcan y respeten los derechos consagrados.
            En cuanto a la evangelización y la guerra justa, Vitoria distinguía dos momentos esenciales:
            Primer Momento: Anunciación de la Fe, Es ilícito hacer la guerra justo a los aborígenes para que escuchen la palabra de Dios. (Derecho Divino).
            Segundo Momento: el de la Conversión: No es ilícito hacer la guerra justa, puesto que los indios podían elegir libremente, ya que tenían libre discernimiento (Derecho Natural), y como se afirmaba por estos pensadores, “El sol sale para Justos e InjJustos e Injustos, Libres y Esclavos, Creyentes, Creyentes y  no Creyentes”, el derecho natural es para todos, y el derecho consagra precisamente la libre elección del pensamiento.

            Otro predicador que pensaba similar a Vitoria y Las Casas, con respecto a  la evangelización era Domingo de Soto que defendía el criterio de la siguiente manera: “Que si los predicadores no eran recibidos por los indios, ni éstos oían sermones, aquéllos debían marcharse porque si nosotros tenemos el derecho de predicar no es ilícito obligar a que nos oigan y nos crean”.