Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas - Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) - Cátedra C - Profesor: Hector J. Zimerman

jueves, 16 de febrero de 2017

MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 1

Sobre la historia y el saber histórico. Extensión y naturaleza del saber histórico.

Ponsatti enseña que, el conocimiento de lo humano, según Toynbee tiene tres maneras diferentes de contemplar y presentar los fenómenos sociales de la vida humana. 

º La indagación y registro de Hechos que constituye la técnica de la historia. Esta se refiere a relaciones humanas sociales de tipo impersonal, que se mantienen mediante instituciones en el seno de una sociedad civilizada. Ahora bien, la cantidad de tipos relaciones humanas institucionales en las civilizaciones es relativamente pequeña, habida cuenta del corto número de sociedades de esta especie que en la historia han sido. De allí la dificultad de clasificar los hechos y formular leyes en las disciplinas históricas, empeño que ha sido abordado por la filosofía de la historia. 

º La enunciación, mediante un estudio comparativo de hechos establecidos, de leyes generales que, relativas al objeto de la ciencia antropológica, cual es el estudio de los fenómenos sociales en las colectividades primitivas, es decir de las relaciones humanas de tipo institucional en esas sociedades, cuyo elevado número permite el pensamiento de una masa importante de datos y la consiguiente formulación de leyes con un margen apreciable de certidumbre. 

º La recreación artística en forma de ficción, vía de conocimiento apto para abordar las relaciones personales que por su número e índole, no pueden registrarse exhaustivamente, sin son susceptibles de encuadrarse en leyes generales. De suerte que no resulta factible expresar los datos de un modo significativo, si no es de alguna manera que proporcionan una intuición de lo infinito de modo finito, tal manera es la ficción. 

Objeto sujeto y verdad en el conocimiento en el conocimiento histórico. 

La realidad histórica y su conocimiento son términos inseparables. El hombre está inmerso en la historia, y por ende, el conocimiento de que ella tiene es muy distinto del que adquiere mediante del que adquiere mediante las ciencias de la naturaleza. En el campo del saber histórico, el sujeto que conoce no se encuentra frente a un objeto exterior y ajeno “sino que el espíritu conoce vida espiritualizada, se conoce, en realidad a si mismo”. Esta posición del sujeto respecto del objeto de conocimiento, característico de la historia y de las demás ciencias de la cultura, determina un modo singular de aprehensión del segundo por el primero, la teoria consistente en que el devenir de la historia es concebida desde el punto de vista de los fines del hombre. Comprendemos la historia en cuanto nosotros mismos formamos parte de ella. 

Por otro lado la conciencia del pasado es constitutiva de la existencia histórica. Los individuos y las sociedades, mientras no cobren conciencia de su propio ser y de su pasado, no adquieren conciencia histórica. Así la verdad, a la cual tiende el saber histórico es radicalmente diverso de la verdad buscada por las ciencias de la naturaleza, y la objetividad del primero no es asimilable a la de las segundas. La verdad de la historia es, al igual que cualquiera otra, una conformidad del intelecto con la realidad, pero su demostración nunca puede considerarse definitiva. Y su objetividad se encuentra comprometida por la actitud crítica, que la naturaleza. 

La historia consiste en la reconstrucción hecha por los vivos, de la vida de los muertos, Nace pues del interés de aquellos por el pasado. La historia científica comienza como un esfuerzo riguroso para reconstruir los hechos tal como sucedieron, en pos de la pura realidad, y mediante el empleo de métodos y técnicas estrictos. En un segundo momento, la reflexión que enjuicia y valora el esfuerzo científico, adquiere una capital importancia. Así Nietzche observa que la reconstitución del pasado no es un fin en sí mismo, sino que estando inspirada en por un interés social, halla también su objetivo en un fin actual, se busca en la historia no una verdad especulativa, sino una verdad práctica, capaz de iluminar la acción presente y futura del hombre. 

Paralelamente, la crítica kantiana destaca que la historia no consiste en una reproducción lisa y llana del pasado, sino que el sujeto elabora, a partir del dato informe, un mundo inteligible. 

La historia no se ocupa de abstraer esencias de todo lo singular, sino de aquellos aspectos de lo singular que se considera importante. De allí que la dirección que asume la atención y la intención del historiador, derivada de su posición intelectual, adquiere un papel decisivo. Es, entonces, fundamental la manera en que tiene lugar la selección de aquellos datos que el historiador considera los suficientemente relevantes como para dirigir a ellos su atención. La crítica kantiana enseña al respecto que los acontecimientos que retiene el conocimiento histórico son los referidos a valores, es decir a centros de interés provenientes de una escala que concede a aquellos cierta categoría e importancia. Es decir que retenemos del pasado lo que nos interesa, con lo cual la selección histórica sólo tiene validez para los que aceptan el sistema de valores que sirve de referencia. Cada historiador formula sus preguntas y las elige a su propio arbitrio, lo que puede conducir al riesgo de un despiadado relativismo. Así Maritain enseña que tal relativismo solo puede superarse en la persona del sujeto que conoce: 

“Para el historiador es un requisito previo que posea una profunda filosofía del hombre, una cultura integral, una aguda apreciación de las diversas actividades del ser humano y de su comparativa importancia, una correcta escala de los valores morales, políticos, religiosos, técnicos y artísticos. El valor, quiero decir la verdad, de la labor histórica estaría en relación con la riqueza humana del historiador. Tal posición implica ausencia de subjetivismo. En la historia hay verdad. Y cada uno de los componentes de la disposición intelectual del historiador, posee su propia verdad específica. Pero la verdad de la historia es fáctica no racional, por consiguiente sólo puede ser sustanciada mediante signos, según el modo en que cada dato individual y existencial, haya sido considerado, y aún cuando en muchos aspectos pueda ser considerada conjetural pero con certeza, propiamente hablando no puede conocerse ni mediante la demostración ni puede comunicarse perfectamente convincente porque, en último análisis, la misma verdad de la la labor histórica envuelve toda la verdad que el historiador como hombre posee; presupone en el una verdadera sabiduría humana"

Historia y filosofía de la historia. 

El historiador utiliza los elementos propios de la filosofía de la historia para lograr una interpretación coherente de un fragmento del pasado. En cambio el filósofo de la historia ensaya una interpretación general del pasado. Para Raymon Aron “reducido a lo especial, la oposición me parece doble: por un lado depende de la amplitud del objeto, teniendo siempre el filósofo al conjunto y el sabio a un fragmento…..No pretende fijar la verdad de la evolución humana, sino simplemente la realidad del devenir”. La filosofía de la historia, en cambio, consiste en la interpretación del conjunto del pasado humano. Consta de dos etapas fundamentales; la constitución de conjuntos y la determinación del sentido. Ambos temas son correlativos, pues si el conjunto sólo es tal con relación al sentido, estas sólo adquieren relevancia con relación al conjunto. Para trazar la frontera entre la ciencia y la filosofía de la historia, resulta entonces, decisivo el problema de la determinación de los conjuntos que constituyen un campo inteligible de estudio. Los temas fundamentales de un estudio comparado de las sociedades que de pie a una filosofía de la historia, son aquellos relativos a la delimitación, definición y enumeración de los conjuntos, por una parte, y, por la otra, la determinación de los principios capaces de dotar de un sentido unitario al devenir histórico. 

Raymond Aron entiende que la formulación del objeto del estudio histórico requiere cuatro preguntas. 1.-Como han vivido los actores. 2.- Porque y como ha sucedido esto. 3.- Cuales son las unidades históricas. 4.- Cuales son los esquemas de cambio. Dicho de otra manera, hay que actuar de conformidad con la articulación de la realidad, descubrir, si existen, las grandes líneas del devenir al que se hallan sometidas tanto la humanidad en su conjunto como cada unidad histórica. 

Para el primer tema, hay que recurrir a un método dialéctico. Un individuo posee disposiciones congénitas y es una singularidad irrepetible. A su vez, comparte caracteres comunes con los demás individuos. Operan sobre los factores naturales e histórico-sociales, los que condicionan ya a veces determinan su conducta. Todos

Estos elementos se encuentran en una constante interacción recíproca. Abordar uno solo de ellos es reducir la conducta individual y lleva a interpretaciones erróneas. 

El segundo; la explicitación de los acontecimientos, nos conduce a analizar las tesis extremas que se han formulado al respecto. Por una parte, hay quienes afirman que en la historia campea irrestrictamente la libertad del hombre, que son las conductas individuales, en especial la de los grandes hombres, las que determinan absolutamente el curso de los acontecimientos. Quienes tratan de explicar los acontecimientos reduciéndolos a una sola causa determinante, llevará a lo étnico conducir al racismo, la dialéctica y la estructura económica al marxismo. Oportunamente se tratan los temas tercero y cuarto. 

El Objeto del saber histórico

El fin genérico del conocimiento es relatar y reconstruir lo que ha sido, lo que ha devenido. Así el devenir deja monumentos y documentos que analizados y estudiados por el historiador serán traídos a la actualidad luego de una rigurosa selección. El objeto puede ser descripto como una realidad que ha dejado de ser. Correlativamente, las conductas individuales no son comprensible aisladas de su medio histórico social. El conocimiento histórico, en consecuencia, no tiene por objeto una colección arbitrariamente compuesta de hechos aislados, sino conjuntos articulados, individuales. ¿Cuál será, pues ese conjunto que constituye una unidad? 

º Los acontecimientos, conjuntos de conductas humanas delimitadas en el tiempo y en el espacio, pensados con relativa nitidez pos sus actores.

º Las series, conjuntos de acontecimientos vinculados entre sí, también delimitados en el espacio, pero de mas difícil intelección que los meros acontecimientos. 

º Los seres sociales, integrados por individuos, pero irreducibles a la suma de ellos. No son una realidad biológica ni físico-química. Pero tampoco una abstracción. Las sociedades son seres relacionales, de segundo grado, unidades de orden. Su realidad se sitúa a tres niveles; vínculos objetivos comunes, conciencia ellos en los individuos, voluntad de pertenencia al grupo por parte de éstos. 

º Las instituciones sociales, políticas, económicas, religiosas, culturales, conjuntas de conductas y creencias de los cuales se componen las sociedades, son pensadas con la ayuda de conceptos, distinguiendo, según sus características comunes y relaciones recíprocas, regímenes típicos.

º La historia, como un conjunto integrado y global, objeto extraño a las ciencias sociales particulares, que se contentan con analizar y comparar los conjuntos parciales en sus distintos sectores. 

Que es la historia. (siguiendo al Autor. E.H.CARR.)

Para este escritor, la historiografía ha determinado en el siglo XIX, que al historiador no le hacía falta tener ideas. Su misión era proveerse de una buena técnica de prospección de datos, convertirse en un excelente conocedor delas fuentes; bibliográficas y documentales, y proceder a la recopilación de hechos históricos. Las teorías de la historia, en este sentido, han venido tradicionalmente de los filósofos (Hegel y Marx), por ejemplo. A lo largo del siglo XX, la historia se ha ido afianzando como una ciencia social, al lado de la sociología, la economía y l antropología. En la actualidad, la tarea de investigación, y consecuentemente la reflexión sobre el objeto de esta tarea, sobre los métodos y las finalidades de la misma son llevadas a cabo por el historiador. 

Carr explica que el historiador no es un meramente un consignador de datos factuales, sino que sale al encuentro de éstos, los demanda. El sujeto y el objeto de la investigación histórica no están para Carr de ningún modo divorciados, al contrario, mantienen una continua interacción. La necesidad de fijar estos datos básicos no se apoya en ninguna cualidad de los hechos mismos, sino en una decisión que formula el historiador a priori. 

La categoría de hecho histórico no está dada de por si. Es el historiador, el sujeto que investiga es quien decide, merced a la ordenación y selección, que hechos poseen relevancia histórica. La historia no es un producto subjetivo de su mente, sino que es un proceso continuo de interacción entre el historiador y sus hechos, un diálogo sin fin entre el presente y el pasado. En este diálogo el historiador aparece como un producto de la sociedad en que vive, y en último término, de la historia. Decir que el historiador no es un individuo abstracto, sino concreto, producto de unas circunstancias históricas y sociales, equivale a sostener que la historia no está hecha por individuos, sino por la sociedad entera. Estas anónimas multitudes que desfilan por la historia constituyen una fuerza social cuya acción es el objeto de la investigación histórica. La historia, para Carr, es el proceso de la investigación en el pasado del hombre, y jamás ha de ser considerada como “biografía de grandes hombres”. 

En la tarea del historiador no hay absolutos de ninguna clase, como no sean los del propio devenir, los del cambio. Los de algo que siempre aparece como incompleto, y que solo toma forma desde el pasado hacia el futuro. Del mismo modo que no hay verdad absoluta, tampoco hay leyes en la historia como se pesaba en el siglo XIX. El carácter inmutable y universal de la ley ha sido abandonado como meta por el historiador contemporáneo, el cual, infinitamente mas modesto, pero mucho mas operativo, se contenta con la investigación de “como funcionan las cosas”. 

El contenido práctico de absolutos hipotéticos como la igualdad, la libertad, la justicia o el derecho natural, varía de un período para otro, de un continente para el otro. Cada grupo tiene sus valores que está arraigados en la historia. Cada grupo se protege a si mismo contra la irrupción de valores extraños e inoportunos que moteja con epítetos envilecedores. El historiador serio es aquel que reconoce el carácter históricamente condicionado de todos los valores, y no quien reclama para sus propios valores una objetividad más allá del alcance de la historia. La concepción que el historiador tiene de la historia refleja, pues, la concepción que tiene de la sociedad. “una sociedad que ha perdido la fe en su capacidad de progresar en el futuro, dejará de pronto de ocuparse de su propio progreso en el pasado”. 

La historia es la ciencia que tiene como objeto de estudio el pasado de la humanidad y como método, el propio de las ciencias sociales. Se denomina también "historia" al periodo que trans curre desde la aparición de la escritura hasta la actualidad.

Más allá de las acepciones propias de la ciencia histórica, "historia", en el lenguaje usual, es la narración de cualquier suceso, incluso de sucesos imaginarios y de mentiras; sea su propósito el engaño, el placer estético o cualquier otro (ficción histórica). Por el contrario, el propósito de la ciencia histórica es averiguar los hechos y procesos que ocurrieron y se desarrollaron en el pasado e interpretarlos ateniéndose a criterios de objetividad; aunque la posibilidad de cumplimiento de tales propósitos y el grado en que sean posibles son en sí mismos objetos de debate.

En medicina se utiliza el concepto de historia clínica para el registro de datos sanitarios significativos de un paciente, que se remontan hasta su nacimiento o incluso a su herencia genética.

A su vez, llamamos "historia" al pasado mismo, e, incluso, puede hablarse de una "historia natural" en que la humanidad no estaba presente (término clásico ya en desuso, que se utilizaba para referirse no solo a la geología y la paleontología sino también a muchas otras ciencias naturales –las fronteras entre el campo al que se refiere este término y el de la prehistoria y la arqueología son imprecisas, a través de la paleo-antropología–, y que se pretende actualizar como "gran historia" o "historia profunda").

Ese uso del término "historia" lo hace equivalente a "cambio en el tiempo". En ese sentido se contrapone al concepto de filosofía, equivalente a esencia o permanencia (lo que permite hablar de una filosofía natural en textos clásicos y en la actualidad, sobre todo en medios académicos anglosajones, como equivalente a la física). Para cualquier campo del conocimiento, se puede tener una perspectiva histórica –el cambio–– o bien filosófica –su esencia–. De hecho, puede hacerse eso para la historia misma (véase tiempo histórico) y para el tiempo mismo (véase Historia del tiempo de Stephen Hawking, libro de divulgación sobre cosmología).

Historia como ciencia 

Dentro de la popular división entre ciencias y letras o humanidades, se tiende a clasificar a la historia entre las disciplinas humanísticas junto con otras ciencias sociales (también denominadas ciencias humanas); o incluso se le llega a considerar como un puente entre ambos campos, al incorporar la metodología de estas a aquellas. La ambigüedad de esa división del conocimiento humano, y el cuestionamiento de su conveniencia, ha llevado al llamado debate de las dos culturas.

No todos los historiadores aceptan la identificación de la historia con una ciencia social, al considerarla una reducción en sus métodos y objetivos, comparables con los del arte si se basan en la imaginación (postura adoptada en mayor o menor medida por Hugh Trevor-Roper, John Lukacs, Donald Creighton, Gertrude Himmelfarb o Gerhard Ritter). Los partidarios de su condición científica son la mayor parte de los historiadores de la segunda mitad del siglo XX y del siglo XXI (incluyendo, de entre los muchos que han explicitado sus preocupaciones metodológicas, a Fernand Braudel, E. H. Carr, Fritz Fischer, Emmanuel Le Roy Ladurie,Hans-Ulrich Wehler, Bruce Trigger, Marc Bloch, Karl Dietrich Bracher, Peter Gay, Robert Fogel, Lucien Febvre, Lawrence Stone, E. P. Thompson, Eric Hobsbawm, Carlo Cipolla, Jaume Vicens Vives, Manuel Tuñón de Lara o Julio Caro Baroja). Buena parte de ellos, desde una perspectiva multidisciplinar (Braudel combinaba historia con geografía, Bracher con ciencia política, Fogel con economía, Gay con psicología, Trigger con arqueología), mientras los demás citados lo hacían a su vez con las anteriores y con otras, como la sociología y la antropología. Esto no quiere decir que entre ellos hayan alcanzado una posición común sobre las consecuencias metodológicas de la aspiración de la historia al rigor científico, ni mucho menos que propongan un determinismo que (al menos desde la revolución einsteniana de comienzos del siglo XX) no proponen ni las llamadas ciencias duras. Por su parte, los historiadores menos proclives a considerar científica su actividad tampoco defienden un relativismo estricto que imposibilitaría de forma total el conocimiento de la historia y su transmisión; y de hecho de un modo general aceptan y se someten a los mecanismos institucionales, académicos y de práctica científica existentes en historia y comparables a los de otras ciencias (ética de la investigación, publicación científica, revisión por pares, debate y consenso científico, etc.).

La utilización que hace la historia de otras disciplinas como instrumentos para obtener, procesar e interpretar datos del pasado permite hablar de ciencias auxiliares de la historia de metodología muy diferente, cuya subordinación o autonomía depende de los fines a los que estas mismas se apliquen.

Historia como disciplina académica 

El registro de anales y crónicas fue en muchas civilizaciones un oficio ligado a un cargo institucional público, controlado por el estado.Sima Qian (denominado padre de la Historia en la cultura china) inauguró en esa civilización los registros históricos oficiales burocratizados (siglo II a. C.). La crítica del musulmán Ibn Jaldún (Muqaddima -Prolegómenos a la Historia Universal-, 1377) a la manera tradicional de hacer historia no tuvo consecuencias inmediatas, siendo considerado un precedente de la renovación de la metodología de la historia y de la filosofía de la historia que no se inició hasta el siglo XIX, fruto de la evolución de la historiografía en Europa Occidental. Entre tanto, los cronistas oficiales castellanos y de Indias dieron paso en la España ilustrada del siglo XVIII a la fundación de la Real Academia de la Historia; instituciones similares existen en otros países. En especial la agregación de historia presente en los lycées franceses desde 1830 adquirió con el tiempo un prestigio social incomparable con los cargos similares en otros sistemas educativos y que caracterizó el elitismo de la escuela laica republicana hasta finales del siglo XX.

A ese proceso de institucionalización, siguió la especialización y subdivisión de la disciplina con diferentes sesgos temporales (de cuestionable aplicación fuera de la civilización occidental: historia antigua, medieval, moderna, contemporánea -estas dos últimas, habituales en la historiografía francesa o española, no suelen subdividirse en la historiografía anglosajona: en:modern era-), espaciales (historia nacional, regional, local, continental -de África, de Asia, de América, de Europa, de Oceanía-), temáticos (historia política, militar,de las instituciones, económica y social, de los movimientos sociales y de los movimientos políticos, de las civilizaciones, de las mujeres,de la vida cotidiana, de las mentalidades, de las ideas, cultural), historias sectoriales ligadas a otras disciplinas (historia del arte, de la música, de las religiones, del derecho, de la ciencia, de la medicina, de la economía, de la ciencia política, de las doctrinas políticas, de la tecnología), o centrada en cualquier tipo de cuestión particular (historia de la electricidad, de la democracia, de la Iglesia, de los sindicatos, de los sistemas operativos, de las formas -literarias de la Biblia-, etc). Ante la atomización del campo de estudio, también se han realizado distintas propuestas que consideran la necesidad de superar esas subdivisiones con la búsqueda de una perspectiva holística (historia de las civilizaciones e historia total) o su enfoque inverso (microhistoria).

Historia como escritura 

El escriba sentado (Saqqara III milenio a. C. -IV o V dinastía de Egipto-). Representa a un funcionario en actitud de comenzar a escribir, o sea, a registrar un hecho o una interpretación más o menos interesada de hechos seleccionados -económicos, militares, legislativos, religiosos-; una función de consencuencias trascendentales: sirve tanto para el ejercicio y la justificación del poder en su presente como para la preservación de la memoria histórica hacia la posteridad.

La identificación del concepto de historia con la narración escrita del pasado produce, por un lado, su confusión con el término historiografía (historia se llama a la vez al objeto estudiado, a la ciencia que lo estudia y al documento resultado de ese estudio); y por otro justifica el empleo del término prehistoria para el período anterior a la aparición de la escritura, reservándose el nombre historia para el periodo posterior.

Según ese uso restrictivo, la mayor parte de la humanidad queda fuera de la historia, no tanto porque no accede personalmente a la lectura y la escritura (el analfabetismo fue la condición común de la inmensa mayoría de la población, incluso para las clases dominantes, hasta la imprenta), sino porque los reflejados en el discurso histórico han sido siempre muy pocos, y grupos enteros quedan invisibilizados (las clases bajas, las mujeres, los discrepantes que no pueden acceder al registro escrito), con lo que ha sido objeto de preocupación de algunos historiadores la reconstrucción de la visión de los vencidos y la historia desde abajo.

Lo mismo ocurre con gran número de pueblos y culturas (las consideradas como culturas primitivas, en una terminología ya desfasada de la antropología clásica) que no tienen historia. El tópico los idealiza al considerar que son pueblos felices. Entran en ella cuando se produce su contacto, habitualmente destructivo (aculturación), con civilizaciones (sociedades complejas, con escritura). Incluso en ese momento no son propiamente objeto de la historia sino de la protohistoria (historia realizada a partir de las fuentes escritas producidas por los que generalmente son sus pueblos colonizadores por los historiadores y los antropólogos ideológicamente tengan tendencia etnocentrista (eurocentrista, sinocentrista o indigenista) o, de forma opuesta, multiculturalista o relativista cultural, existe la posibilidad de obtener o reconstruir un relato fiable de los acontecimientos que afectan a un grupo humano utilizando otras metodologías: fuentes arqueológicas (cultura material) o historia oral. En buena parte, esta diferencia es artificial, y no necesariamente novedosa: el mismo Heródoto no puede sino usar ese tipo de fuentes documentales cuando redacta la que se

considera la primera Historia, o al menos acuña el término, en la Grecia del siglo V a. C. para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones de los hombres y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido; da también razón del conflicto que puso a estos dos pueblos en la lid. Así comienza su obra titulada Ἱστορίαι (léase históriai, literalmente "investigaciones", "exploraciones", latinizado Historiae -"Historias", en plural-), seminal para la ciencia histórica, y que suele denominarse en castellano Los nueve libros de historia. La lid citada son las guerras médicas y los bárbaros, persas. 

Historia, historiografía e historiología 

En el estudio de la historia conviene diferenciar tres conceptos a veces usados laxamente y que pueden llegar a ser confundidos entre sí:

La historiografía es el conjunto de técnicas y métodos propuestos para describir los hechos históricos acontecidos y registrados. La correcta praxis de la historiografía requiere el empleo correcto del método histórico y el sometimiento a los requerimientos típicos del método científico. También se denomina historiografía a la producción literaria de los historiadores, y a las escuelas, agrupaciones o tendencias de los historiadores mismos.

La historiología o «teoría de la historia» es el conjunto de explicaciones, métodos y teorías sobre cómo, por qué y en qué medida se dan cierto tipo de hechos históricos y tendencias sociopolíticas en determinados lugares y no en otros. El término fue introducido por José Ortega y Gasset y el DRAE lo define como el estudio de la estructura, leyes y condiciones de la realidad histórica.

La historia como conjunto de hechos realmente acontecidos en el pasado de la humanidad; aunque muy frecuentemente se entiendan restrictivamente como hechos históricos únicamente a los acontecimientos trascendentes, los que tienen un alcance lo suficientemente amplio como para ser útiles para la comprensión de hechos posteriores, o al menos los que son interpretados así desde la perspectiva del historiador que los destaca o considera dignos de recuerdo (memoria histórica). La selección de esos hechos es cuestión de debate, pues cada una de las interpretaciones de la historia pone el protagonismo de la historia (sujeto histórico) en uno u otro lugar, lo que determina qué datos considerar hechos relevantes. Los partidarios de una historia política, militar, cultural, o de las instituciones no coincidirán con los partidarios de una historia económica y social; oposición expresada en los términos marxistas de superestructura y estructura o el unamuniano de intrahistoria.

Es imposible ignorar la polisemia y la superposición de estos tres términos, pero simplificando al máximo: la historia son los hechos del pasado; la historiografía es la ciencia de la historia; y la historiología es la epistemología o teoría de la historia.

Historia Constitucional Argentina. Metodología

Concepto de historia: Es la recreación intelectual del pasado humano, mediante la búsqueda de los hechos realizada sobre la base de testimonios y la exposición congruente de sus resultados.- Contenido: A la historia solo le interesan los hechos del hombre; le son indiferentes los fenómenos de la naturaleza. Tan solo se ocupa de estos cuando de alguna manera han modificado, impulsado, detenido o de cualquier forma motivado una acción humana.- Importancia y utilidad de esta disciplina: La función de la historia es suministrar a la conciencia del hombre de hoy una abundancia de materiales sobre los cuales ejercer su juicio y su voluntad, su fecundidad reside en esta extensión prácticamente indefinida que ella realiza de nuestra experiencia, de nuestro conocimiento del hombre. Es esta su grandeza su utilidad. También apoya a las ciencias sociales en el estudio de los fenómenos sociales en su dinámica a través del tiempo dándonos la posibilidad de advertir como se producen las transformaciones sociales, como se suceden las instituciones y cuales han sido los sistemas de derecho vigentes. Es un instrumento cultural en varios sentidos. Es un instrumento de solidaridad que ayuda a comprender y valorar la existencia de otras sociedades. Es un instrumento de educación moral, al ofrecer ejemplos de hombres dignos, humanos y con defectos y virtudes semejantes a los que viven el presente.- 

La historia constitucional presenta dos campos; uno que pertenece al estudio de los antecedentes y la génesis de la constitución, el otro, encarnando la ley positiva, o sea la vigente en el Estado. A su vez, al tomar los antecedentes se pueden contar, el estudio histórico de los precedentes constitucionales, la organización constitucional a través de la historia, o también, como historia de las instituciones políticas. En una acepción restringida, la historia constitucional estudia la génesis de la constitución desde el surgimiento del derecho criollo con la Revolución de Mayo, hasta la sanción de la Carta Magna de 1853 con las modificaciones de 1860, para obtener así una Federación con la incorporación de Buenos Aires. En una acepción amplia, además de lo expresado como criterio reducido, deberían agregarse las sucesivas reformas constitucionales llegando incluso hasta la de 1994. 

Metodología Historica: El método es la búsqueda de los medios adecuados para hacer con orden una cosa, este no es el mismo para todas las ciencias, el de la historia se aplica en buena medida al derecho y a las ciencias sociales. La investigación se realiza a través de tres etapas: La heurística, que corresponde a la búsqueda de noticias o testimonios sobre los hechos humanos del pasado; aquí se destacan los monumentos y documentos como testimonios de la historia. 

La crítica, donde se analizan confrontan y valoran estos testimonios, y el ordenamiento y la exposición, que son la adecuada ordenación de esos materiales y la presentación de sus resultados. La heurística: Consiste en la búsqueda de noticias sobre el hecho o los hechos objeto de su investigación. Corresponde primero efectuar una compulsa bibliográfica, es decir informarse acerca de lo que otros han escrito sobre el tema, de inmediato se impone la búsqueda de huellas o vestigios dejados por los hechos humanos investigados. A tal fin se debe recurrir a las fuentes utilizadas por los anteriores autores que se han ocupado del tema buscando nuevos datos omitidos en la obra utilizada. Finalmente se acudirá a los repositorios de testimonios (archivos y museos), donde se podrán examinar los documentos originales, editados en un NUEVO DERECHO pensando, proponiendo y preparando una nueva facultad inéditos, ya que el hallazgo de testimonios desconocidos por la historiografía constituye uno de los aspectos mas emotivos en la apasionante tarea de investigación histórica.-

La crítica: Autenticidad y veracidad. Enfrentado en investigador a un testimonio hay que determinar si es auténtico recurriendo si es necesario a ciencias auxiliares, peritajes químicos y caligráficos, etc. Es lo que se denomina crítica externa o de autenticidad, queda por conocer el grado de veracidad de las afirmaciones contenidas en el mismo. Sobre estas hipótesis debe girar la agudeza del historiador para descubrir los móviles del autor del documento y las circunstancias. 

Siendo la tarea de la historia la reconstrucción del pasado, en base a los testimonios recogidos, sometidos a la sana crítica, corresponde luego la interpretación de los datos, ya que una parte comprende la investigación y otra la comprensión. Aunque es difícil tomar una posición neutral, la labor del historiador debe hacerse con criterio riguroso y científico, esto es, con la mayor objetividad posible, sin dejarse llevar por prejuicios, conceptualizaciones a priori, o trabajar en un espacio y tiempo diferentes al sometido a estudio. Finalmente, se debe llegar a la reconstrucción -mediante el relato y la narración- del mundo pretérito. Para algunos autores, el historiador debería aportar nuevos enfoques, o sumar nuevos aspectos, además de los ya conocidos anteriormente. 

La idea del progreso. Una idea distintiva de la cultura occidental.

La idea del progreso es considerada como uno de los pilares de la visión histórica occidental. Su origen y evolución han sido temas de amplio debate. Según Robert Nisbet, uno de los más destacados estudiosos del tema: “… la idea de progreso es característica del mundo occidental. Otras civilizaciones más antiguas han conocido sin duda los ideales de perfeccionamiento moral, espiritual y material, así como la búsqueda, en mayor o menor grado, de la virtud, la espiritualidad y la salvación. Pero sólo en la civilización occidental existe explícitamente la idea de que toda la historia puede concebirse como el avance de la humanidad en su lucha por perfeccionarse, paso a paso, a través de fuerzas inmanentes, hasta alcanzar en un futuro remoto una condición cercana a la perfección para todos los hombres.” Otro de los mayores estudiosos de la materia, J. B. Bury, dijo en su obra clásica sobre la idea del progreso lo siguiente: “Podemos creer o no creer en la doctrina del progreso, pero en cualquier caso no deja de ser interesante estudiar los orígenes y trazar la historia de lo que es hoy por hoy la idea que inspira y domina la civilización occidental.” El desarrollo de la idea del progreso ha conocido diversas fases. Sus primeros antecedentes se encuentran en las tradiciones griegas y judías que darán luego origen a la síntesis cristiana, sobre la cual se edifica toda la cultura occidental posterior. Sin embargo, no será hasta la irrupción de la modernidad que la idea del progreso cobra una presencia decisiva en el imaginario occidental y se transforma en la base de una concepción marcadamente optimista de la historia entendida como superación constante del ser humano y acercamiento a formas de vida social cada vez más plenas. Como expresa Arendt : “la noción de que existe algo semejante a un Progreso de la humanidad como conjunto y que el mismo forma la ley que rige todos los procesos de la especie humana fue desconocida con anterioridad al siglo XVIII”. 

La Historia como historia de la lucha de clases. 

El materialismo histórico es la ciencia marxista de la historia, y supone la afirmación del hombre como protagonista de la Historia. Consiste en la afirmación de dos ideas: Las relaciones que el hombre establece con la naturaleza y con los demás hombres son relaciones materiales; es decir, los hombres " arrancan " a la naturaleza sus bienes (del fondo de la mina, el hierro; de los campos, el trigo, etc.) Y luego, los hombres producen e intercambian bienes materiales para poder satisfacer sus necesidades materiales (comer, beber, vivienda, etc.) A esto le llama Marx la producción social de la vida. Estas relaciones son las que dan origen, en última instancia a la ideología y a la estructura jurídico-política del Estado. Por lo tanto, se trata de un materialismo dialéctico e histórico. El materialismo marxista consiste en la afirmación de que la producción, distribución, intercambio y consumo de bienes, son la raíz de que los hombres tengan y desarrollen esta o aquella mentalidad, y elaboren estas o aquellas leyes, y se dé este o aquel modo de gobernar la sociedad. El materialismo histórico marxista es: Una interpretación de la historia a través de la materia: la materia a través de un proceso dialéctico, va haciendo la historia. Esa " materia " es " el sistema de producción de los bienes materiales "; o " las relaciones económicas de producción ". Materialismo histórico, por tanto, significa que lo que condiciona la historia humana son las relaciones económicas de producción, ya que el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual. El materialismo es una teoría científica sobre la formación y desarrollo de la sociedad: todo el desarrollo de la sociedad se explica desde lo económico, desde la producción de los bienes materiales. La base de todo orden social es la producción, y desde esta se explica toda la historia: Producción es la actividad por la que se crean bienes materiales para poder vivir. Factores de producción son los factores que intervienen en la producción: 

1.- Proceso de trabajo es aquel mediante el cual se transforma un objeto en un producto útil. Consta de: 

* El objeto sobre el que se trabaja. (la materia prima o bruta) 
* Los medios de trabajo. (las herramientas) 
* La fuerza de trabajo: La energía humana empleada. 

2.- Relaciones sociales de producción son las relaciones que se establecen entre los propietarios de los medios de producción y los trabajadores. Son relaciones: 

* Conflictivas: explotador - explotado (amo - esclavo; capitalista - obrero). Son de explotación porque el trabajador vende su fuerza de trabajo al precio y condiciones que establezca el dueño de los medios de producción. 
* Antagónicas: porque unos defienden la propiedad de los medios de producción como algo exclusivo y otros defienden esos medios como algo colectivo. 

Infraestructura económica es el conjunto de relaciones de producción. Se llama sistema económico al proceso económico global de producción, distribución, intercambio y consumo. 

Superestructura es el conjunto de ideas, creencias, instituciones, normas.... que configuran la conciencia social. Son: 

* Jurídico - políticas: instituciones y normas que reglamentan el conjunto de la sociedad. 
* Ideológicas: Conjunto de ideas, creencias, costumbres. que configuran la conciencia social; por ejemplo la Religión, la Filosofía.... 

Modos de producción es la manera como se producen los bienes materiales según las diversas sociedades: 

*Primitiva: propiedad colectiva de los bienes. 
*Esclavista: dominio y sometimiento; el esclavo es instrumento del amo. 
*Feudal: El señor es dueño de las tierras. 
*Capitalista: El capitalista, propietario de los medios de producción y de la fuerza del trabajo del trabajador. 
*Socialista: Propiedad colectiva de los medios de producción. 

Por tanto, el materialismo histórico afirma que la producción de bienes materiales, el sistema de producción concreto, es lo que condiciona toda la historia de la humanidad, que es concebida por Marx como un proceso de maduración de la especie humana para producir medios con los que satisfacer las necesidades. Pero Marx, afirma, lo mismo que Hegel, que la dialéctica es el motor de la historia, concibe la historia animada por la presencia de la contradicción en el seno de la realidad, es decir, de la materia, de lo económico. Por consiguiente, las contradicciones históricas son las que tienen lugar en el nivel de la estructura económica: en las relaciones entre los propietarios de los medios de producción y las fuerzas productivas. Estas contradicciones se manifiestan en la lucha de clases. Las contradicciones entre las fuerzas productivas y los propietarios de los medios de producción son contradicciones entre seres humanos que protagonizan esas relaciones. Las contradicciones a nivel humano son producidas por la distinta posición de unos con otros en el proceso productivo. La supresión de esos contrarios sólo se puede dar a través de la lucha, porque la dialéctica implica supresión de unos de los contrarios. Con esa lucha de clases se camina hacia la sociedad sin clases.

El Positivismo.

Consiste en no admitir como válidos científicamente otros conocimientos, sino los que proceden de la experiencia, rechazando, por tanto, toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto. El hecho es la única realidad científica, y la experiencia y la inducción, los métodos exclusivos de la ciencia. Por su lado negativo, el positivismo es negación de todo ideal, de los principios absolutos y necesarios de la razón, es decir, de la metafísica. El positivismo es una mutilación de la inteligencia humana, que hace posible, no sólo, la metafísica, sino la ciencia misma. Esta, sin los principios ideales, queda reducida a una nomenclatura de hechos, y la ciencia es una colección de experiencias, sino la idea general, la ley que interpreta la experiencia y la traspasa. Considerado como sistema religioso, el positivismo es el culto de la humanidad como ser total y simple o singular.

.La Ley de los tres Estados.

Según Comte, los conocimientos pasan por tres estados teóricos distintos, tanto en el individuo como en la especie humana. La ley de los tres estados, fundamento de la filosofía positiva, es, a la vez, una teoría del conocimiento y una filosofía de la historia. Estos tres estados se llaman: Teológico. Metafísico. Positivo.

Estado Teológico:Es ficticio, provisional y preparatorio. En él, la mente busca las causas y los principios de las cosas, lo más profundo, lejano e inasequible. Hay en él tres fases distintas:Fetichismo: en que se personifican las cosas y se les atribuye un poder mágico o divino.Politeísmo: en que la animación es retirada de las cosas materiales para trasladarla a una serie de divinidades, cada una de las cuales presenta un grupo de poderes: las aguas, los ríos, los bosques, etc.Monoteísmo: la fase superior, en que todos esos poderes divinos quedan reunidos y concentrados en uno llamado Dios. En este estado, predomina la imaginación, y corresponde a la infancia de la humanidad. Es también, la disposición primaria de la mente, en la que se vuelve a caer en todas las épocas, y solo una lenta evolución puede hacer que el espíritu humano de aparte de esta concepción para pasar a otra. El papel histórico del estado teológico es irremplazable.

Estado Metafísico: O estado abstracto, es esencialmente crítico, y de transición, Es una etapa intermedia entre el estado teológico y el positivo. En el se siguen buscando los conocimientos absolutos. La metafísica intenta explicar la naturaleza de los seres, su esencia, sus causas. Pero para ello no recurren a agentes sobrenaturales, sino a entidades abstractas que le confieren su nombre de ontología. Las ideas de principio, causa, sustancia, esencia, designan algo distinto de las cosas, si bien inherente a ellas, más próximo a ellas; la mente que se lanzaba tras lo lejano, se va acercando paso a paso a las cosas, y así como en el estado anterior que los poderes se resumían en el concepto de Dios, aquí es la naturaleza, la gran entidad general que lo sustituye; pero esta unidad es más débil, tanto mental como socialmente, y el carácter del estado metafísico, es sobre todo crítico y negativo, de preparación del paso al estado positivo; una especie de crisis de pubertad en el espíritu humano, antes de llegar a la adultez.

Estado Positivo: Es real, es definitivo. En él la imaginación queda subordinada a la observación. La mente humana se atiene a las cosas. El positivismo busca sólo hechos y sus leyes. No causas ni principios de las esencias o sustancias. Todo esto es inaccesible. El positivismo se atiene a lo positivo, a lo que está puesto o dado: es la filosofía del dato. La mente, en un largo retroceso, se detiene a al fin ante las cosas. Renuncia a lo que es vano intentar conocer, y busca sólo las leyes de los fenómenos.

·El Sentido del Positivismo.

·Esta ciencia positiva es una disciplina de modestia; y esta es su virtud. El saber positivo se atiene humildemente a las cosas; se queda ante ellas, sin intervenir, sin saltar por encima para lanzarse a falaces juegos de ideas; ya no pide causas, sino sólo leyes. Y gracias a esta austeridad logra esas leyes; y las posee con precisión y con certeza. Una y otra vez vuelve Comte, del modo más explícito, al problema de la historia, y la reclama como dominio propio de la filosofía positiva. En esta relación se da el carácter histórico de esta filosofía, que puede explicar el pasado entero.

El historicismo

El historicismo nació como movimiento de redacción a la tradicional doctrina del Derecho Natural. Su importancia radica en el fuerte estímulo que aporta a la resurrección del interés por la historia. Al sostener la relatividad de los valores con referencia a la unidad histórica se pone al Derecho Natural “que es la norma invariable y constante que garantiza infaliblemente la realización del mejor ordenamiento de la sociedad humana”.

Tuvo gran importancia en el siglo pasado cuando influyó poderosamente en la concepción del derecho. Para Savigny el Derecho Histórico debe confrontarse con los derechos del hombre y adaptarse a ellos. Por lo general el historicismo para afirmarse en la historia y en la tradición, subraya ideas conservadoras, a través de una teoría relativista, termina -como escuela- por relevar todo un intento de ruptura o de cambio social. Del Vecchio ha anotado los aportes positivos del historicismo en oposición al iusnaturalismo. Ellos son, entre otros: a) reacciona contra el rígido pensar iusnaturalista con su creencia en la inmutabilidad de los supremos ideales humanos; b) se opine a la concepción de identidad permanente de la naturaleza humana a través del tiempo; c) el sujeto individual en la diversidad de sus manifestaciones históricas es el intérprete de la propia historia; d) toma al sujeto en general, el hombre abstracto del derecho natural y lo transforma en ser activo y claro; e) determina la ley de la causalidad en la historia; f) quiebra el principio de la fe inconmovible en las ideas innatas (a la manera de Locke) y de las verdades de la razón; g) fundamenta la relatividad, mediante la incorporación de factores concretos y reales; h) representa además un progreso, al considerar el derecho como un hecho o proceso colectivo; i) propugna la necesidad de la indagación histórica.

Dentro de las críticas que se formulan al historicismo se encuentran el de eludir la función valorativa de los hechos simplificando, preguntarse qué es los justo y lo injusto, lo bueno o lo malo. Otro punto de negatividad se encuentra en los autores que niegan la influencia de la ideología en el conocimiento histórico.