Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas - Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) - Cátedra C - Profesor: Hector J. Zimerman

lunes, 28 de agosto de 2017

MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 6

 HISTORIA CONSTITUCIONAL.  UNIDAD 6 - GUIA DE RELECTURA. 
Circular del 27 de mayo
Real Fortaleza de Buenos Ayres, 27 de Mayo de 1810 en Historia de las Leyes de la Nación Argentina, Enciclopedia Legislativa o Digesto razonado, anotado y concordado por David Peña (1810-1916), T. 1, p. 125
...importa que V. quede entendido que los Diputados han de irse incorporando en esta Junta, conforme y por el orden de su llegada a la Capital, para que así se hagan de la parte de confianza pública que conviene al mejor servicio del Rey y gobierno de los Pueblos, imponiéndose con quanta anticipación conviene a la formación de la general, de los graves asuntos que tocan al Gobierno. Por lo mismo se habrá de acelerar el envío de Diputados, entendiendo debe ser uno por cada ciudad o Villa de las Provincias, considerando que la ambisión de los extranjeros puede exitarse a aprovechar la dilación en la reunión para defraudar a 5. M. los legítimos derechos que se trata de preservar. Servirá a todos los pueblos del Virreynato de la mayor satisfacción, el saber como se lo asegura la Junta, que todos los Tribunales, Corporaciones Xefes, y Ministros de la Capital, sin excepción han reconocido la Junta y prometido su obediencia, para la defensa de los augustos derechos del Rey, en estos dominios, por lo qual es tanto más interesante que este exemplo empeñe los deseos de Y. para contribuir en estrecha unión a salvar la Patria de convulsiones que la amenazan, si no se prestasen las Provincias a la unidad y armonía que debe reinar entre ciudadanos de un mismo origen, de dependencia e intereses. A esto se dirigen los conatos de esta Junta, a ello los ruegos del pueblo principal del Virreynato, y a lo mismo se le excita, con franqueza de quantos auxilios y medios puedan de su arbitrio, que serán dispensados prontamente en obsequio del bien y concentración de los Pueblos.
Decreto sobre supresión de honores al Presidente de la Junta y otros funcionarios públicos. 6 de diciembre de 1810
FuenteGaceta de Buenos Aires (1810-1821), reimpresión facsimilar dirigida por la Junta de Historia y Numismática americana, Buenos Aires, 1910, pág. 711: Gaceta correspondiente al 8 de diciembre de 1810.
Orden del día
En vano publicaría esta Junta principios liberales, que hagan apreciar a los pueblos el inestimable don de su libertad, si permitiese la continuación de aquellos prestigios que por desgracia de la humanidad inventaron los tiranos para sofocar los sentimientos de la naturaleza. Privada la multitud de luces necesarias para dar su verdadero valor a todas las cosas; reducida por la condición de sus tareas a no extender sus meditaciones más allá de sus primeras necesidades; acostumbrada a ver los magistrados y jefes envueltos en un brillo que deslumbra a los demás, y los separa de su inmediación; confunde los inciensos y homenajes con la autoridad de los que los disfrutan; y jamás se detiene en buscar a el jefe por los títulos que lo constituyen, sino por el voto y condecoraciones con que siempre lo ha visto distinguido. De aquí es, que el usurpador, el déspota, el asesino de su patria arrastra por una calle pública la veneración y respeto de un gentío inmenso, al paso que carga la execración de los filósofos, y las maldiciones de los buenos ciudadanos; y de aquí es que, a presencia de ese aparato exterior, precursor seguro de castigos y todo género de violencias, tiemblan los hombres oprimidos, y se asustan de sí mismos, si alguna vez el exceso de opresión les había hecho pensar en secreto algún remedio.
¡Infelices pueblos los que viven reducidos a una condición tan humillante! Si el abatimiento de sus espíritus no sofocase todos los pensamientos nobles y generosos; si el sufrimiento continuado de tantos males no hubiese extinguido hasta el deseo de libertarse de ellos, correrían a aquellos países felices, en que una constitución justa y liberal da únicamente a las virtudes el respeto que los tiranos exigen para los trapos y galones; abandonarían sus hogares, huirían de sus domicilios, y dejando anegados a los déspotas en el fiero placer de haber asolado las provincias con sus opresiones, vivirían bajo el dulce dogma de la igualdad que raras veces posee la tierra, porque raras veces lo merecen sus habitantes. ¿Qué comparación tiene un gran pueblo de esclavos, que con su sangre compra victorias, que aumenten el lujo, las carrozas, las escoltas de los que lo dominan, con una ciudad de hombres libres, en que el magistrado no se distingue de los demás, sino porque hace observar las leyes, y termina las diferencias de sus conciudadanos? Todas las clases del estado se acercan con confianza a los depositarios de la autoridad, porque en los actos sociales han alternado francamente con todos ellos; el pobre explica sus acciones sin timidez, porque ha conversado muchas veces familiarmente con el juez que le escucha; el magistrado no muestra seño en el tribunal a hombres que después podrían despreciarlo en la tertulia; y sin embargo no mengua el respeto de la magistratura, porque sus decisiones son dictadas por la ley, sostenidas por la constitución, y ejecutadas por la inflexible firmeza de hombres justos e incorruptibles.
Se avergonzaría la Junta, y se consideraría acreedora a la indignación de este generoso pueblo, si desde los primeros momentos de su instalación, hubiese desmentido una sola vez los sublimes principios que ha proclamado. Es verdad que consecuente al acta de su erección decretó al Presidente en orden de 28 de mayo los mismos honores que antes se habían dispensado a los virreyes; pero éste fue un sacrificio transitorio de sus propios sentimientos que consagró al bien general de este pueblo. La costumbre de ver a los virreyes rodeados de escoltas y condecoraciones habría hecho desmerecer el concepto de la nueva autoridad si se presentaba desnuda de los mismos realces; quedaba entre nosotros el virrey depuesto; quedaba una audiencia formada por los principios de divinización de los déspotas; y el vulgo que sólo se conduce por lo que ve, se resentiría de que sus representantes no gozasen el aparato exterior, de que habían disfrutado los tiranos, y se apoderaría de su espíritu la perjudicial impresión, de que los jefes populares no revestían el elevado carácter, de los que nos venían de España. Esta consideración precisó a la Junta a decretar honores al Presidente, presentando a el pueblo la misma pompa del antiguo simulacro, hasta que repetidas lecciones lo dispusiesen a recibir sin riesgo de equivocarse el precioso presente de su libertad. Se mortificó bastante la moderación del Presidente con aquella disposición, pero fue preciso ceder a la necesidad, y la Junta ejecuto un arbitrio político, que exigían las circunstancias, salvando al mismo tiempo la pureza de sus intenciones con la declaratoria, de que los demás vocales no gozasen honores, tratamiento, ni otra clase de distinciones.
Un remedio tan peligroso a los derechos del pueblo, y tan contrario a las intenciones de la Junta, no ha debido durar sino el tiempo muy preciso para conseguir los justos fines que se propusieron. Su continuación sería sumamente arriesgada, pues los hombres sencillos creerían ver un virrey en la carroza escoltada, que siempre usaron aquellos jefes; y los malignos nos imputarían miras ambiciosas que jamás han abrigado nuestros corazones. Tampoco podrían fructificar los principios liberales, que con tanta sinceridad comunicamos; pues el común de los hombres tiene en los ojos la principal guía de su razón, y no comprenderían la igualdad, que les anunciamos, mientras nos viesen rodeados de la misma pompa y aparato con que los antiguos déspotas esclavizaron á sus súbditos.
La libertad de los pueblos no consiste en palabras ni debe existir en los papeles solamente. Cualquier déspota puede obligar a sus esclavos a que canten himnos a la libertad; y este cántico maquinal es muy compatible con las cadenas, y opresión de los que lo entonan. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. ¿Si me considero igual á mis conciudadanos, porque me he de presentar de un modo que les enseñe que son menos que yo? Mi superioridad solo existe en el acto de ejercer la magistratura, que se me ha confiado; en las demás funciones de la sociedad soy un ciudadano, sin derecho a otras consideraciones que las que merezca por mis virtudes.
No son estos vanos temores de que un gobierno moderado pueda alguna vez prescindir. Por desgracia de la sociedad existen en todas partes hombres venales y bajos, que no teniendo otros recursos para su fortuna, que los de la vil adulación, tientan de mil modos a los que mandan, lisonjean todas sus pasiones, y tratan de comprar su favor a costa de los derechos, y prerrogativas de los demás. Los hombres de bien no siempre están dispuestos ni en ocasión de sostener una batalla en cada tentativa de los bribones; y así se enfría gradualmente el espíritu público, y se pierde el horror a la tiranía. Permítasenos el justo desahogo de decir a la faz del mundo, que nuestros conciudadanos han depositado provisoriamente su autoridad en nueve hombres, a quienes jamás trastornará la lisonja, y que juran por lo más sagrado que se venera sobre la tierra, no haber dado entrada en sus corazones a un solo pensamiento de ambición o tiranía: pero ya hemos dicho otra vez que el pueblo no debe contentarse con que seamos justos, sino que debe tratar de que lo seamos forzosamente. Mañana se celebra el congreso, y se acaba nuestra representación; es pues un deber nuestro, disipar de tal modo las preocupaciones favorables a la tiranía que si por desgracia nos sucediesen hombres de sentimientos menos puros que los nuestros, no encuentren en las costumbres de los pueblos el menor apoyo, para burlarse de sus derechos. En esta virtud ha acordado la Junta el siguiente reglamento, en cuya puntual e invariable observancia empeña su palabra, y el ejercicio de todo su poder.
1º El artículo 8º de la orden del día 28 de mayo de 1810 queda revocado y anulado en todas sus partes.
2º Habrá desde este día absoluta, perfecta, e idéntica igualdad entre el Presidente, y demás vocales de la Junta, sin más diferencia, que el orden numerario y gradual de los asientos.
3º Solamente la Junta reunida en actos de etiqueta y ceremonia tendrá los honores militares, escolta, y tratamiento, que están establecidos.
4º Ni el Presidente, ni algún otro individuo de la Junta en particular revestirán carácter público, ni tendrán comitiva, escolta, o aparato que los distinga de los demás ciudadanos.
5º Todo decreto, oficio, y orden de la Junta deberá ir firmado de ella, debiendo concurrir cuatro firmas cuando menos con la del respectivo secretario.
6º Todo empleado, funcionario público, o ciudadano, que ejecute órdenes, que no vayan suscriptas en la forma prescripta en el anterior artículo, será responsable al gobierno de la ejecución.
7º Se retirarán todas las centinelas del palacio, dejando solamente las de las puertas de la Fortaleza, y sus bastiones.
8º Se prohíbe todo brindis, viva, o aclamación pública en favor de individuos particulares de la Junta. Si éstos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos: ellos no aprecian bocas que han sido profanadas con elogios de los tiranos.
9º No se podrá brindar sino por la patria, por sus derechos, por la gloria de nuestras armas, y por objetos generales concernientes a la pública felicidad.
10º Toda persona que brindase por algún individuo particular de la Junta será desterrado por seis años.
11º Habiendo echado un brindis D. Atanasio Duarte, con que ofendió la probidad del Presidente, y atacó los derechos de la patria, debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba, se le perdona la vida; pero se destierra perpetuamente de esta ciudad, porque un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su país.
12º No debiendo confundirse nuestra milicia nacional con la milicia mercenaria de los tiranos, se prohíbe que ningún centinela impida la libre entrada en toda función y concurrencia pública a los ciudadanos decentes que la pretendan. El oficial que quebrante esta regla será depuesto de su empleo.
13º Las esposas de los funcionarios públicos políticos y militares no disfrutarán los honores de armas ni demás prerrogativas de sus maridos: estas distinciones las concede el estado a los empleos, y no pueden comunicarse sino a los individuos que los ejercen.
14º En las diversiones públicas de toros, ópera, comedia, etc. no tendrá la Junta palco, ni lugar determinado: los individuos de ella que quieran concurrir, comprarán lugar como cualquier ciudadano; el Excmo. Cabildo, a quien toca la presidencia y gobierno de aquellos actos por medio de los individuos comisionados para el efecto, será el que únicamente tenga una posición de preferencia.
15º Desde este día queda concluido todo el ceremonial de iglesia con las autoridades civiles: estas no concurren al templo a recibir inciensos, sino a tributarlos al Ser Supremo. Solamente subsiste el recibimiento en la puerta por los canónigos y dignidades en la forma acostumbrada. No habrán cojines, sitial, ni distintivo entre los individuos de la Junta.
16 Este reglamento se publicará en la Gaceta, y con esta publicación se tendrá por circulado a todos los jefes políticos, militares, corporaciones, y vecinos, para su puntual observancia.
Dado en Buenos Aires en la Sala de la Junta a 6 de diciembre de 1810; Cornelio de Saavedra,Miguel de Azcuénaga,Dr. Manuel de Alberti,Domingo Matheu,Juan Larrea,Dr. Juan José Paso, secretario,Dr. Mariano Moreno, secretario.
6 de diciembre de 1810

LA CREACION DE LA JUNTA GRANDE
Instalada la Primera Junta el 25 de mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires, al segundo día de funcionamiento, ordenó el envío de una circular a los Cabildos del interior invitándolos a designar un representante para incorporarse al nuevo gobierno nacional.
       Hacia diciembre de 1810, la gran mayoría de los diputados provinciales ya habían arribado a la capital para incorporarse a la Junta. Los representantes del interior exigían el cumplimiento del derecho que les asistía a sus ciudades de manejar conjuntamente con Buenos Aires los destinos de la revolución. Sin embargo, tropezaron con la decida oposición de Mariano Moreno y Juan José Paso, originándose la primera gran crisis en el gobierno nacional.

Finalmente, se resolvió por votación de los miembros de la Junta, que los diputados del interior se incorporaran formalmente a la Junta, constituyéndose la denominada Junta Grande. De inmediato Moreno presentó su renuncia.
Uno de los mayores desafíos que enfrentó este nuevo gobierno fue la conspiración permanente contra ella, dentro y fuera de la Junta, por parte de los seguidores de Moreno. Eran jóvenes ilustrados que formaron una agrupación política, la Sociedad Patriótica, que habría de influir en forma decisiva en la marcha de la revolución en los años venideros.
Ciertamente, la Junta grande resultó demasiado numerosa para gobernar con rapidez y eficacia. Con el paso del tiempo se fue desprestigiando y creciendo notablemente el grupo opositor.
La noche del 5 al 6 de abril de 1811, el conflicto llegó a la calle, cuando  una multitud de poncho y chiripá, integrada por peones rurales, artesanos y gauchaje, decidió en forma pacífica pero decidida dar un golpe de fuerza y expulsar de la Junta a Vieytes, Azcuénaga, Rodríguez Peña y Larrea, los seguidores de Moreno, logrando la incorporación de Feliciano Chiclana y del Doctor Joaquín Campana, este último como secretario. Solicitaban la separación de todos los funcionarios nacidos en España, que se expulsara de Buenos Aires a los europeos que resultaran sospechosos para la causa, y que Manuel Belgrano fuera enjuiciado por su derrota en el Paraguay.
Como resultado de la asonada quedaron enfrentados porteños y provincianos, ya irremediablemente; y los saavedristas debieron asumir toda la responsabilidad del gobierno y la conducción de la guerra.
Las noticias que venían del norte sobre la terrible derrota del ejército en Huaqui, debilitó enormemente la situación de la Junta, a la par que crecían las críticas por su ineptitud e ineficiencia. El peligro que acechaba obligó a Cornelio Saavedra a alejarse de su presidencia para marchar hacia el norte a fin de reorganizar el ejército. El Cabildo aprovecharía estas circunstancias para imponer la creación de un nuevo órgano ejecutivo que devolviera a Buenos Aires el manejo del movimiento revolucionario, en sustitución de la Junta: el Triunvirato.
Entre las medidas adoptadas por la Junta Grande en el lapso de su gobierno se destacan el Reglamento de Juntas provinciales y subordinadas, por el que extiende el funcionamiento de Juntas a las gobernaciones intendencias, instaurando un sistema de voto obligatorio, pero manteniendo la subordinación a la propia Junta de Buenos Aires; y el Reglamento sobre libertad de imprenta que reconoce la libertad de publicación de las ideas políticas, aboliendo los juicios de censura previa.

MARIANO MORENO
 
Pocas personalidades de la historia argentina produjeron hechos prácticos y concepciones ideológicas de fuertes contenidos en un tiempo meteórico, como ha sido el segmento de la vida de 
Mariano Moreno, que se inicia el 25 de mayo de 1810 y culmina con su curiosa muerte en alta mar diez meses más tarde (4 de marzo de 1811). 

Por Federico Corbière 

A dos siglos de la cruzada libertadora, los mismos viejos debates siguen actuando como telón de fondo para la aparentemente no terminada organización nacional. A continuación un perfil de 
Mariano Moreno, denominado de manera justa 'numen' de la Revolución de Mayo. 
Era un abogado inquieto por las nuevas 
ideas, pero que vivía apegado a una vida tradicional burguesa. Nadie podría haber imaginado que ese abogado silencioso, para nada grandilocuente al adherirse a la gesta de Mayo y comprometerse como secretario de la Junta de gobierno, iba a desatar todas las pasiones políticas transformado al aceptar su compromiso, en un revolucionario jacobino, caracterizado por un fuerte implante cultural e ideológico. 
Esto no fue espontáneo, había estudiado junto a otros próceres en la Universidad Real y Pontificial de Chuquisaca (Bolivia), uno de los pocos centros culturales de la época dirigido por jesuitas y profesores laicos, donde se tuvo acceso a los libros prohibidos de la Enciclopedia de Denis Diderot y otros, a las obras de Juan Jacobo Rosseau y Francisco Voltaire, además de los manifiestos, panfletos y declaraciones de derechos de la Revolución francesa de 1789. Los escritos del Abate Sieyés y la obra rebelde de los jesuitas Mariana y Suárez, que habían teorizado, sobre la 'resistencia a la opresión' y el 'tiranicidio' (entendido como la muerte del tirano para evitar males mayores), paralelamente a John Locke. 
Será en Chuquisaca donde Moreno conocerá a otro hombre procedente de la alta burguesía colonial, Julián Álvarez, el 'prócer desconocido' de la Revolución de Mayo, que sería luego su mano derecha en la fundación y desarrollo del periódico 'La Gaceta de Buenos Ayres'. 

Proyecciones políticas y económicas 

Según investigaciones de Dardo Corvalán Villardo y Milciades Peña, el escrito sobre 'La representación de los Hacendados' (1810), de orientación librecambista fue realizado en el estudio de Mariano Moreno, pero no es de su autoría sino de otros abogados que pertenecían a su estudio. 
La teoría sobre el libre comercio que defendían algunos revolucionarios porteños como Manuel Belgrano, estaba enderezada a combatir el anacrónico monopolio español que ahogaba a los pequeños comerciantes e incipiente burguesía porteña. Sin embargo, las 
ideas políticas y económicas de Mariano Moreno fueron expuestas a través de sus escritos de la Gaceta, los decretos de la Primera Junta y en el 'Plan de operaciones', en donde defendía al proteccionismo económico, la expropiación compulsiva de los intereses españoles y realistas, y el desarrollo de un proceso incipientemente industrial. 
La formación cultural de 
Mariano Moreno, como la de Julián Álvarez, Juan José Castelli y Juan José Paso, entre otros, tenía un fuerte sesgo iluminista e ilustrado, es decir, de estilo francés. En el caso de Moreno, de todas maneras, no era anticatólico ya que cuando tradujo 'Del Contrato Social o principios del Derecho Político' escrito por Juan Jacobo Rosseau, prefirió no incorporar el capítulo contra la religión, por considerarlo equivocado.
 
Pero hay otra explicación, Moreno combinó la acción y la práctica con la ideología y actuó sobre la marcha de los acontecimientos. No quiso enfrentarse con la Iglesia Católica, ya profundamente dividida debido a que la jerarquía española y criolla apoyaba a los realistas y al Imperio español, siguiendo instrucciones del Vaticano. Mientras no pocos curas de campaña defendían la revolución como el Deán Funes, Santa María de Oro y Fray Luis Beltrán, llamado el 'artillero de la Revolución'. 
El decreto sobre 'Supresión de honores' que lo enfrentó con Cornelio Saavedra, sus escritos sobre libertad de prensa y de conciencia, sobre la libertad de culto, sus directivas apoyadas por todos los miembros de la Junta ordenando el fusilamiento de realistas liderados por el Virrey Liniers, ajusticiados en Córdoba, y sus 
ideas proteccionistas conmovieron incluso a sectores de la propia revolución, entre ellos al presidente de la Junta, sobre quien existe una mitología de personalidad militar pero que en realidad cubría su afán de comerciante porteño que veía en Moreno complicaciones para sus intereses patrimoniales. En 10 meses Moreno transformó ideas, concepciones y produjo polarización política. No lo hizo sólo, tuvo el respaldo de la Sociedad Patriótica, que era un centro conspirativo, el Club de Marco (café ubicado frente al actual Colegio Nacional Buenos Aires) y fundamentalmente la Logia Independencia, entidad masónica revolucionaria, presidida casualmente por su amigo y venerable maestre Julián Alvarez, quién recibiría en 1812 a los conjurados de la fragata Canning, procedentes de Londres, a donde habían escapado de las garras de la inquisición española continental. 
Vale recordar que a la sombra de la Logia Independencia y la Sociedad Patriótica se crearon grupos de choque civico-militares paralelos a los Patricios de Cornelio Saavedra. Estos activistas fueron alentados por French y Beruti, que cumplieron diversas tareas revolucionarias, desde fusilar contrarrevolucionarios, actos de acción directa y como el repartir propaganda el 24 y 25 de mayo en la plaza frente al Cabildo. 

Su labor periodística 

Moreno como todos los ilustrados tuvo clara visión prospectiva sobre la importancia de la prensa en la difusión de las 
ideas. Eran tiempos en los que no existía la profesión periodística como actividad rentada, sino que los textos estaban dirigidos generalmente a la difusión de ideas. Por tales motivos muchos de sus redactores eran considerados 'publicistas'. Recién con la Revolución francesa se popularizaron las gacetillas que ya habían hecho su aparición en 1776 durante la independencia norteamericana. 
El sector más radicalizado de la colonia tenía conocimiento sobre la importancia de las publicaciones de gacetillas y lo que hoy se conoce como diarios. 
Moreno, inmediatamente con Álvarez y otra personalidad intelectual, Bernardino de Monteagudo comenzó con la difusión de las nuevas doctrinas con la 'Gaceta de Buenos Ayres', que lo sobrevivió varios años.


Criollismo y Universalidad en 
Mariano Moreno 

Moreno supo conjugar lo nacional latinoamericano con las 
ideas universales del Iluminismo y la Enciclopedia. El historiador judeo polaco Boleslao Lewin desarrolló en profundidad estas cuestiones en sus trabajos sobre Moreno y Rosseau. De hecho las ideas morenistas en la economía, sobre el proteccionismo y la industrialización fueron llevadas a cabo por José de San Martín en Cuyo, probablemente transmitidas por Julián Álvarez cuando colaboró junto a él. En esa zona San Martín expropió a las familias ricas en animales y bienes para la causa del Ejército libertador y estableció una única aduana, entre otras resoluciones. 

El mismo plan económico del 'Plan de Operaciones' de Moreno y la estatización cuyana de San Martín, años más tarde tendrán realización concreta en el Paraguay de los López, destruido a sangre y fuego en 1861, cumpliendo instrucciones del Imperio británico, por los ejércitos del Brasil esclavista y de la Argentina mitrista. 

No obstante, las banderas morenistas fueron levantadas por federales doctrinarios, como Felipe Varela, Manuel Dorrego, Domingo French y su hermano Manuel Moreno, en contra de la ambición centralista propia de los comerciantes porteños del Partido rivadaviano. 

Resurgirán esas 
ideas por la unión latinoamericana con el yrigoyenismo, los socialistas, y hasta en el peronismo reivindicaran a Moreno, en contra del nacionalismo católico. El entonces diputado Albrieu, dirá en el Parlamento de la primera época peronista buscando las raíces del justicialismo en la trilogía: Moreno - San Martín - Perón. 

Por supuesto, la singular historia circular argentina se reserva el derecho de repetir sus errores y elegir los caminos de intereses mezquinos, dejando a la deriva las observaciones y propuestas de figuras como la de 
Mariano Moreno, que murió en un barco a Londres, en circunstancias poco claras.  Decreto de la libertad de imprenta - 26 de octubre de 1811
Art. 1º  Todo hombre puede publicar sus ideas libremente y sin censura previa. Las disposiciones contrarias a esta libertad quedan sin efecto.
Art. 2º  El abuso de esta libertad es un crimen, su acusación corresponde a los interesados si ofende derechos particulares; y a todos los ciudadanos, si compromete la tranquilidad pública, la conservación de la religión católica, o la constitución del Estado. Las autoridades respectivas impondrán el castigo según las leyes.
Art. 3º  Para evitar los efectos de la arbitrariedad en la calificación, graduación de estos delitos se creará una junta de nueve individuos con el título de Protectora de la libertad de la Imprenta. Para su formación presentará el Exmo. Cabildo una lista de cincuenta ciudadanos honrados, que no estén empleados en la administración del gobierno; se hará de ellos la elección a pluralidad de votos. Serán electores natos: el prelado eclesiástico, alcalde de primer voto, síndico procurador, prior del Consulado, el fiscal de S. M., y dos vecinos de consideración, nombrados por el Ayuntamiento. El escribano del pueblo autorizará el acto, y los respectivos títulos, que se librarán a los electos sin pérdida de instantes.
Art. 8º  Las obras que tratan de religión no pueden imprimirse sin previa censura del eclesiástico. En casos de reclamación, se reverá la obra por el mismo diocesano asociado de cuatro individuos de la Junta Protectora, y la pluralidad de votos hará sentencia irrevocable.
Art. 9º  Los autores son responsables de sus obras o los impresores no haciendo constar a quien pertenecen.
Art. 10º  Subsistirá la observancia de este decreto hasta la resolución del Congreso.
Buenos Aires, 26 de octubre de 1811
Decreto de seguridad individual
Art. 1: Ningún ciudadano puede ser penado, ni expatriado sin que preceda forma de proceso, y sentencia legal.
Art. 2: Ningún ciudadano puede ser arrestado sin prueba, al menos semiplena, o indicios vehementes de crimen, que se harán constar en proceso informativo dentro de tres días perentorios. En el mismo término se hará saber al reo la causa de su detención, y se remitirá con los antecedentes al juez respectivo.
Art. 3: Para decretar el arresto de un ciudadano, pesquiza de sus papeles, o embargo de bienes, se individualizará en el decreto u órden que se expida, el nombre o señales que distingan su persona, y objetos, sobre que deben ejecutarse las diligencias, tomando inventario, que firmará el reo, y dejándole copia autorizada para su resguardo.
Art. 4: La casa de un ciudadano es un sagrado, cuya violación es un crimen; sólo en el caso de resistirse el reo, refugiado a la convocación del juez, podrá allanarse: su allanamiento se hará con la moderación debida, y personalmente por el juez de la causa. Si algún motivo urgente impide su asistencia, dará al delegado una orden por escrito, y con la especificación que contiene el antecedente artículo, dando copia de ella al aprehendido y al dueño de la casa si la pide.
Art. 5: Ningún reo estará incomunicado después de su confesión, y nunca podrá ésta dilatarse más allá del término de diez días.
Art. 6: Siendo las cárceles para seguridad y no para castigo de los reos, toda medida que, a pretexto de precaución, sólo sirva para mortificarlos, será castigada rigurosamente.
Art. 7: Todo hombre tiene libertad para permanecer en el territorio del estado o abandonar cuando guste su residencia.
Art. 8: Los habitantes del distrito de la jurisdicción del gobierno, y los que en adelante se establezcan, están inmediatamente bajo su protección en todos sus derechos.
Art. 9: Sólo en el remoto y extraordinario caso de comprometerse la tranquilidad pública o la seguridad de la patria, podrá el gobierno suspender este decreto mientras dure la necesidad, dando cuenta inmediatamente a la Asamblea General con justificación de los motivos, y quedando responsable en todos tiempos de esta medida.
Buenos Aires, 23 de noviembre de 1811

Asamblea del Año XIII
La Asamblea del Año XIII, también conocida como la Asamblea General Constituyente y Soberana del Año 1813, fue un congreso de diputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata convocado por el Segundo Triunvirato que sesionó en Buenos Aires desde el 31 de enero de 1813 hasta el 26 de enero de 1815. Sus objetivos eran que los representantes de los pueblos libres reconocieran la soberanía del pueblo, proclamaran la independencia  de las Provincias Unidas y redactaran una constitución que definiese el sistema institucional del nuevo estado; y si bien estas dos últimas finalidades no se cumplieron, la asamblea estableció una importante cantidad de reformas en las instituciones rioplatenses. 
Orígenes
La idea de convocar una asamblea de diputados que representara a los pueblos de las Provincias del Río de la Plata a fin de hacer efectivo el principio de la soberanía popular y, sobre la base de ella, la consecuente declaración de la independencia del rey de España fue una constante a partir de la Revolución de Mayo de 1810.
El surgimiento del Segundo Triunvirato como consecuencia de los acontecimientos políticos que se desencadenaron debido al triunfo revolucionario en la batalla de Tucumán, sumados a los esfuerzos de la Logia Lautaro fueron fundamentales para efectivizar la convocatoria de la asamblea.
Diputados electos
Rápidamente el Segundo Triunvirato, el 24 de octubre de 1812, decretó la cantidad de diputados que le correspondería, en razón de su importancia, a la capital -Buenos Aires-, a las capitales de cada provincia o intendencia y a cada ciudad dependiente, con excepción de San Miguel de Tucumán, ello como recompensa por el reciente triunfo sobre el ejército realista, que eligió dos diputados.
Artículo 6°. Esta Capital tendrá cuatro Diputados por su mayor población é importancia política; las demás Capitales de Provincia nombrarán dos y uno cada ciudad de su dependencia, á excepción de Tucumán, que podrá á discreción concurrir con 2 Diputados á la Asamblea.
Los diputados que representaron a las provincias del Alto Perú fueron elegidos bajo la protección del Ejército Auxiliar y de las republiquetas. El 29 de julio de 1813 fue enviada una circular perentoria a los gobernadores intendentes de Potosí y de Cochabamba, al presidente de Charcas, y a los tenientes gobernadores de Santa Cruz de la Sierra y de Tarija, para que aceleraran la elección de los diputados, ordenándose al general Manuel Belgrano que la hiciese cumplir. El rechazo de los diputados orientales
Una de las primeras medidas anunciadas por la Asamblea fue la de declarar a los diputados como del pueblo "de la Nación", y no, "de las provincias". Además, negó el derecho de los cabildos que los habían nombrado a reemplazarlos; era un paso importante hacia un régimen de estado unitario o centralizado, manteniendo el sistema hasta ese entonces vigente.
En consonancia con esta medida, el 5 de marzo de 1813 la Asamblea suspendió la incorporación de los diputados de la Banda Oriental , elegidos el 21 de abril de 1813 en el Congreso de Tres Cruces bajo el liderazgo de José Gervasio Artigas, expresando dudas sobre la falta de formalidad en la elección. Solo dos diputados habían sido elegidos por los cabildos como se había ordenado, el resto lo eran por el congreso provincial reunido en Tres Cruces. La historiografía tradicional uruguaya considera que la razón fue que se negaba a incorporar a los diputados que llegaban con las instrucciones  propuestas por Artigas, orientadas a declarar inmediatamente la independencia del reino de España y organizar a las provincias bajo una forma de estado confederal, organización que rompía con la centralización existente hasta ese entonces.
Los seis diputados orientales correspondían a los seis cabildos de la provincia:
·         Por Montevideo: Dámaso Larrañaga (remplazado por Tomás García de Zúniga) y  Mateo Vidal;
·         Por Maldonado: Dámaso Gómez Fonseca;
·         Por Canelones; Felipe Cardoso;
·         Por  San Juan Bautista (actual Santa Lucía) y San José: Marco Caldedo;
La asamblea envió al diputado Pedro Pablo Vidal a tratar con Artigas, pero al no lograrse acuerdo, en la sesión del 1 de junio de 1813, confirmada el 11 del mismo mes tras un pedido de revisión, se rechazó a la mayoría de los diputados orientales. Fueron exentos de esta medida los dos diputados elegidos de acuerdo a la forma prescrita, antes del Congreso de Tres Cruces, el de Maldonado Dámaso Gómez Fonseca —residente en Buenos Aires— y el de Montevideo, Dámaso Larrañaga. Sin embargo, solo se incorporó el primero, pues el segundo no concurrió a Buenos Aires extendiendo poderes para su remplazo al enviado de Artigas, Tomas García Zúñiga, quien a su vez retiró el pedido de incorporación.
Estas medidas fueron complicando las relaciones con Artigas, que se erigió como líder de la Banda Oriental. En definitiva, fueron pasos hacia el comienzo de las guerras civiles argentinas, que estallaron en enero de 1814 y enfrentaron a federales y unitarios por más de sesenta años.
La Asamblea, al asumir declaró que sus diputados eran los representantes de las provincias que se declaraban libres y unidas del Río de la Plata; que en ella residía la representación de la soberanía del pueblo; que su instalación tenía como fin dictar una constitución y finalmente eligió a su presidente y secretarios.
El Triunvirato decretó ese día:
El Supremo Poder Ejecutivo Provisorio de las Provincias Unidas del Rio de la Plata; á los que la presente viesen, oyesen y entendiesen, sabed:
Que verificada la reunión de la mayor parte de los Diputados de las Provincias libres del Rio de la Plata en la capital de Buenos Aires, é instalada en el día de hoy la Asamblea General Constituyente, ha decretado los artículos siguientes:
Art. 1.°— Que reside en ella la representación y ejercicio de la soberanía de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, y que su tratamiento sea el de Soberano Señor, quedando el de sus individuos en particular con el Vd. llano.
Art. 2.°— Que su Presidente sea el señor Diputado de la ciudad de Corrientes, D. Carlos Alvear.
Art. 3.°— Que sus secretarios para el despacho, lo sean los señores Diputados de Buenos Aires, D. Valentín Gómez y D. Hipólito Vieytes.
(...)
Art. 5.°- Que el Poder Ejecutivo quedase delegado interinamente en las mismas personas que lo administran con el carácter de Supremo y hasta que tenga á bien disponer otra cosa, conservando el mismo tratamiento.
(...)
La Asamblea asumió la soberanía nacional, por primera vez en nombre del pueblo, y no del monarca español. En el juramento estuvo ausente el juramento de fidelidad al rey Fernando VII de España.
La Asamblea tuvo un contenido de alcance americanista o  continental que quedó plasmado en el en juramento que los diputados firmaron:
¿...prometen a la patria desempeñar fiel y exactamente los deberes del sublime cargo … promoviendo los derechos de la causa del país al bien y felicidad común de la América?
La Asamblea tuvo a su cargo la dirección del gobierno del Río de la Plata, y durante los primeros meses de 1813 su autoridad fue muy superior a la del Triunvirato.
Con el paso del tiempo, gracias en parte a la prédica de Bernardo de Monteagudo, la Asamblea decidió ceder la iniciativa al poder ejecutivo. Suspendió varias veces sus sesiones, dejando en libertad al Triunvirato para gobernar sin limitaciones.
A principios de 1814, la Asamblea dio un paso más en dirección a la concentración del poder en el ejecutivo, al crear el Directorio, a cargo de un poder ejecutivo unipersonal para el que eligió a uno de los miembros más nuevos del Triunvirato, Gervasio Posadas, quien gobernó sin consultar casi a la Asamblea.
Desde la segunda mitad del año 1814, la Asamblea ya casi no se reunió: apenas dos veces más en el gobierno de Posadas, la segunda para elegirle un sucesor, en la persona del general Carlos María de Alvear. Bajo el gobierno de éste sólo se reunió una vez, sólo para refrendar lo actuado por el Director Supremo.
En definitiva, los objetivos para los cuales había sido convocada la Asamblea del año XIII se cumplieron sólo parcialmente ya que la vuelta al trono de España del rey Fernando VII y la restauración absolutista en Europa prometió acabar con cuanto revolucionario hubiese aparecido en América y Europa. Este cambio de situación mundial fue la causa principal de la falta de declaración de la independencia y de la sanción de una constitución nacional.
Si bien la Asamblea del Año XIII no cumplió con sus dos cometidos principales que fueron la independencia y la constitución, logró otros objetivos de gran importancia para el desarrollo de las instituciones del Río de la Plata:
·         Proclamó la teoría de la representación política.
·         Declaró el principio de la soberanía del pueblo.
·         Resolvió la libertad de las provincias rioplatenses.
·         Aprobó el uso de varios símbolos patrios:
·         Estableció el Escudo Nacional Argentino.
·         Encargó la composición del Himno Nacional Argentino.
·         Autorizó el uso de la escarapela argentina.
·         Abolió el uso del escudo de Armas de España.
·         Mandó a acuñar la primera moneda nacional en oro y plata en la Casa de la Moneda de Potosí.
·         Suprimió el uso de la efigie del rey de España sustituyéndola por el escudo nacional.
·         Declaró fiesta cívica al 25 de Mayo.
·         Dictó la libertad de vientres de las esclavas.
·         Puso fin al tráfico de esclavos.
·         Eliminó los mayorazgos
·         Suprimió los títulos de nobleza.
·         Derogó el servicio personal de los indios: la encomienda, la mita y el yanaconzgo.
·         Libró a los indios de la obligación de pagar el tributo.
·         Abolió la Inquisición.
·         Determinó que la religión católica era el culto oficial del Estado.
·         Declaró la libertad de cultos.
·         Estableció el  patronato.
·         Aprobó un estatuto reglamentario, que reemplazó al poder ejecutivo colegiado, el Triunvirato, por uno unipersonal, el Directorio.
·         Promulgó el Reglamento de Justicia, creando las Cámaras de Apelaciones.
·         Suprimió la práctica de la tortura y quemó los elementos de tortura en las plazas públicas.
·         Declaró una amnistía para los expatriados por causas políticas.
·         Proclamó la libertad de imprenta.
·         Ordenó realizar un censo nacional.
·         Otorgó franquicias para el comercio.
En relación al problema de la esclavitud, los diputados promotores de su abolición anunciaron que su primera medida sería la liberación de todos los esclavos en el territorio nacional. Este anuncio provocó las airadas protestas del Brasil, el principal beneficiario del comercio negrero de América del Sur, ya que muchos de sus propios esclavos se fugarían hacia el territorio rioplatense.] En consecuencia, se dictó sólo la ley de libertad de vientres: se declararon libres los hijos de los esclavos nacidos en territorio de las Provincias Unidas después del 31 de enero de 1813. La esclavitud se aboliría definitivamente con la sanción de la Constitución Argentina de 1853, en las provincias interiores, y en 1861 en la provincia de Buenos Aires.
Proyectos constitucionales.
Si bien la Asamblea del Año XIII no logró sancionar una constitución ante ella se presentaron dos proyectos constitucionales. El primero fue redactado por la Sociedad Patriótica y el segundo, por una "comisión oficial" nombrada a tal efecto por el Segundo Triunvirato. Estos dos proyectos presentados a la Asamblea tenían en común la división de poderes, la forma de estado unitario y la forma de gobierno republicana.
Además, hubo otros dos proyectos constitucionales, ambos anónimos. El primero de ellos era similar al de la "comisión oficial" y el último adoptaba como forma de estado el federalismo.
A pesar que la Asamblea fue convocada con el fin primordial de sancionar una constitución no trató ninguno de los cuatro proyectos constitucionales.
Instrucciones del año XIII
 
       Las Instrucciones del año XIII fueron el mandato que llevaron los diputados de la Provincia Oriental a la Asamblea Nacional General constituyente de 1813 de las Provincias Unidas del Ríos de la Plata. En 1813 la junta de Buenos Aires decidió convocar a todos los pueblos de las Provincias Unidas del Ríos de la Plata para que enviaran representantes a una asamblea, para definir el tipo de gobierno del nuevo país.
Las Instrucciones del año XIII defendían los conceptos de independencia, república y federalismo. Proponían "conservar la igualdad, libertad y seguridad", que el gobierno federal se situase fuera de Buenos Aires, liberar el comercio entre provincias, determinar el derecho de posees armas y declarar puertos libres a Maldonado y Colonia. Por otra parte, el documento definía los límites de la Banda Oriental.
El contenido del documento, opuesto al proyecto de nación unitaria liderado por Carlos María de Alvear, determinó el rechazo de los diputados orientales, que no pudieron incorporarse a la Asamblea.
Luego de la caída del gobierno del Primer Triunvirato y la creación de un Segundo Triunvirato, el Cabildo de Buenos Aires aprobó un reglamento que debía acatar el nuevo gobierno y que prescribía, que éste debía de convocar una Asamblea General de las provincias dentro del lapso de tres meses "precisa e indispensablemente". Dicha asamblea tenía como objetivo central el de redactar una constitución provisoria y tendría un poder tan extenso "como quieran darle los pueblos". Si bien no se hablaba directamente de independencia, en la fórmula del juramento que se prescribía para todos los miembros del Triunvirato se eliminaba toda referencia a España y a Fernando VII.
La Asamblea se reunió el 31 de enero de 1813. Para su correcto funcionamiento previamente se había aprobado un procedimiento al cual los pueblos debían ajustarse para la elección de sus representantes, estos representantes debían de concurrir a la Asamblea General provistos de un pliego de instrucciones en las que se consignase la voluntad de sus electores sobre los temas que considerasen importantes.
Apenas se hubo incorporado al segundo sitio de Montevideo, José Rondeau apremió a Artigas para que se jurase fidelidad a la Asamblea reunida en Buenos Aires. El caudillo, sin embargo pidió que se postergara esa ceremonia hasta la realización del Congreso Provincial que había convocado y se abrió el 5 de abril de 1813 en la quinta de Manuel Sainz de Cavia, situada en Montevideo, en la actual intersección de las calles avenida Italia y Morales (donde se encuentra el Hospital Británico). Artigas a pesar de hacer caso omiso a algunas reglamentaciones de la Asamblea General como el número de representantes que debía de escoger etc., se dispuso a formar el Congreso de Tres Cruces (nombre del Congreso Provincial) en reconocimiento a la Asamblea General, eligió los representantes y redactó las instrucciones que debían llevar los representantes, las llamadas Instrucciones del Año XIII.
El primer día de reunión Artigas expuso sus ideas a los diputados en el discurso conocido como la Oración de Abril. En ésta, reconoció Artigas que su autoridad como jefe debía dar paso a la propia decisión del pueblo "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana". El mismo día se redactó el acta de condiciones de reconocimiento. Allí se planeaba:
·         Los orientales debían ser públicamente reivindicados, ya que Manuel de Sarratea, los había considerado traidores.
·         Debía mantenerse el sitio de Montevideo que se había iniciado en 1812.
·         Se respetaría la autonomía de la Banda Oriental, que pasaría a considerarse una provincia.
Participes de la redacción de las Instrucciones del año XIII
El texto de las instrucciones que recibieron los diputados (representantes) no fue, al parecer, discutido en el congreso; se habla de una tercera reunión plenaria el día 15 de abril, pero no hay constancia de ésta. El documento expresa entonces las opiniones de Artigas y su círculo íntimo. La redacción correspondió, sin duda, a Miguel Barreiro, sobrino segundo de Artigas y, por entonces, su más estrecho colaborador. Si bien las mismas han sido atribuidas a José Benito Monterroso —también sobrino segundo y secretario de Artigas— o a Dámaso Antonio Larrañaga, pero ninguno de los dos asistió al Congreso: Larrañaga estaba en Buenos Aires y Monterroso en Córdoba, realizando sus estudios eclesiásticos.
El pensamiento federalista expresado en las Instrucciones fue la causa principal por la cual los diputados orientales (quienes eran: Mateo Vidal, Felipe Cardoso, Marcos Salcedo y Francisco Bruno de Rivarola) fueron rechazados al llegar a Buenos Aires y no se les permitió ingresar a la Asamblea. Los diputados Dámaso Gómez Fonseca (por Maldonado), y Dámaso Antonio Larrañaga (por Montevideo), habían sido elegidos de la forma prescrita y antes del Congreso de Tres Cruces, por lo que fueron admitidos. Sin embargo, Larrañaga cedió sus poderes a Tomás García de Zúñiga, enviado de Artigas, quien a su vez desistió de incorporarse. Gómez Fonseca, residente en Buenos Aires, fue vicepresidente de la asamblea durante el mes de mayo de 1813.
Los 20 artículos[
Los artículos de las Instrucciones suelen ser divididos en tres grupos:
1.     Los que se refieren a la organización general del estado.
2.     Los que se refieren a la organización particular de cada provincia.
3.     Los relativos a la Provincia Oriental.
Todos ellos, sin embargo tienen como base tres ideas fundamentales:
1.     Independencia, concebida como la separación nacional de todas las provincias del viejo virreinato platense respecto al poder colonial español.
2.     República, en oposición a las teorías monárquicas sostenidas por un sector de la dirigencia revolucionaria porteña.
3.     Federalismo, aplicado en dos etapas: una inicial confederación ofensivo-defensiva entre las provincias, para derivar luego en una constitución de un Estado federal.
·         El artículo primero busca la independencia de las provincias del poder español y desea cortar lazos de fidelidad con la familia real.
·         El artículo 2º consagra la igualdad de las provincias, una vez lograda la independencia de España, a través del pacto recíproco.
·         El 3º y 4º promueven la libertad civil y religiosa y tienen como objeto conservar la igualdad de los ciudadanos y de los pueblos; y sobre cuyas bases debería organizarse tanto el gobierno nacional como el provincial.
·         El 5º y 6º se refiere a que los poderes se debían organizar en un sistema de gobierno republicano, es decir, que el poder se ejercería a través del legislativo, ejecutivo y judicial y la independencia de éstos.
·         El artículo 7º explica que las provincias tendrán un gobierno Federal, y se expresa que el gobierno supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado.
·         Los artículos 8º y 9º se refieren a los límites de la Banda Oriental, por los que se reclaman los siete pueblos de la Misiones Orientales.
·         El artículo 10º habla de la confederación y de la protección que se deben entre sí las provincias.
·         Los artículos 12º y 13º mencionan sobre la habilitación de puertos.
·         El 14º menciona las tasas arancelarias, donde no existirán preferencias.
·         El 16º trata sobre el régimen de organización interna de cada provincia, mencionando que cada provincia tendrá su propia Constitución.
·         El 17º y 18º regulan la milicia de cada provincia y las potestades de cada una para nombrar oficiales y reglar la milicia, a fin de evitar el despotismo militar. Para ello el 17 establece la inviolabilidad del derecho de los pueblos a guardar y tener armas.
·         El 19º es el que genera más enfrentamiento con la élite que gobierna Buenos Aires, ya que establece que el sitio de residencia del gobierno "precisa e indispensablemente", ha de ubicarse fuera de Buenos Aires.
·         El 20º establece que el gobierno central tendrá que prestar toda su atención para "preservar a la Provincia las ventajas de la libertad y mantener un gobierno libre de piedad, justicia, moderación e industria".

El Congreso de Tucumán - julio de 1816
El 9 de julio de 1816  el Congreso de Tucumán declaró la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Pero la cuestión de la emancipación no era lo único a debatirse. Durante las sesiones que se celebraron ese año, se suscitó un intenso debate respecto a la forma de gobierno que adoptarían las Provincias Unidas. A continuación transcribimos un fragmento del libro Historia Argentina, de José María Rosa, en donde el autor rescata esta polémica, y las diferentes posturas de los protagonistas de aquellas jornadas.
El 26 de mayo el Congreso de Tucumán aprobaba el “plan” o nota de materias que deberían tratar en sus sesiones, elaborado por Gascón, Bustamante y Serrano. (…) El 3 de julio… (el Congreso) se dispuso entrar a tratar la independencia… (…)
Solamente los diputados de Tucumán y Jujuy tenían instrucciones de hacerlo. Pero Belgrano había llegado a Tucumán con la noticia de que Inglaterra se desinteresaba de la causa de América, y por lo tanto sus consejos no tenían el valor que tuvieron los de Strangford cuando apoyaba, por lo menos de palabra, a la Revolución del Río de la Plata. San Martín era otro campeón de la independencia; por esa causa se había separado de Alvear y alejado de la logia. Güemes también la sostenía. En cuanto a las provincias de la liga de Artigas, entendían –como lo escribía Artigas a Pueyrredón el 24 de julio- que “hace más de un año enarboló su estandarte tricolor y juró independencia absoluta y respectiva” (en el Congreso de Oriente, que debió ocurrir el primer día de sus sesiones el 29 de junio de 1815. Los diputados cedieron a la presión de Belgrano, San Martín, Güemes y Artigas…
Modificación del acta, y juramento (19 de julio).
" ... Libres de los reyes de España y su metrópoli", podía permi­tir anexarse como colonia a Inglaterra como lo quiso Alvear en 1815, o a Portugal como habría de proyectarse en breve. Medrano pidió sesión secreta el 19 de julio y exigió que en la fórmula del juramento a tomarse al ejército se agregase “... y de toda otra dominación ex­tranjera", variándose de paso el acta pues "de este modo se sofocaría el rumor esparcido por ciertos hombres malignos de que el director del Estado, el general Belgrano y aun algunos individuos del Soberano Congreso alimentaban ideas de entregar el país a los portugueses". Naturalmente fue acordado, aunque tal vez a regañadientes.
La cuestión de la forma de gobierno (julio).
El 6 de julio había sido recibido Belgrano, en sesión secreta, para informar del estado de Europa y las posibilidades de la guerra contra España. Sus palabras precipitaron la declaración de la independencia.
Dijo: 1) que si la Revolución había merecido en un principio sim­patías de las naciones europeas "por su marcha majestuosa", en el día y debido a "su declinación en el desorden y la anarquía... sólo po­díamos contar con nuestras propias fuerzas"; 2) que las ideas republi­canas ya no tenían predicamento en Europa y ahora "se trataba de monarquizarlo todo", siendo preferida la forma monárquica-constitucional a  la manera inglesa; 3) que la forma de gobierno conveniente al país era, por eso, la monarquía "temperada" llamando a la dinastía de los Incas "por la justicia que envuelve la restitución de esta Casa tan inicuamente despojada del trono", el entusiasmo general se despertaría en los habitantes del interior, y podía "evitarse así una sangrienta revolución en lo sucesivo"; 4) que España estaba débil por la larga guerra contra Napoleón y "las discordias que la devoraban', pero con todo "te­nía más poder que nosotros y debíamos poner todo conato en robustecer el ejército"; que Inglaterra no ayudaría a España a subyugarnos, "siem­pre que de nuestra parte cesasen los desórdenes"; 5) que la llegada de tropas a Brasil no tenía miras ofensivas contra nosotros, y sólo "precaver la infección (del artiguismo) en el territorio del Brasil"; que el carácter del príncipe don Juan era pacífico y "enemigo de conquistas", y estas provincias no debían temer movimiento de aquellas fuerzas.
Las palabras de Belgrano encontraron eco cuatro días después en la declaración de la independencia, ya que debíamos hallarnos "librados a nuestras propias fuerzas". Y en el debate sobre forma de gobierno que empezaría en la sesión del 12, donde la gran mayoría -y después la unanimidad menos Godoy Cruz- estaría por la forma monárquica con un descendiente de los Incas.
El origen de ese debate sobre forma de gobierno, antes de una dis­cusión constitucional, es notable. El presidente, aprobada en la sesión del 12 el acta de la independencia (que sería modificada el 19), propuso se estableciese el sello del Congreso; Bustamante observó que debería esperarse a la forma de gobierno, pues de ella depen­derían las armas y timbres que lo adornarían; Acevedo empezó a tratar el tema inclinándose por "la monarquía temperada en la dinas­tía de los Incas" con capital en el Cuzco. Fue apoyado por otros ora­dores que no nombra el acta.
El debate seguiría el 15. Oro dijo que sería conveniente consultar antes la voluntad de las provincias, y si el debate seguía "precediéndose sin aquel requisito a adoptar el sistema monárquico constitucio­nal a que veía inclinados los votos de los representantes, se le permi­tiese retirarse del Congreso".
Fray justo faltó a las siguientes sesiones, comunicando el 20 por boca de Laprida que "el no asistir a las discusiones acerca de la forma de gobierno era porque las consideraba extemporáneas y por la necesidad de consultar antes a su Pueblo, pero que lo haría si el Soberano Con­greso se lo ordenase" dándole un documento para satisfacer a San Juan que no le había dado instrucciones a ese respecto. Aceptado, Oro vol­vió a las sesiones. No es que fuera republicano, como ha recogido la leyenda, sino meticuloso de sus poderes. En las sesiones secretas del 4 de setiembre, donde se votó la forma de gobierno, aprobó la monarquía constitucional  - y algo más también - con el solo agregado de "que esto podrá hacerse cuando el país esté en perfecta seguridad y tranquilidad".
El 19 siguió el debate: Serrano analizó las ventajas de un gobier­no "federal" (por decir republicano) "que hubiera deseado para estas Provincias", pero ahora "por la necesidad del orden y la unión, rápida ejecución de las providencias y otras consideraciones" se inclinaba a la monarquía temperada; Acevedo renovó que se adoptase la mo­narquía del Inca, adherida por Pacheco. El 31 Castro se adhirió a la monarquía constitucional con el Inca; lo mismo hicieron Rivera, Sánchez de Lorca y Pacheco, y considerando este último suficiente­mente discutida la materia pidió votación. Acepta Acevedo siempre que se vote el agregado de que el Cuzco sería la capital del nuevo reino; opónese a esto último Gascón, que quería mantener la capital en Buenos Aires. No se votó por entender que si había pronunciamien­to general en favor de la monarquía temperada, no era lo mismo en cuanto a la dinastía del Inca y a la capital en el Cuzco. El 5 de agosto Thames, que preside, se manifiesta en favor del Inca; Godoy Cruz se expresa en favor de la monarquía pero no acepta al Inca, arrastrando a Castro, que rectifica su voto en favor del Inca dado anteriormente; Aráoz cree que debe tratarse primeramente la forma de gobierno y después establecerse la dinastía; Serrano también se pronuncia en contra del Inca y es rebatido por Sánchez de Lorca y Malabia, sostenedores del monarca indígena. El 6 de agosto, Anchorena pronunció el único discurso en favor del republicanismo del debate (que rectificaría al votar), diciendo que la forma monárquica convenía a los países aristocráticos de la zona montañosa de América, pero no sería aceptada en la llanura, de hábitos más populares. Creía que la sola manera de conciliar tipos tan opuestos era "la fede­ración de provincias".
¿Quién sería el descendiente del Inca que se proponía para rey de América del Sur? ... En las burlas de los periodistas de Buenos Aires, se dijo que al rey patas sucias habría que buscarlo en alguna pulpería o taberna del altiplano. Pero no era cierto que los partidarios de la coronación de un Inca no tuvieron en cuenta quién sería el candidato: Tupac-Amaru tenía un hermano, ya casi octogenario, preso en los cala­bozos de Cádiz, y parientes en su confinamiento de Tinta. En uno u otros pensaban los diputados de Tucumán.
Debe comprenderse que por el estado de las ideas en Europa, la forma monárquica parecía ser la conveniente para conseguir que se reconociese la independencia. Y antes que un príncipe español, o portugués, o fran­cés, o inglés, era más patriótico coronar uno nativo de América. El prin­cipio de la legitimidad era agitado por la Santa Alianza, ¿y qué monarca más legítimo en América del Sur que el descendiente de sus antiguos reyes? El proyecto no era tan descaminado, y debe reconocerse que la capital en el Cuzco como quería el catamarqueño Acevedo significaba la unidad de América.

LA VOCACION MONARQUICA Y EL CONGRESO DE TUCUMAN.

                                                                          Héctor J. Zimerman

            Para introducirnos al tema que nos ocupa, es necesario trabajar con una noción de proceso y en consecuencia es  prudente visualizar el contexto histórico en el que se va a desarrollar el Congreso de Tucumán. Para ello, es necesario comprender la situación predominante en las Provincias del Río de la Plata por la caída del Imperio Napoleónico en 1815, como también revisar el escenario que tuvo lugar con anterioridad y durante la constitución del Congreso de Tucumán.

            La caída del Imperio Napoleónico implicaba la erupción de una serie de factores que hacían a la economía, la política, el mundo de las ideologías y las sociedades europeas.

            Desde ésta óptica, aparece por primera vez en el concierto internacional la idea del equilibrio del poder. Las transformaciones que había producido la invasión napoleónica a sus vecinos, a otros más lejanos y a otras regiones recónditas, no podría destruirse alegremente, al tiempo que  algunas reformas trascendentales de la legislación y la economía, quedaría vigentes con suficiente beneplácito de los pueblos que habían visto pasar su tropa y se convirtieron en vasallos hasta el desastre de Waterloo.

            El concierto europeo se armó aquí a partir de ciertos consensos básicos: 1. la territorialidad, 2. la nacionalidad, 3. la restauración monárquica, 4. el cristianismo, y 5. la paz en base al equilibrio del poder.

            1.- En cuanto a la territorialidad, poco se discutieron las concesiones en las que terminó el trazado fronterizo. Polonia fue la gran perdedora al ser repartida entre las potencias ganadoras, España recobraba sus posesiones de antes de la invasión de 1808, Rusia se quedaba además con la actual Finlandia e Inglaterra no iría a reclamar más que la expansión de sus comercios y el dominio de los mares, cerrando incluso su capacidad industrial a la exportación y en sentido inverso derribando las barreras arancelarias proteccionista que había extendido Napoleón a favor de los productos franceses.

            2.- La Nacionalidad, comenzaba incipientemente a enlazar territorio y nación, esto posiblemente tenga el mejor ejemplo en su origen, en el discurso de Fichte que ya habla de la nación alemana invocando a la Gran Germania. También se puede considerar el inicio de la autodeterminación de los pueblos en cuanto a no cambiar su status civil y político por una invasión extranjera. El Estado Nación todavía no cobraría vida y un ejemplo de ello es la devolución de los dominios que retomara el Papado.

            3.- La restauración monárquica lleva consigo el principio de la legitimidad, sin una resistencia popular contra la monarquía existente de la época, el proceso se configura de la siguiente forma: las poblaciones locales se levantan contra la invasión napoleónica defendiendo su integridad territorial y su pertenencia nacional, aunque aceptando la caída del régimen feudal y la expansión de las libertades a través de las codificaciones, pero si uno observa con detenimiento la configuración de formas de gobiernos europea después del Congreso de Viena, no tiene más remedio que aceptar que hay mayoría de monarquía absolutas menos monarquías constitucionales, pero todas ellas toleradas por los súbditos.

            La búsqueda de un orden internacional que asegure la seguridad interior y la paz europea,  hizo pensar a los principales movilizadores del Congreso de Viena, la necesidad de contar con un diseño que elimine las guerras civiles denominadas de religión, pero que en realidad se pueden considerar de sucesión.

            Existía pleno acuerdo luego de las firma de los Tratados de París para celebrar un Congreso en Viena para resolver el problema del equilibrio europeo. Y aquí se invocaron los intereses colectivos y el principio de la solidaridad. El Pacto de la Santa Alianza, firmado entre Austria, Prusia y Rusia, legitimaría la política a través de la religión. Si bien la potencia británica iba a proceder con reservas, surgía claramente que el compromiso consistía en, un concierto de las grandes potencias, Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia, que evitaran algún tipo de resistencia o levantamiento posterior de Francia, junto al establecimiento de monarquías cristianas independientemente de la religión vigente en cada uno de estos países.

            Anglicanos, Católicos, Luteranos, y Ortodoxos, se pondrían de acuerdo en lo que Duroselle llamaría a una Europa legitimista clerical y reaccionaria.

            4.- El Cristianismo a partir de éste momento, pasaría a ser un eje de consolidación de las monarquías, eliminando las disputas por la sucesión al no discutir a cual de las Iglesias cristianas pertenecía el Príncipe.

            5.- El equilibrio del poder constituyó un hito fundamental en la historia de las Relaciones Internacionales. La habilidad de Metternich, Canciller de Austria, permitió que no solo tuvieron lugar  los Tratados de París por los el cuales  Francia asumía los costo de la guerra y volvía a su fronteras originales, sino que tanto vencedores como vencidos, se sentaron a la mesa para discutir la posibilidad fáctica del cumplimiento de los Tratados. Esto contempló un comportamiento recíproco entre Francia y sus ganadores. Al cabo de tres años la Francia revolucionaria veía caer parte de su conquista con restauración de Luís XVIII, conservando otras como un gobierno asambleario y una monarquía constitucional atemperada. El premio mayor fue el del retiro de todas las fuerzas de ocupación de los países vencedores quedando librada así Francia a su propio destino.

El temor mayor a partir de éste momento para las colonias americanas, aún aquellas gobernadas en nombre de Fernando VII, como las otras de temprana independencias, lo constituía el pacto de solidaridad de las potencias europeas, y la restauración de la monarquía en base a una legitimidad no discutida en los hechos.

            El criterio que primaba entonces, al momento de la reunión del Congreso de Tucumán, tenía que ver con éste contexto externo, pero también  la inestabilidad del sistema político interno no contribuía a definir la situación para la declaración de la Independencia completando el proceso iniciado en la Revolución de Mayo con la posibilidad de pasar del gobierno criollo a un gobierno argentino emancipado, sin lazo alguno con la España restaurada monárquicamente.

            Éste camino de conciliar las aspiraciones de España y de sus dominios en América, había tenido concreción a través de misiones diplomáticas que recalaran en Europa. El temor llegaba a tal extremo que fueron enviados de acuerdo a la ocasión el gran Belgrano, Rivadavia y Zarratea. En la ocasión que los dos primeros partieran, contaron con instrucciones reservadas que tenían por propósito evitar el regreso de las Colonias de España, que la administración quedara en manos americanas, y que se garantizara la libertad y la seguridad del país. En la documentación se encuentran frases tales como: “Obtener la independencia política o al menos la libertad civil de éstas provincias”.

            Ante la manifestación inicial de no intervención de los ingleses y la neutralidad de los estadounidenses, la situación quedó en manos de las negociaciones, podían existir entre los diplomáticos locales y la Corte Española. Un intento, pasó por convencer a Carlos IV, padre de Fernando VII, pero la intransigencia de éste último, minó toda posibilidad de llegar a un acuerdo.

            Mientras Rivadavia permaneció en Londres, Belgrano y Zarratea regresaron. Que quedara en Europa pasando por España y Francia tuvo el pleno convencimiento que la voluntad de Fernando VII era como la toma de sus ex posesiones por la fuerza y el nuevo sometimiento de las Provincias Unidas.

            Con éste escenario se aprestaban los representantes de las Provincias Unidas a reunirse en el Congreso de Tucumán.


            LAS PROVINCIAS UNIDAS.

            El territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, ya había tenido un desmembramiento al comienzo del Congreso de Tucumán. Éste Congreso no era más que la consecuencia de la inobservancia del Estatuto de 1815 con una paradoja, que la mayoría de las provincias prestaría acuerdo a su Art. 30 de la Sección 3ª, que exhortaba a los representantes de las ciudades, villas para el nombramiento de Diputados que hayan de formar la Constitución, quienes deberán reunirse en la Ciudad del Tucumán. Si bien el procedimiento de convocatoria era bastante engorroso, y no todas las provincias enviaron sus representantes, el Congreso comenzó a funcionar el día 24 de marzo y se hizo publica su instalación el día 25.

            El escenario interno no era tampoco el de los más favorables. Los españoles estaban en el Alto Perú y Chile, Díaz Vélez había sublevado el ejército de observación, el Litoral se encontraba todavía bajo la influencia de Artigas y las potencias militares extranjeras no definían todavía el apoyo a las revoluciones latinas, a lo que se combinaba la restauración monárquica.

            Aún con dificultades excepto Santa Fé, Corrientes, Entre Ríos, y la Banda Oriental, estuvieron el resto de las provincias argentinas.  A éstas se sumaban algunas provincias del Alto Perú, lo que ha hecho decir a García Belsunce que se distinguían tres sectores, los centralistas quienes giraban en torno a Buenos Aires, los localistas que hacían pesar las decisiones sobre las provincias interiores y los altos peruanos.

            La primer preocupación del Congreso fue designar un Director Supremo. El cargo recayó en Juan Martín de Pueyrredón, aunque lo más destacable fue la elaboración de un plan de trabajo que los autores describen por materias.

            1.- Un manifiesto explicativo (que nunca se publicó).
            2.- Deslinde de las facultades del Congreso y su duración. (que nunca se dio).
            3.- Declaración de la Independencia.
            4.- Pactos inter-provinciales, como preliminares de la Constitución (no hubo)
            5.- Forma de Gobierno.
            6.- Constitución.
7.- Plan de arbitrios para la guerra, establecimiento de un banco, creación de la moneda.
            8.- Régimen militar.
            9.- La Marina de Guerra.
            10.- De la Renta General del Estado.
            11.- Establecimiento de la Casa de Moneda en Córdoba.
            12.- Creación de Establecimientos Educativos.
            13.- Funcionamiento de la justicia.
            14.- Demarcación territorial y creación de ciudades y villas.
            15.- El Régimen Municipal.
            16.- Del Régimen Agrario.
            17.- Revisión de lo hecho por la Asamblea anterior.

            La labor del Congreso en la práctica comenzó con la declaración de la Independencia, aunque también entre los puntos más importantes se encontraba el dictado de una Constitución. En principio aunque no todos los diputados tenían instrucciones para la declaración; notables como San Martín, Güemes, o Artigas, parecían firmes en su decisión en mantenerse en forma independiente a los designios del nuevo reinado de Fernando VII una vez liberado del yugo napoleónico.

            En el resumen historiográfico, lo que más se destaca en la declaración de la Independencia el 9 de julio y su reformulación diez días después en una reunión secreta. La resolución inicial dice así: “Nos , los representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside el universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la tierra que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de Nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia e impone el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de ésta su voluntad bajo el seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama. Comuníquese, a quienes corresponda para su publicación, y en obsequio del respeto que se debe a las naciones detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración”.

            La reformulación del Acta se produjo a instancia de impedir que puedan las provincias ser anexadas como colonia a cualquier otro país imperial, como por ejemplo, Inglaterra o Portugal.

            Para crear este impedimento se agregó “y de toda otra dominación extranjera” luego del “rey Fernando VII sus sucesores y metrópoli”.

            La forma de gobierno ocupaba un espacio importante en el pensamiento de los congresales debido a la necesidad de evitar el enfrentamiento no solo con la metrópoli española, sino también con las potencias dominante en Europa. Atento a la celebración del Congreso de Viena, Aquisgran y la Santa Alianza, cualquier iniciativa de parte estaría legitimada porque tanto la legitimidad como la restauración tenían fundamentos monárquicos. Cabe discurrir también que tanto para Portugal, España, o Inglaterra, intentar poner pié en el Río de la Plata, no hubiera sido una empresa descomunal, sino simplemente una prolongación de sus dominios y poderío.

            Belgrano quién había regresaba de Europa, obró de informante para una sesión secreta del 6 de julio. En ella además de relatar los acontecimientos vivido en el Hemisferio Norte y de sumar su decepción por la imposibilidad de llegar a un acuerdo con la monarquía española o de recibir protección de Inglaterra. Manifestaba que la legitimidad como creencia imperante pasaba por monarquizarlo todo a diferencia de la etapa anterior donde las acciones tendían a republicalizarlo todo. A esto se sumaba la llegada de tropas al Brasil, aunque las noticias obtenidas propiciaban la ocupación de la Banda Oriental, para ir cercando la labor y la influencia de Artigas.

            Algunos autores sostienen que lo informado fue la causa de la precipitación de la Declaración de la Independencia, y la vía más eficaz para discutir sobre la forma de gobierno. Respecto de éste último debate podríamos hacer hincapié en dos cuestiones básicas: 1º) la forma monárquica, 2º) la relación forma de gobierno, forma de Estado.

            1.-  La forma de Gobierno Monárquica, en principio se adjudica a Belgrano haber sido el gestor de la idea de organizar el nuevo Estado independiente observando los criterios de legitimidad y restauración vigentes en Europa. Su propuesta era la de entronizar un inca. A efectos de conjugar legitimidad y legalidad, quien podría tener derecho para el acceso al trono era un descendiente de los incas que habían sido despojados de sus posesiones con la conquista española de América.

            Otra arista lamentable de éste posicionamiento también lo constituía el problema del absolutismo, por lo que una monarquía atemperada podía ser la forma de gobierno más aconsejable. Con ésta postura introdujo el debate Manuel Antonio Acevedo, que contaba con representación, consolidó la postura de Belgrano a favor de la monarquía en la última etapa de las sesiones de debates como veremos posteriormente.

            La primera tendencia antimonárquica partieron de los representantes de Buenos Aires, auxiliados incluso por la prensa central, que hacía referencia que para encontrar el príncipe heredero o rey patas sucias había que buscarlos en algunas pulquerías o tabernas del altiplano, según comenta López Rosas.

            Interregno, las discusiones se centraron también respecto de la opinión de Fray Justo Santa María de Oro, quién no asistió cuatro días argumentando la imposibilidad de que su mandato fuera suficientemente representativo como para definir la forma de gobierno. A instancia de la presidencia fue nuevamente invitado a comparecer dándole el resguardo por Secretaría de que había sido obligado a concurrir y con eso se satisfacía al pueblo comitente.

            Luego de esa incorporación, Castro Barros reafirmó el racionamiento a favor del sistema monárquico constitucional, a lo que se sumaron otros congresales especialmente Acevedo, quien reafirmó la tendencia monárquica constitucional agregando además de que la capital debería estar en Cuzco.

            José María Serrano planteó los inconvenientes para la restauración de un Imperio Inca:

            a.- La monarquía no solucionaba el problema de la independencia.
            b.- Debería establecerse una regencia interina que traería otros males.
            c.- Las pretensiones de los aspirantes al trono originaría muchas internas.
            d.- Formar una nobleza iba a ser dificultoso.

            En la medida que avanzaron las discusiones y el análisis sobre la conveniencia de acompañar la restauración con una monarquía institucional incaica fue decayendo el animo de los diputados y perdió prontamente toda perspectiva de factibilidad la revisión de la forma de gobierno y la  búsqueda de una fórmula que elimine cualquier intento de reconquista americana por las potencias europeas.

            La postura principal se puede resumir en la transcripción del Tratado de Historia de la República Argentina de Vicente Fidel López que relata así:

            “Parece fábula, pero era verdad, y no solo eran los espíritus vulgares e inconscientes los que lo creían hacedero, sino personajes de primera línea en el Congreso y en  el país. Oigamos a uno de los mas respetables: “Se dice por aquí que el congreso piensa seriamente en una monarquía constitucional, con la mira de fijar la dinastía en la familia de los Incas ¡Compañero estimadísimo! Si esto es verdad, yo respetaré a cada uno de esos honorables diputados, como a un Dios  de la patria; yo los llamaré salvadores del país, y los tendré siempre por autores de nuestra felicidad; y usted sabe mi opinión en este gran negocio. Muchas veces hablamos con la cordialidad y confianza más ingenua sobre esto, y concordábamos en que este gobierno sería el único capaz de terminar la revolución. Yo no he dejado desde entonces de propagar mi opinión: soy entusiasta por ello. Monarquía, compañero; Monarquía nuestra bajo de una constitución liberal y cesarán de un golpe las divergencias de las opiniones, la incertidumbre de nuestra suerte y los males de la anarquía. A mas de los argumentos que el mas vulgar político deducirá de las circunstancias de nuestra América, de su localidad, de sus intereses, de sus hábitos, etc., en favor de una monarquía atemperada,  la experiencia nos ha supeditado el mas ineluctable, después de haber probado todas las formas republicanas infructuosamente. Todos los patriotas de juicio están decididos por esta opinión. He oído a Dean Funés, al Dr. Valle, al provisor, al Dr. Chorroarin, al Coronel Pinto, a todos nuestros compañeros, ella es la mas conforme al sistema general de Europa, a las ideas del gabinete de Saint James, que mira hoy como una de las mayores glorias haber introducido en todas las naciones – a excepción de España – su forma de gobierno: ella hará tomar a la masa general de los indios el interés que no han tomado hasta aquí por la Revolución. Yo voy a sostener un periódico con la imprenta que ha traído el clérigo Pasos de Londres, quiero empezar por los gobiernos, y quiero que  Ud. me diga cuanto sea decible y convenga discurrirse según las intenciones del Congreso. Le pido a Ud. perdón y a mi compañero Paso, por el concepto de tímidos en que los tenía”.

            Al no prosperar en forma conjunta a la declaración de la Independencia la decisión respecto de la forma de gobierno a favor de una monarquía incaica, los congresales elaboraron otra fórmula, en la búsqueda de la protección de las Provincias Unidas frente a los intentos de España, o de la restauración del sistema colonial por cualquier otra potencia.

            El 4 de septiembre de 1816, Miguel de Irigoyen fue comisionado con instrucciones Reservadas y Reservadísimas.

            En razón de las primeras debía hacer saber a la Corte de Portugal que las Provincias del Sur estarían dispuestas a instaurar un Régimen Monárquico Constitucional bajo las bases de la Constitución Inglesa. Para ello debía solicitarse del Gobierno Portugués que se declarara protector de la libertad e independencia de estas provincias.

            Según detalla Celso R. Lorenzo, esto se podía articular así:

            a) Restableciendo la Casa de los Incas, mediante matrimonio con la Casa de Braganza.

            De no obtener éste resultado se podría optar por:

            b) La coronación de un Infante de Brasil, o

            c) De cualquier Príncipe extranjero que contraiga enlace con una Infanta Portuguesa.

          2.  Forma de Estado y  Forma de Gobierno.          De darse algunos de los casos señalados con los puntos b y c, el Monarca gobernaría bajo una Constitución que dictaría el Congreso.

            Las misiones fueron abortadas por la enérgica política de Pueyrredón, sin embargo en consideración a que la labor del Congreso de Tucumán continúo posteriormente en Buenos Aires y culminó institucionalmente con el dictado de la Constitución de 1819, rechazada mayoritariamente por las Provincias, resumiremos los intentos monárquicos en base a los ensayos históricos de Bartolomé Mitre.

1.- La primera vez que la idea de institucionalizar la monarquía apareció en Sudamérica, fue concomitante a los avances de los deseos de independencia. Alberdi encuentra antes de la Declaración de la Independencia un proyecto “inconsistente” para coronar como Rey del Río de la Plata a un Infante de España en 1814 con el apoyo de Inglaterra.

2.- Una segunda manifestación la encuentra en el intento de restaurar una monarquía incaica con sede en Cuzco vinculando al Río de la Plata en su totalidad en el Congreso de Tucumán.

3.- El tercer y último proyecto tuvo lugar con la promulgación de la Constitución de 1819, con la búsqueda de otro Rey europeo y el apoyo de Francia. Con ésta última empresa finalizan las dinastías soñadas en el Río de la Plata y empieza a transitar el proyecto mayoritario de gobierno republicano con la forma de Estado Federal.

            Aún así, la idea del gobierno Monárquico era armoniosa con los tiempos que vivían las emancipadas colonias de España en el Cono Sur. La restauración monárquica, la firmeza de la Santa Alianza, la idea de Monarquía temperada, constituían una base sólida para una monarquía limitada, con legitimidad, y consolidada pacíficamente a través del mundo de las ideas y del restablecimiento de la paz y del equilibrio del poder en Europa. El mayor problema consistía en como hallar un exitoso proceso de reconversión de una monarquía indígena en una casa reinante dentro de la modernidad alcanzada en Occidente. La posiblidad de la descendencia española hubiera traído inestabilidad e ingobernabilidad ante cualquier suceso que requiera hacer uso de  relaciones diplomáticas o institucionales con España. Una alianza con las casa de Brasil o Europa no hubieran avanzado mas allá de someterse a la ambición imperial de la descendencia lusitana , o al cambio de colonia a protectorado con alguna casa del viejo mundo. El gobierno electo popularmente, y el Estado federal, recién se impondría como modelo a mediados de siglo. Pero un nuevo intento de otra fórmula hubiera chocado con las provincias más antiguas y con las tradiciones del incipiente país. 


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