Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas - Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) - Cátedra C - Profesor: Hector J. Zimerman

domingo, 19 de marzo de 2017

MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 2 (LECTURA COMPLEMENTARIA: LOS JUSTOS TITULOS)

    LECTURA COMPLEMENTARIA.

JUSTOS TITULOS.
¿Tuvo España títulos valederos para justificar su conquista? ¿A quién pertenecían estas tierras? Los títulos invocados son de distinto carácter: a) desde el punto de vista religioso, se esgrimía la propia palabra divina a través de un versículo de Isaías que cita SOLÓRZANO, según el cual se profetizaba el descubrimiento de tierra en donde abundaba el oro y la plata. Conforme con algunos teólogos, en las mismas Sagradas Escrituras habría referencias a estas tierras.
“No falta también quien le parezca que en las Sagradas Letras hay mención de esta India Occidental, entendiendo por Ofir que ellos tanto celebrarán, este nuestro Pirú, Roberto Stephano, o por mejor decir Francisco Batablo, hombre en la lengua hebrea aventajado, según nuestro receptor, que fue discípulo suyo, decía que la Isla (Colón = paloma, Columbus) sería un presagio de dominio; b) la esencia de la colonización, como cruzada de tipo espiritual, llevada a España, por antonomasia portadora de dichos ideales; c) la posibilidad de llevar adelante la colonización, con el objeto de incorporar a los indios a las fe católica, que es algo así como forma de guerra santa, tendiente a la conversión de los infieles. d) Las nuevas tierras descubiertas serían ricas en oro y plata conforme las Sagradas Escrituras.
Desde el punto de vista jurídico: a) el justo título como naciendo de un propio derecho originario, a través del descubrimiento. Se trataba de un derecho derivado de la ley natural, mediante el cual podría obligarse a los indígenas a respetarlo
Igualmente; el descubrimiento mismo fue fuente  de derecho: por lo tanto, se trataría de tierras no pertenecientes a nadie, res mullius, que tampoco podrían detentar los indios, y ello engendraba subsiguientes derechos a favor de los conquistadores:
b)  el derecho emergente de las Bulas Papales. Conforme con el Tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494) se había establecido una línea demarcatoria de los descubrimientos españoles y portugueses que llegaba a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Alejandro VI concedía tal derecho a los reyes de Castilla y León, en forma absoluta, toda vez que los sucesores de San Pedro poseían los derechos necesarios para el engrandecimiento de la iglesia universal y, en tal sentido, podría repartir las tierras en poder de los infieles para la propagación de la fe católica pero al mismo tiempo se podría discutir la amplitud de tal concesión, esto es, si ella sólo se limitaba a la conversión de los inflieles.
Ahora bien, para efectivizar estas Bulas, que serían una mixtura de títulos religioso-jurídicos,  y darle plena vigencia, se hacía necesaria, a su vez, la ocupación de las tierras, pues posteriormente habría de reconocerse diversas ocupaciones provenientes de otras naciones, y España, en varios casos, debió hacerlo: el reparto sufriría variaciones, aún más cuando se comienza a discutir su validez, al cuestionarse el poder universal temporal del Papado. Estos títulos no eran exclusivos ni excluyentes, más aún cuando las Reales Cédulas posteriores hacían referencia a otros. Al manifestarse expresamente del título emergente por donación de la Santa Sede y otros títulos.
Es decir, entonces que el único título indiscutido a esgrimir por España frente a las demás naciones europeas para conservar el dominio de las nuevas tierras fue el de la ocupación territorial, como un título legal o jurídico. Los títulos originarios fueron discutidos y en lo que atañe al origen de la posesión a través de la concesión de la Santa Sede, el Padre Francisco de Vitoria negaba poder universal temporal al Papa y, aun para el supuesto de tener tal poder secular universal, no podría transmitirlo a los príncipes seglares.
c) Por último el derecho de ocupación y uso, derivado de la conquista, estaba aceptado en favor de las naciones dominantes, ya que usufructuaban el territorio, sus riquezas y el trabajo de los conquistados. Para verificar la conquista como título, lo esencial era la nueva posesión por parte del conquistador mediante el uso de la fuerza. El reconocimiento de los títulos precitados no es taxativo, de acuerdo a las circunstancias los dominadores esgrimían sus propias razones, independientemente de los ya títulos precitados.
            FUNDAMENTACION DEL DERECHO DE GENTES: (derecho que se aplica a todos los habitantes del mundo, es un derecho común a los pueblos, hombres entre sí se relacionan, pueblos entre sí se relacionan, derecho que supera las fronteras de los derechos locales, es el antiguo ius gentiumn del derecho romano que Vitoria recibe desde la romanización de España). Se trata de lo que hemos denominado como Justo Título para Vitoria, denominado sociedad y comunicación, que es el derecho de transitar por territorios de otros a Estados sin que se les prive de su libertad y de sus otros derechos (propiedad, etc.).
            Ante la violación de estos derechos, como por ejemplo de comerciar, nace el Título para que los españoles les hagan la guerra justa y penetrar en estos reinos, para gobernarlos y prepararlos para que conozcan y respeten los derechos consagrados.
            En cuanto a la evangelización y la guerra justa, Vitoria distinguía dos momentos esenciales:
            Primer Momento: Anunciación de la Fe, Es ilícito hacer la guerra justo a los aborígenes para que escuchen la palabra de Dios. (Derecho Divino).
            Segundo Momento: el de la Conversión: No es ilícito hacer la guerra justa, puesto que los indios podían elegir libremente, ya que tenían libre discernimiento (Derecho Natural), y como se afirmaba por estos pensadores, “El sol sale para Justos e InjJustos e Injustos, Libres y Esclavos, Creyentes, Creyentes y  no Creyentes”, el derecho natural es para todos, y el derecho consagra precisamente la libre elección del pensamiento.

            Otro predicador que pensaba similar a Vitoria y Las Casas, con respecto a  la evangelización era Domingo de Soto que defendía el criterio de la siguiente manera: “Que si los predicadores no eran recibidos por los indios, ni éstos oían sermones, aquéllos debían marcharse porque si nosotros tenemos el derecho de predicar no es ilícito obligar a que nos oigan y nos crean”.

lunes, 6 de marzo de 2017

MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 3

HISTORIA CONSTITUCIONAL. UNIDAD III- GUÍA DE RELECTURA.

LOS ÓRGANOS DE GOBIERNO. RESIDENTES EN LA PENÍNSULA Y RESIDENTES EN AMÉRICA.

EL REY Y SUS FUNCIONARIOS.

Los Reyes de España –de todas las Españas y de todos sus dominios de América- tuvieron plena conciencia –lo mismo cuando se trataba de un Felipe II que de un Carlos II el Hechizado, de un Carlos III que de un Carlos IV- de todo lo que significaba o podía significar, tener en sus manos y a su servicio ese poder enorme de la burocracia. Supieron que no les convenía tratar de disminuir ese poder, que les había permitido aniquilar, políticamente, a las otras fuerzas del Reino: nobleza no cortesana, Cabildos de las ciudades con su representación en las Cortes.

Supieron también que la utilización, por su parte, de ese formidable instrumento de dominación política, sólo podía conseguirse mediante un sistema de gobierno que les permitiera ser, en todo momento, árbitros de la situación, apoyándose en una doctrina que un complejo de circunstancias históricas habían hecho realizable.

Si de un lado se concedieron a Virreyes, Presidentes y Gobernadores Independientes, amplísimas atribuciones por medio de Instrucciones muy minuciosas a las cuales habían de ajustarse estrictamente en el desempeño de sus cargos respectivos.

La obligación de informar a la Corona con meticulosidad excesiva, se impuso como deber ineludible a todas las autoridades coloniales de alguna significación. Se había de informar, virtualmente, sobre todo: sobre los distintos ramos de la Real Hacienda, sobre actos de Gobierno y Administración, sobre el ejercicio por delegación del Regio Patronato Indiano, sobre asuntos de Justicia, sobre Comercio y Navegación, sobre problemas relacionados con las Misiones, las Reducciones de Indios y los Negros. Lo mismo habían de ser objeto de información actos de alta trascendencia y de interés general, que hechos de interés restringido o estrictamente particular. Esta obligación de informar era previa a todo acto resolutivo; únicamente ante imperativos de la realidad política que demandaban urgente resolución podía dictarse la providencia oportuna, dando cuenta a la Corte, a posteriori, de las decisiones adoptadas. No es exagerado afirmar que Virreyes y Presidentes, Audiencias y Gobernadores, vieron limitadas en buena parte sus actividades político-administrativas, aun tratándose de casos en que sólo se habían de aplicar normas establecidas de antemano.

Y junto a este agobiante deber informativo, la figura jurídica de la Real Confirmación.

Sería difícil tratar de delimitar el área de aplicación de esta figura jurídica-encomiendas de indios y ventas y composiciones de tierras baldías o realengas, remates y renunciamientos de los Oficios Públicos enajenables, asientos otorgados con personas particulares para la construcción de caminos o de otras obras públicas a cambio de determinadas gracias o mercedes, Ordenanzas redactadas por las Audiencias, los Cabildos Municipales y otros organismos administrativos, raro era el acto jurídico de alguna significación que no necesitase de la confirmación del Rey para obtener plena validez.

EL CONSEJO DE INDIAS.

1.- Hemos anotado las características de las casas reinantes durante el período hispánico o colonial. La monarquía era de derecho absoluto y la conquista se realiza en nombre del rey, para el rey. Es por supuesto, la máxima autoridad y la que decide en última instancia no existe –salvo Dios- autoridad alguna que pueda ejercer control sobre sus decisiones y, aun más, en las relaciones con la Iglesia se reserva el derecho de patronato. Durante los Austrias, y principalmente con Carlos V, el proceso de expansión de España resulta espectacular y la grandeza imperial semeja una reedificación del sacro imperio, en tanto con Felipe II se consolida el estado español. Es así que ese proceso expansionista obliga a la creación de instituciones para cada colonia. Los Reyes Católicos no habían consolidado el estado y las instituciones por ellos creadas participaban aun del sistema de la iniciativa privada, a través de los adelantamientos de tierras para el Rey, lo que implicaba todavía la existencia y supervivencia del régimen comunal, sistema que Carlos V arrasa, organizando las líneas del estado español.

2.- De tal manera se crea un organismo especial para las Indias, el Consejo Supremo, que es el primitivo Consejo de Castilla. Acerca de su establecimiento se fijan diferentes fechas, aunque podríamos remontar su fundación al 4 de agosto de 1524, tal como lo sostuviera Ravignani. En efecto, a partir del descubrimiento de América se designó como secretario para el despacho de Indias al arcidiácono Fonseca. Obispo de Burgos, quien fue llamado por Fernando en el año 1509 para presidir los asuntos referentes a Indias; posteriormente se habilitó una Sala especial para el tratamiento de dichos asuntos, aunque durante la regencia del Cardenal Cisneros la influencia de Fonseca amenguó notablemente. El Cardenal Cisneros estableció juntas periódicas, de carácter no permanente, que se llamaban Plenum Concilium Indiarum, que era un cuerpo de gobierno eclesiástico, militar y político. Carlos I, en el año 1517, creó la superintendencia para asuntos de Indias. Entre los años 1519 y 1520 sucedió una agria disputa entre Foncesca y Fray Bartolomé de las Casas con referencia al tema de la conquista, que terminó con el triunfo de las razones esgrimidas por las Casas; a raíz de ello se designó, en el año 1522 a Fray Gerónimo Loayas para el gobierno de Indias y en 4 de agosto de 1524; virtual fecha de la fundación efectiva del Consejo, se encargó al nombrado la presidencia, es decir, que en 1524 culmina el proceso de formación de esa institución. Diferentes cédulas reales de Carlos V, Felipe II y Felipe IV, determinan que el Consejo resida en la corte, teniendo la suprema jurisdicción de las Indias, haga leyes, examine estatutos e intervengan en todos los negocios que de ellas resultaran y dependieren y por el tiempo que a las mismas convenieren, su principal cuidado será la conversión de los indio y su buen tratamiento. El Consejo subsistió hasta 1812, aun después de la revolución, siendo suprimido por las Cortes de Cádiz y su Constitución junto con los demás consejos; Fernando VII los mandó restablecer en 1814 pero posteriormente fueron definitivamente suprimidos. La Constitución Cádiz creaba un Consejo de Estado y establecía Cortes legislativas. Según se ve, fue una institución de larga duración y de enorme importancia como órgano supremo del gobierno de las Indias.

3.- Las funciones del Consejo, en un primer momento no del todo determinadas, se fueron ordenando durante el siglo XVI; tanto el gobierno político como el administrativo quedó a su cuidado, era tribunal de última instancia en las diferentes jurisdicciones, se ocupaba del tratamiento de los indios, del nombramiento de funcionarios, de las expediciones y flotas, de las actividades científicas y del mejor conocimiento geográfico de las colonias, en fin, de todo lo atinente a Indias, con subordinación solamente a la autoridad del monarca. Se trataba de un organismo colegiado, compuesto por un presidente y ministros, en número de cinco, que a los efectos de las reuniones se dividían en Salas. Los negocios a considerar se dividían por temas en los diferentes días de la semana, tratándose de preferencia aquellos que exigían la concurrencia en pleno de los miembros del consejo, en tanto los demás pleitos eran repartidos por salas, las leyes para las Indias deberían ser los más conformes posibles a las del reino, en cuanto la permitiere la diversidad y diferencia de las tierras y naciones; en materias graves de gobierno debería concurrir todo el Consejo, en tanto en las demás con un número no inferior a tres miembros o consejeros; deberían llevarse libros de acuerdos y consultas.

El Consejo –según ya lo expresáramos.- residía en la corte, con los ministros y oficiales determinados por la ley. El presidente tenía la obligación de determinar la categoría de los asuntos y repartirlos en salas, debía formular proposiciones atinente a los mismos al Consejo y en caso de duda su voto era decisorio; en caso de impedimento era reemplazado por el consejero más antiguo; además tanto el presidente como los consejeros tenían rigurosos impedimentos: no debían tener encomiendas de indios ni negocios particulares en Indias, debían guardar estricto secreto de las actuaciones del Consejo, no podían casar a sus hijos con quienes tuvieran intereses en las colonias, no debían recibid dádivas, préstamos o presentes ni escribir cartas de recomendación, etc. Diferentes funcionarios colaboraban con el Consejo: el gran canciller, que tenían a su cargo el sello real; el teniente de gran Canciller, designado por aquél, que lo reemplazaba en caso de ausencia o impedimento; el fiscal del Consejo, a quien correspondía cuidar la estricta aplicación de la ley y defender la jurisdicción, patrimonio y hacienda real. Dos secretarios del Consejo, cada uno con dos oficiales mayores y dos segundos, tenían la obligación de asentar los decretos, ordenar los despachos, cuidar del archivo y de la correspondencia llevar los libros de provisiones y representaciones, en fin, intervenir en lo atinente a los trámites administrativos del Consejo; un tesorero general, que se ocupaba de todo lo atinente a precepciones, cobranzas, percibir condenaciones y depósitos, realizar las diligencias necesarias para la ejecución de las deudas por impuestos, etc. Había también contadores de cuentas; un alguacil mayor, que llenaba funciones de jefe de policía: tres relatores de Cámara, que tenían a su cargo la lectura y resumen de los expedientes que debía examinar el Consejo, generalmente muy voluminosos y engorrosos; un escribano de Cámara, etcétera.

Existían otros funcionarios auxiliares, alguaciles, procuradores, capellanes (para decir misa los días de reuniones), tasadores del proceso, procuradores de pobres, etc. En la ley II del título 14 se hace referencia a las obligaciones y derechos de los abogados en su actuación en los procesos. El cronista mayor del Consejo tenía por tarea la de escribir la historia general o de las provincias en particular, con la mayor precisión y verdad posibles, averiguando los hechos y acaecimientos, sus causas, ritos, antigüedades, etc., “para que de lo pasado se pueda tomar ejemplo en lo futuro, sacando la verdad de las relaciones y papeles más auténticos y verdaderos que se nos enviaran en nuestro Consejo…”, es indudable la importancia de los cronistas, que nos han legado fuentes imprescindibles e irreemplazables, a las cuales debemos recurrir para el estudio de la época, las Crónicas de Herrera, entre muchas otras, ejemplifican lo expresado. En lo referente al desarrollo de los estudios científicos de Indias también resultó relevante la figura de otro funcionario, el cosmógrafo y catedrático de matemáticas del Consejo.

4.- Numerosas e importantes fueron las funciones del Consejo de Indias.

Eran notables sus funciones legislativas: formulaba leyes, cédulas, ordenanzas, pragmáticas, provisiones reales, cuerpos que resultaban fuente de derecho indiano. Y también: “ver y examinar, para que no las aprobemos y mandemos guardar, cualesquier ordenanzas, constituciones y otros estatutos que hicieran los prelados, capítulos, cabildos … y nuestros virreyes, audiencias, consejos y otras comunidades de las Indias, en las cuales y en todos los demás reinos y señoríos en las cosas y negocios de Indias y dependientes de ellas, el dicho nuestro consejo sea obedecido y acatado, así como o son el Consejo de Castilla y los otros nuestros consejos en lo que les pertenece y que sus provisiones y mandamientos sean en todo y por todo cumplido y obedecidos en todas partes…”.

En asuntos eclesiásticos el Consejo recibía en consulta las disposiciones pontificas y atendía todo lo referente al ejercicio del patronato.

En lo administrativo eran múltiples sus funciones, aunque con el tiempo se fueron creando organismos adecuados y especializados, que naturalmente limitaron su tratamiento a los asuntos más importantes. En un principio se ocupó del despacho de los navíos a las Indias, de los gravámenes sobre las mercancías exportadas (el denominado derecho de “habería”). Establecía lo que hoy podríamos denominar “carrera administrativa”, proponiendo al rey los funcionarios para América y entendía, asimismo, en todo lo referente a cuestiones de jurisdicción en Indias.

En material judicial tenía funciones originarias y en grado de apelación. Como funciones o atribuciones privativas y originarias, se encargaba de los juicios de residencia y visita. Los altos funcionarios (virreyes, presidentes, gobernadores, etc.), se encontraban sometidos a juicio de residencia, substanciado al finalizar el mandato. Este juicio se diferencia del político, al cual quedan sometidos los magistrados o funcionarios, en que éste se substancia por actos cometidos durante el mandato y ejerciéndose las funciones, en tanto aquél es post fact, es decir, después del ejercicio de la función. Al efecto se designaba un juez residenciador que concurría al lugar donde ejercía funciones la persona residenciada y el juicio podía terminar, como solía pasar en la mayoría de los casos, aprobando los actos ejercidos durante el tiempo de la función o, en ocasiones, con sentencia condenatoria, acogiéndose las pruebas concretas, luego de lo cual el juez resindenciador enviaba un memoria Consejo para que resolviera en definitiva. En ocasiones excepcionales el funcionario podía ser exento del juicio de residencia, pero era norma general que todos los funcionarios estuvieran sometidos a él, aunque los de menor categoría eran juzgados por la Audiencia luego de escuchar el memorial del juez residenciador”. En principio era el fiscal del consejo el juez rersidenciador y su misión consistía, según ya lo dijéramos, en investigar la forma cómo se habían desenvuelto los funcionarios en sus puestos. Su misión era de substanciar y elevar el sumario, debiendo trasladarse el lugar de las funciones para recibir declaraciones.

El juicio de visita se diferenciaba del de residencia, en cuanto la visita se realizaba en cualquier momento en que surgiera una sospecha o denuncia de un fraude o abuso del poder. La visita era una inspección realizada por un juez visitador, que tenía facultades muy amplias, incluso la de suspender en sus funciones a los inculpados. Este juicio podía ser de carácter general y a raíz de la visita podrían aconsejarse las medidas para poner remedio a los males denunciados, o de carácter especial, para una determinada materia y en un ámbito y en un ámbito reducido a la designación de jueces-pesquisadores, nombrados por las más altas autoridades coloniales, aunque con atribuciones meramente informativas no pudiendo tomar providencias por sí mismos como ocurría con el visitador. En ocasiones, a raíz de las visitas, se dictaban ordenanzas condiciones para remediar ciertas situaciones injustas; así, por ejemplo, son famosas las Ordenanzas de Alfaro (que llevan el nombre del visitador Alfaro) referentes al tratamiento de los indios.

En cuanto a las funciones judiciales del Consejo, la Ley LVIII del título II expresaba que en lo posible se debería abstener en negocios de justicia, entendiendo con ello darle más características legislativas y administrativas que judiciales, pero lo facultaba, aparte de su jurisdicción y competencias originarias en los juicios de residencia y de vista, para intervenir en los pleitos de segunda suplicación y en las demandas sobre repartimiento de indios; el recurso de segunda suplicación e injusticia notoria se interponía para ante el Consejo en contra de los fallos de la Audiencia, conforme con el monto e importancia del asunto; asimismo en apelación de los pleitos criminales fallados por la Casan de Contratación, o de los civiles que vinieren de ella en montos que excedieran la suma de seiscientos mil maravedíes y asimismo podría una real cédula indicar expresamente la jurisdicción del Consejo en causas de suma gravedad que considerara debía avocarse este organismo, aun que era regla general que no podían conocer de aquéllas en las que deberían por ley intervenir audiencias y cancillerías de Indias.

Para los negocios y materias de guerra interviene el Consejo en la Junta de Guerra, formada por cuatro consejeros de cada consejo; la juntan puede ser ordinaria o extraordinaria, en este último caso convocada para casos graves y urgentes, interviniendo tanto en asuntos de guerra de mar o de tierra y también en lo referente a la hacienda de armadas y flotas, asimismo en las apelaciones de sentencias que se refieren a los individuos amparados por el fuero militar.

El Consejo interviene en lo relativo al tratamiento de los indios. Las bulas papales no sólo sirvieron para deslindar las jurisdicciones entre castellanas y portugueses, sino también tuvieron por finalidad la conversión de los infieles al cristianismo. Existen varias etapas con referencia al tratamiento conforme con los límites de nuestro trabajo. Sabemos que el indio es, desde un comienzo, considerado persona, no como cosa (al contrario del negro, al que se lo considera esclavo), aunque sometido a restricciones, algo así como un menor emancipado, triunfando la tesis no esclavista, desde las leyes de 1542 y principalmente en la Recopilación de 1680.

Si bien eran consideradas como vasallo libres de la corona, su libertad quedaba condicionada a la de las personas que requieren protección legal o tutela; también tal libertad se vio cercenada desde el punto de vista económico a través de las encomiendas y repartimientos. La ley cede, en la práctica, ante la violencia en los repartimientos para la realización de diferentes actividades económicas, principalmente cultivo de la tierra y trabajo de las minas. Fray Bartolomé de las Casas denunció en suBrevísima relación de la destrucción de las Indias el sistema de violencia y terror a que el indio era sometido. Esta obra provocó una reacción que se concretó en las ordenanzas de los años 1542 y 1543. Posteriormente se incorporan a la Recopilación de 1680 las ordenanzas de Toledo –llamadas así por el apellido del virrey del Perú que las redactaras- que hacen referencia a repartimientos y encomiendas. Ya en 1503 se reunía a los indios en “agrupamientos” en ciudades semejantes a las españolas, sin caciques, pero más tarde son compelidos al trabajo mediante el pago de salarios. Aunque, como se ha repetido reiteradamente, se trataba de un grosero engaño, pues el trabajo no se abonaba, lo que provocó numerosos levantamientos que fueron sangrientamente reprimidos. Más adelante se tiende a la supresión de los repartimientos sin desconocer, empero, la subordinación del indio. Si bien la encomienda, forma de repartimiento, tuvo origen castellano, la institución muy pronto se diferenció de la hispánica. Aunque el encomendero, que tenía a su cargo grupos de familias de indios con sus propios caciques, se obligara a proteger a los indios y cuidar de su educación religiosa, muy pronto el sistema se trocó en una modalidad de servicio personal semejante a la esclavitud. Otra forma de tratamiento de los indios se efectivizó mediante reducciones y corregimientos, según las cuales quedaban reducidos en poblaciones bajo la autoridad del corregidor de indios.

Asimismo los indios quedaban obligados al pago de un tributo de carácter personal, por lo que tal institución quedó también incorporada, lo mismo que la mita, de origen indígena, que podía abarcar diferentes tipos de trabajo aunque en la práctica prevalecía la mita minera. Según se ve, múltiples y complejos resultarán los problemas referentes a los indios. El Consejo tuvo que resolver numerosas cuestiones y dar soluciones en problemas muy complicados.

LA CASA DE CONTRATACIÓN.

1.- El antecedente de la Casa de Contratación, otro de los organismos colegiados residente en España para asuntos de América, lo hallamos en mayo de 1493, cuando Fernando e Isabel escogieron un miembro de su Consejo, Juan Rodríguez de Fonceca, arcidíacono de Sevilla y capellán de la reina, para que cooperase con Colón en los preparativos de su viaje. Más tarde que organizado como establecimiento comercial para las operaciones de importación y exportación de mercancías. En 1503 se funda la Casa de Contratación con asiento en Sevilla y se le van asignando sus funciones específicas. Por ordenanzas de Alcalá de Henares (20 de enero de 1503) se asignan tres empleados para la atención de la Casa, a cuyo cargo correría la administración de la nueva institución, además un tesorero con un contador y un secretario, luego se agregará un factor, designándose para tal cargo a Francisco Pinelo.

2.- La Casa de Contratación resulta el primer cuerpo administrativo creado en España para fortalecer sus descubrimientos y es así que de simple casa de comercio, tal como la conciben las primeras ordenanzas, depósitos o almacenes de mercaderías, y abastos navales, va adquiriendo categoría de institución muy importante. Casi enseguida realiza un registro sistemático y pormenorizado de todas las transacciones luego resulta el primer paso para el desarrollo de un sistema administrativo tendiente a la fiscalización del comercio entre España y las Indias. Así los funcionarios de América que se comunicaban con la corona debían enviar copias de sus notas a la Casa, en todos los asuntos concernientes a comercio y rentas, debiendo remitir a Sevilla una relación completa de los ingresos y egresos de las tesorerías coloniales. También se legisló sobre emigración, registro de cargamentos, instrucciones para los capitanes de mar, fletamiento de barcos previo examen de la Casa con el objeto de certificar su estado y capacidad: asimismo podía confiscar la mercancía o el oro que viniera sin registro, persiguiendo el contrabando con fuertes multas y penalidades. A mediados del siglo XVI la Casa se había transformado en una institución organizada, con funcionarios cuyas obligaciones se van legislando minuciosamente. En 1584 se dispone que la Casa tenga un presidente, tres jueces oficiales, tesoreros, contador y factor, tres jueces letrados, un fiscal, los cuales entraban en funciones previo juramento de usar bien y fielmente sus oficios, guardando fidelidad y secreto en todo lo que se le requiere. Se le confieren, asimismo, funciones judiciales en lo comercial y en materia penal o criminal en hechos cometidos en los navíos. En la Casa se proveyó a la designación de tres jueces letrados para conocer en los pleitos y negocios de justicia, de cuyas sentencias podría recurrirse al Consejo de Indias en casos criminales graves o en los civiles que tuviera un monto de más de seiscientos mil maravedíes. También se proveyó a la designación de un juez oficial en Cádiz para el despacho de los navíos de Indias.

Ya en la primera mitad del siglo XVI se instituyó una oficina hidrográfica y una escuela de navegación y luego se anexaría el personal científico, tal como cosmógrafo, piloto mayor, etc. Al frente de la escuela de navegación, dependiente de la Casa, se encontraba el piloto mayor, puesto concedido por primera vez a Américo Vespuccio en 1508. Además fueron encomendados trabajos de cartografía, destacándose figuras sobresalientes por sus viajes y sus estudios. Las escuelas de náutica de Sevilla fue, según lo afirma HARING, la más importante institución del género y objeto de admiración para los visitantes de Europa septentrional.

3.- De lo expuesto surge la evolución que, en cuanto a sus caracteres y funciones, sufre esta institución. En principio –según va lo dijéramos-, se trata de una simple casa de comercio, almacenes de mercancías, abastos navales; más tarde tiene por finalidad el estudio y situación del mercado, la compra y venta de mercancías en cuando ventajoso para las colonias, el registro sistematizado y pormenorizado de todas las transacciones. Luego se transforma en tribunal de justicia y junta económica que, por lo demás, constituyen sus caracteres fundamentales. Tan larga como proficua fue la tarea de la Casa, con facultades cada vez más amplias, aunque posteriormente la creación de los cargos de Cónsules y de la institución del Consulado hizo mermar sensiblemente algunos de sus objetivos. Numerosas disposiciones la reglamentan, a punto de diversificar sus funciones, que llegan desde el controlador de todo lo atinente a la navegación al fomento del comercio de ultramar hasta la de actuar como verdadero registro de comercio, con sentido moderno y dinámico.

AUTORIDADES UNIPERSONALES EN AMERICA: ADELANTADOS, VIRREYES, CAPITANES GENERALES Y GOBERNADORES.

1.- La primera institución creada para entender en los asuntos de América, de carácter unipersonal, es la de los adelantados. Ellos trasuntan el sentido y carácter de la monarquía de los Reyes Católicos, durante la cual persisten características herederas de los antiguos fueros. La institución tiene nacimiento en tiempos de la reconquista española, en la lucha contra los moros, y etimológicamente resulta de “adelantar”, es decir, llevar adelante. El adelantado firma con el rey las capitulaciones, contrato de naturaleza especial, por el cual se compromete adelantar para y en nombre del rey; sostener los gastos de la expedición y de la conquista a su propia costa; promover la conversión de los indios y realizar fundaciones; llevar adelante la empresa de conquista, quedando a beneficio de la Corona las tierras anexadas. En la práctica, el adelantado resulta al propio gobernador y ejerce el gobierno, tanto en la esfera política como en la administrativa y también con las facultades militares. El ejercicio su cargo no quedaba limitado en el tiempo y era de carácter vitalicio, en ocasiones es hereditario. El primer adelantado fue el propio Colón, quién recibió, además, el título de almirante, virrey y gobernador de las islas y tierra firme que había descubierto y de las demás que descubriere y al mismo tiempo se declara, en las capitulaciones suscriptas, que “por siempre jamás” pasarían dichos títulos a sus descendientes; allí se decía que el océano pertenecía a los reyes y todo lo descubierto también, dentro de los lindes la línea demarcatoria que pasaba de las Azores y Cabo Verde e iba de polo a polo. Es decir, que en las capitulaciones se determinaba que el propietario de las tierras e islas descubiertas era la corona, en el caso los Reyes Católicos y al conquistador se les entregaban varios títulos, entre ellos el de adelantado, mediante el cual reunía todos los poderes en sus manos, incluyendo la jurisdicción judicial, debiéndosele acatamiento y obediencia. Otras capitulaciones eran más limitadas, pero aún así, al crearse el virreinato quedaron los adelantados exentos de la autoridad de los virreyes.

La institución desapareció al organizarse administrativamente las vastas posesiones de España en América y precisamente al superarse la época de los descubrimientos. En el Plata hubo cinco adelantados, cuatro realizaron efectivamente los viajes, llevaron a cabo la empresa de conquista y fundaron ciudades; uno de ellos no llegó a concretar la empresa, por lo que corrientemente sólo se señalan cuatro para el Río de la Plata; el estudio de sus viajes y su historia pertenece a lo que comúnmente denominamos época de los adelantados. Según se ve, esta institución del adelantado, típica de la época del descubrimiento y característica de los Reyes Católicos tiene, a través de las capitulaciones, un carácter mixto de empresa privada y concesión estatal, en cambio la institución del virrey tendrá carácter estatal.

2.- En el siglo XVI se divide el vasto territorio americano en dos grandes virreinatos; Nueva España y Perú; posteriormente se crea el de Nueva Granada y, durante los Borbones, el del Plata. Perú restringe así su territorio y queda más reducido, siempre teniendo a Lima por capital; el del Río de la Plata tendrá por asiento Buenos Aires. Los virreyes fueron los más altos funcionarios en América; eran la personificación misma del rey y la caracterización más completa del estado español, eran el otro yo del rey allende los mares. Poseían el más alto grado de autoridad y si bien gobernaban mediante instrucciones reales y a su vez daban normas a las autoridades subordinadas a ellos, en numerosas ocasiones debían resolver por sí mismo las cuestiones más arduas y los problemas más difíciles. Resolvían todos los asuntos, salvo aquellos que por ley les estaban expresamente prohibidos, debían promover la conversación de los indios y proveían los oficios que no les fueran reservados al rey; eran presidentes de las Audiencias; estaban expresamente facultados para juzgar a los indios, asesorados por un oidor o un letrado, tenían la administración de la hacienda eran jefes de mar y tierra. La ley determina sus funciones, que son amplísimas.

“…pongan su primero y mayor cuidado en procurar que Dios nuestro Señor sea servido, y su santa Ley, predicada y dilatada en beneficio de las almas de los naturales y habitantes en aquellas provincias y los gobiernen en toda paz, sosiego y quietud procurando que sean aumentadas y ennoblecidas y provean todas las cosas que convinieren a la administración y ejecución de la justicia, conforme a las facultades que se les conceden por las leyes de este libro; y asimismo tengan la gobernación y defensa de sus distritos y premien y gratifiquen a los descendientes y sucesores en los servicios hechos en el descubrimiento, pacificación y población de las Indias, y tengan especial cuidado del buen tratamiento, conservación y aumento de los indios, y especialmente del buen recaudo y administración, cuenta y cobranza de nuestra real Hacienda, y en todas las cosas, casos y negocios que se ofrecieren, hagan lo que le pareciere y vieren que conviene y provean todo aquello que Nos podríamos hacer y proveer, de cualquier calidad y condición que sea, en las provincias de su cargo, si por nuestras personas se gobernaran, en lo que tuvieran especial prohibición…”.

3.- Según puede verse, existe por parte del rey lo que podríamos denominar un mandato amplísimo, otorgándoseles facultades en distintas esferas, como si fueran las emanadas del rey mismo, pudiendo hacer lo que el rey haría, salvo en aquellos casos expresamente prohibidos por la ley; asimismo se ordenaba a las audiencias, sujetas a la jurisdicción de los virreyes, gobernadores, justicias, eclesiásticos de cualquier de cualquier condición o proveniencia, súbdito y vasallos, que cumplieran o ejecutaren todos los mandatos que emanaren del virrey, sean por escrito o de palabra, como si fueran del propio rey; lo que los virreyes hicieran, ordenaran en nombre del rey se tendría por firme, estable y valedero. Los virreyes eran capitanes generales de las provincias o territorios bajo sus distritos y también gobernadores, tanto de sus distritos como de los territorios subordinados; ejercían el cargo de general de la armada o flota donde hicieren el viaje; podían castigar los delitos cometidos antes de su gobierno, castigar a los blasfemos, hechiceros, amancebados y demás “pecados públicos” y tenían el derecho del perdón o indulto; debían intervenir en el logro de la paz y conformidad entre los prelados y eclesiásticos y evitar las discordias entre ellos, etcétera. Esta amplitud de poderes de los virreyes se fue limitado y, de tal manera, sometidos como estaban a juicios de visita y de residencia al finalizar sus funciones, hacía que la amplitud de derechos se fuera recortando. Así, por ejemplo, deberían entregar a sus sucesores en el cargo la documentación, cartas, cédulas y despachos que los instruyeran en las materias a su cargo, dejar proceder a las audiencias en los casos de justicia. Pero no podían despachar en problemas de esta índole provisiones con el nombre y sello del rey, consultar en los acuerdos de materias arduas, despachar los negocios de la audiencia de las flotas y avisos que despachare; deberían tener cuidado y prudencia en la cobranza y administración de las rentas reales, distribuir, gastar o prestar ni anticipar hacienda real ni dar decretos en perjuicios de la cosa juzgada; deberían enviar las causas al rey, en caso de destierro, para determinar la existencia de motivos suficientes para tal resolución, etcétera. Otro tanto acaeció en punto a la terminación del mandato: en un principio los virreyes eran vitalicios, pero más tarde se limitaron sus funciones al término de tres años, duración que posteriormente se elevó a cinco años. Tenían, por lo demás, que sujetarse a una serie de normas y reglas que debían cumplir estrictamente, por ejemplo, les estaba expresamente prohibido realizar negocios por su cuenta o familiares, contratar con funcionarios, casar a sus hijos sin real consentimiento, etcétera.

4.- Habíamos dicho que el primer virreinato fue establecido en México en 1535, más tarde el de Perú tuvo extraordinaria importancia; el último tiempo fue el del Río de la Plata, erigido el 8 de agosto de 1776 fecha desde la cual y hasta la Revolución de Mayo de 1810 transcurre una época conocida por la de los virreyes, que finaliza una serie comenzada con los adelantados y continuada con los gobernadores. Estos últimos funcionarios, los gobernadores, fueron los que permanecieron por más tiempo en lo que hoy es el territorio argentino, durante más de dos siglos, en contraste con los otros dos, que gobernaron, según lo podemos observar, durante un tiempo sensiblemente menor. En resumen, podemos decir que fueron ellos los que dejaron un sello inconfundible en nuestra historia colonial, a través de la colonización y la fundación de ciudades. Según afirma ZORRAQUÍN BECÚ, el gobernador indiano constituye la figura más representativa del régimen establecido por España en el nuevo mundo desde su organización definitiva en el siglo XVI hasta la implementación de intendencias a fines del siglo XVII. En un comienzo, el título de gobernador iba acompañado de otros y generalmente se otorgaba para realizar conquistas determinadas o también para ejercer el mando en una provincia ya constituidas y de tal manera existieron gobernadores capitulantes, que desaparecieron al consolidarse la conquista, dando lugar a funcionarios administrativos para provincias organizadas. Existían, así, cuatro categorías de gobernadores, ya que los virreyes al mismo tiempo detentaban el título de gobernador de su distrito, los presidentes de audiencias pretoriales el de su jurisdicción. Tanto los capitanes generales como los gobernadores presidían provincias de menor importancia y los gobernadores subordinados jurisdicciones pequeñas, bajo la dependencia de los anteriores. Según lo expresa la Recopilación las Indias occidentales estaban divididas en provincias mayores y menores.

La división era un tanto complicada en distritos, partidos y cabeceras debiendo guardar los virreyes, audiencias, gobernadores y corregidores los límites de sus respectivas jurisdicciones. Así, por ejemplo, se determinaba expresamente que el virrey, salvo casos muy especiales, no debían entremeterse en la jurisdicción de la capitanía general de Chile. Al mismo tiempo, al hablarse de las funciones de los virreyes, se hace referencia a otra institución, la de presidente, sin expresarse con exactitud sus funciones en el capítulo respectivo, pero al referirse a las divisiones territoriales se dice que los presidentes de Quito y otras audiencias subordinadas detenten la gobernación en algunos casos, lo que nos autoriza a pensar que se trata de funcionarios de jerarquía semejante a la de los virreyes pero, sólo limitada a actos de administración, de audiencias así a las funciones de gobernador. Las provincias indianas, así denominadas en la Recopilación, se regían políticamente por gobernadores de diferentes categorías, subordinados al virrey, aunque en los hechos gozaran de cierta autonomía, ya que el virrey actuaba en asuntos de importancia, resolviendo los gobernadores por sí mismos en la mayoría de los casos. Tanto gobernadores como presidentes de audiencia pretoriales procedían con amplia libertad, siempre que no tuvieran que cumplir instrucciones expresas emanadas del virrey. En los gobernadores se reunían facultades gubernativas, militares y judiciales, aunque les estaba prohibido el manejo de la hacienda y el contralor de los oficios reales. Durante casi dos siglos, hasta 1776, la mayor parte de nuestro territorio estuvo dividido en dos gobernaciones: Cuayrá o Paraguay y Río de la Plata, teniendo como capital a Buenos Aires por real cédula de 1695. La gobernación de Tucumán fue incluida en el distrito de la audiencia de Charcas.

Los gobernadores del Plata y de Tucumán eran designados por el rey, pero el virrey del Perú quedó facultado para designarlos interinamente aunque en muchos casos éstos delegaban la facultad en la audiencia de Charcas. En numerosas ocasiones los gobernadores deberían cumplir con disposiciones legales rigurosas y no apartarse de ellas, no podían obtener ganancias en relación a asuntos de su jurisdicción, ni emplear bajo su dependencia a parientes hasta el cuarto grado, ni casarse en sus distritos. Tenían funciones ejecutivas, de gobierno, justicia y guerra, facultades de gran amplitud limitadas, en la práctica, por la legislación y el Consejo de Indias, que ejercían contralor y vigilancia, lo mismo a través del poder delegado del virrey del Perú. No es del caso detenernos en la historia de los gobernadores en el Plata, por ser materia ajena a nuestro trabajo pero sí debemos poner de resalto la significación de esta institución. Por lo demás, poderosas individualidades individualidades, algunas de ellas de honrosa nombradía, como Irala, Garay o Hernandarias dejaron huella perdurable.

AUTORIDADES COLEGIADAS.

LAS REALES AUDIENCIAS.

1.- Una de las instituciones básicas, en cierta manera y en algunos respecto traducción en América del Consejo, fue la de la Audiencia. Descubiertas las Indias se ordena la división de los vastos de sus distritos y ya el 14 de septiembre de 1526 se crea la Santo Domingo en la isla Española, en donde residiría la “audiencia y la chancillería real” a cargo de un presidente o gobernador, cuatro oidores, a su vez alcaldes del crimen, un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran canciller y los ministros y oficiales necesarios para llenar su contenido. De tal manera, y análogamente, se comenzaron a ordenar las jurisdicciones correspondientes a cada audiencia. Se ha hecho una división de las audiencias en virreinales (presididas por el virrey), pretoriales y subordinadas con normas adecuadas para cada una de ellas. No sólo resultan el más alto tribunal de justicia en sus jurisdicciones, sino también instituciones con funciones múltiples, de gobierno, administración, hacienda. Así, asesoraban a los virreyes en los más arduos problemas de gobierno, integraban las juntas de real hacienda, reemplazaban al virrey en casos de acefalia o impedimento, intervenían en las causas referentes a indios, realizaban visitas, etcétera.

2.- En las leyes de Indias se determinan expresamente las funciones de las diferentes audiencias y también se expresan las facultades de los integrantes. La Recopilación utiliza una terminología confusa en el capítulo sobre Audiencias y Chancillerías reales, refiriéndose a las diversas audiencias en particular, teniendo en cuenta las diferentes circunstancias que le dieran nacimiento. La audiencia, en general, estaba compuesta por un presidente, funcionarios o jueces llamados oidores (la del Río de la Plata tenía cinco oidores, todos ellos letrados), alcaldes del crimen, fiscales, alguaciles mayores, relatadores, escribanos de cámara, abogados, receptores, procuradores, visitadores generales y jueces de bienes de difuntos. En la sede del virreinato el presidente de la audiencia era el Virrey. Tanto el presidente como los oidores y los demás altos funcionarios estaban sometidos a un estricto contralor de su vida pública y privada, con el objeto de lograr la mayor probidad e imparcialidad en el ejercicio de sus funciones, no debían poseer casas, chacras, estancias, huertos, ni bienes, ni sembrar trigo y maíz; sus esposas no podían intervenir en negocios propios o ajenos ni recibir dádivas. No podían contraer matrimonio en el distrito donde ejercían sus funciones, ni tampoco podían hacerlo sus hijos o hijas; tampoco ocupar casa en contra la voluntad de su propietarios, etcétera.

3.- El presidente y los oidores formaban un tribunal colegiados que intervenían en última instancia en juicios civiles o criminales, sus mandatos y resoluciones deberían ser respetados como si emanaran del rey mismo y debía darse preferencia a los pleitos en que fuera parte la hacienda real; los fiscales, en número de dos, uno para el fuero civil, el otro para criminal, debían asistir a las audiencias, juntas y acuerdos extraordinarios, debiéndoseles dar conocimiento de cédulas y provisiones reales, defendían los pleitos de hacienda real, debían enviar copias y relaciones de los acuerdos de hacienda, debían urgir en los pleitos de residencias, proteger a los indios, defenderlos y alegar por ellos. Los alguaciles mayores eran funcionarios encargados de ejecutar las ordenanzas de gobierno, eran algo así como los actuales oficiales de justicia: el teniente de gran canciller era el depositario del sello; los relatores letrados, designados por el presidente en propiedad, oficiaban como secretarios, debían ordenar los procesos, relatarlos detalladamente y resumirlos para ser estudiados por los oidores, debía recibir las diferentes pruebas y asentarlas en acta, entregar memoriales a los jueces. Otros funcionarios importantes fueron los escribanos de cámara, que debían certificar y dar fe de los actos de las audiencias, debían llevar ordenadamente las probanzas, anoticiar al fiscal en los procesos que se relacionaran con el derecho real, llevarle los procesos fiscales, controlar los poderes, ordenar los traslados de los procesos, etc.

Las leyes de Indias señalan otros funcionarios: los abogados de la audiencias, que debían inscribirse en la matricula, previo examen practicado por el presidente y oidores; debían jurar que no ayudarían en causas injustas y se responsabilizaban por los daños que las partes recibieran por su malicia, culpa, negligencia o impericia. Podían concertar sus honorarios al comenzar los pleitos; debían asistir a sus clientes hasta la finalización de los juicios y guardar celosamente el secreto profesional; abstenerse de hablar en los estrados sin licencia ni hacer preguntas impertinentes, ni dilatar maliciosamente los pleitos, todo ello bajo pena de multa. Otros funcionarios, que podríamos denominar auxiliares de justicia, eran los tasadores de proceso (que debían formular los gastos de justicia), los preceptores, procuradores, intérpretes y demás oficiales. También se determinaba que un oidor debería realizar visitas cada tres años, o antes, si así pareciera al presidente; otro era designado juez de difuntos por el término de dos año, para administrar, cobrar, vender o arrendar bienes de difuntos con el objeto de la adquisición de los mismos por parte de los herederos de los que murieren en Indias dejando testamentos o ab intestato.

4.-. En muchos respectos la Audiencia no sólo resultaba el más alto tribunal de justicia, sino que poseía funciones equiparables –en al ámbito americano- a las del Consejo de Indias, aunque más restringida, principalmente en lo referente a las legislativas (que no tenía audiencia). La importancia de las mismas variaba conforme a las diversas categorías que existían en Indias: virreinales, pretoriales, subordinadas. Conviene poner de resalto la labor que las audiencias desarrollaron en cada uno de sus ámbitos. Si bien no podemos referirnos a la jurisprudencia, sin embargo, se establece que muchos de los Acuerdos aclararon conceptos jurídicos, determinaron las limitaciones necesarias en los conflictos de poderes, sentaron bases de interpretación de las leyes y ordenanzas. 

LOS CABILDOS: JURISDICCION Y ORGANIZACIÓN.

1.- La institución que, sin duda, ha dejado huella más perdurable a través de muchas etapas de nuestra historia es la del Cabildo. Al fundarse una ciudad, ésta se funda como ciudad-Cabildo y el solar o ejido de la ciudad resulta patrimonio de la ciudad misma. Ellos representarían, así, el interés inmediato de la población, que queda adherida al cabildo y éste a aquélla con rasgos muy firmes y precisos. Sostiene HENRIQUEZ UREÑA que en la vida política de las colonias existen dos formas fundamentales: una es el gobierno en representación de la corona; la otra, los municipios autónomos; se emplea esta palabra aunque no es la más adecuada, ya que, según veremos, el Cabildo no es lo que podríamos denominar actualmente “municipio autónomo”. El origen de los cabildos es español, en cuanto representan la autoridad local a la manera de los antiguos consejos, principalmente castellanos. Pero, ello no obstante, reconocen ascendencia romana. En España, durante la reconquista y con notoria influencia romana, aparecen los consejos castellanos, que representan, con muchos reparos, un esbozo de soberanía y emancipación: durante la reconquista, la emancipación se daba con el objeto de lograr un mayor interés en las finalidades de la guerra misma. De tal manera, en las comunidades o lugares, lográndose un sistemaforal y, consecuentemente, un derecho foral de la ciudad que se mantiene por siglos y cuyos últimos ecos aún los tenemos con las instituciones creadas por los Reyes Católicos. Carlos V, que tiene la pretensión de reordenar un vasto imperio a la manera de los grandes imperios medievales, con reminiscencias del romano-germánico, lucha contra las comunidades de Castilla y les asesta un golpe de muerte en los campos de Villalar (1521) donde, según conocida referencia, se sepultan las libertadas castellanas. Asimilando ese tipo de instituciones, se ha querido ver en los cabildos la “cuna de la emancipación americana”. Es muy posible que la afirmación sea exagerada y muchos autores la han desautorizado categóricamente, al señalarnos como triste parodia de los consejos castellanos destruidos por Carlos V en Villalar.

2.- ¿Qué significa cabildo? La propia palabra involucra una verdadera petición de principios; y así RAVIGNANI dice; con razón, que se trata de una tautología, toda vez que cabildo significa, etimológicamente, “reunión”, por lo cual “estar en cabildo” es “estar reunidos”. Por tal razón los cabildos también se denominan “ayuntamientos”, del término “ayuntar” o sea “estar reunidos. Los cargos se adquirían y vendían; además eran popularmente elegidos. Por lo tanto, si bien representaban el interés inmediato de la población, por el hecho mismo de constituirse ciudades-Cabildos, faltaba ese elemento que los hiciera la extracción medianamente democrática. Por lo demás, existían condiciones que imposibilitaban los canales hacia un presunto interés por lo que hoy denominaríamos la comunidad. En tal sentido era reflejo de la sociedad, la que, según viéramos se estructuraba a través de castas, con los blancos y, más aún los españoles peninsulares detentando las funciones y los cargos.

3.- Los cabildos tenían dos funciones primordiales: a) justicia, b) gobierno de la ciudad. En el primer sentido eran tribunales de primera instancia en lo civil y criminal y de sus tallos podían recurrirse en apelación ante la Audiencia. En cuanto al segundo, tenían el gobierno inmediato de la villa, cumpliendo funciones que en alguna medida se acercan a las de las municipalidades; debían, además, cuidar de las rentas y de los recursos de la ciudad. En cuanto a los recursos se dividían en propios y arbitrios, los primeros se forman con el patrimonio mismo de la ciudad, con la administración y venta de sus tierras, etcétera; los segundos eran producto de diferentes gravámenes (algunas mercancías sufrían gravámenes considerables) de distintas ordenanzas, etcétera, así como de los impuestos, entre los cuales podríamos citar los de alumbrados, pesas y medidas y en general las rentas arbitradas por el rey como recurso de la ciudad, también sisas y contribuciones extraordinarias. Al fundarse las nuevas poblaciones debían señalarse las tierras y solares que hubieren menester para propios; los ayuntamientos no debían hacer gastos extraordinarios sin licencia; no podía gastarse de propios en la recepción de prelados, presidentes, oidores o ministros; se debían señalar dehesas y tierras para propios, enviarse cuenta y razón al Consejo y los oidores, por turnos, debían reverlas o examinarlas; tales son algunas disposiciones acerca de los propios, contenidas en las leyes de Indias. El abastecimiento de la ciudad estaba a cargo del cabildo, principalmente en lo que se refería a los granos, que eran vendidos a través de las alhóndigas, depósitos donde los labradores despachaban sus granos y los panaderos se proveían de trigo y harina para el abasto de la ciudad a los precios más acomodados; fuera de la alhóndigas no se podía vender trigo, harina, cebada y granos y nadie podía comprar por otros precios que no fueran los establecidos, debiendo efectuarse las adquisiciones conforme con la capacidad de producción y venta de cada panadería; se trata de una política proteccionista llevada a cabo por los cabildos, con objeto de lograr el adecuado abastecimiento de la ciudad y que motivara algunas representaciones de labradores tendientes a una mayor libertad de comercialización de los productos.

4.- Para la elección de los cabildos de pueblos donde no estuvieren vendidos los oficios concejiles, no podía ser elegida persona alguna sin tener la categoría de vecino y a renglón seguido la ley determinaba que se entiende por vecino aquel que tuviere cas poblada, aunque no fuere encomendero de indios; asimismo se repite en otro lugar que todos los oficios de cabildo y concejiles debían ser servidos por propietarios. El hecho del domicilio, por sí, no provocaba la radicación ni tampoco hacia adquirir los derechos de habitante. Dos condiciones se requerían para obtener la categoría de “vecino” poseer solar de tierra (la ley dice “ser propietario”) y haber fundado familia (“tener casa poblada”). La categoría se basaba en el derecho de propiedad y en el de familia y, además, para adquirir la condición de tal, debía existir una radicación permanente y la inscripción en el padrón de la ciudad; el simple habitante o “domiciliado” podía llegar a ser vecino y adquirir la calidad de tal al fundar familia y comprar propiedades.

5.- El cabildo estaba compuesto por alcaldes y regidores. Duraban en sus funciones un período de un año, gozando de poderes limitados por la propia ley. Como ya lo hemos expresado, los cabildantes salientes elegían a sus representantes, por lo que no existía, en verdad, sistema de elección en la cual interviniera siquiera una parte del pueblo. Los alcaldes eran dos, de primero y segundo voto: una ley prohibió la designación de una cantidad mayor, limitándose a ese número. En las ciudades principales se elegían doce regidores y en las demás ciudades, villas y pueblos, seis. Las elecciones debían ser realizadas en las salas capitulares y no debían efectuarse cabildos extraordinarios salvo casos de urgente necesidad.

Los alcaldes cumplían funciones judiciales y los regidores funciones administrativas. Los alcaldes eran algo así como los actuales jueces de primera instancia en ambos fueros: civil y criminal; son de primero y segundo voto, de acuerdo con el orden de asiento y conforme al cual emitían opinión. La ley determinaba que debían conocer en primera instancia en todos los negocios, causas y cosas que podía conocer el gobernador o su lugarteniente en cuanto a lo civil y criminal y las apelaciones de sus autos y sentencias podían recurrirse ante las audiencias, gobernadores o ayuntamientos, conforme lo ordenaran las leyes.

Los regidores intervenían en las cuestiones administrativas inherentes al Cabildo. Ambos, alcaldes y regidores, cumplían las dos funciones específicamente determinadas a los cabildos; los primeros podían ser legos o letrados, en cambio los regidores eran legos, aunque por lo general muy pocos alcaldes tenían la condición de letrados.

Los alcaldes de hermandad, en este aspecto, serían jueces de menor cuantía que intervenían en asuntos de monto muy pequeño y también como instructores sumariales en los hechos de índole criminal. Estos funcionarios vinieron a constituir lo que hoy aún denominamos “alcaldes” que imparten justicia en asuntos de menor cuantía, en actuaciones generalmente verbales y designados por los municipios y que reúnen la condición de letrado, aún sin serlo. Así habíamos dicho que los alcaldes del cabildo podían considerarse, en algunos respectos, como jueces de primera instancia aunque en otros se parecía a lo que hoy se denomina jueces de paz, podíamos considerar a los de hermandad bajo ese aspecto, aunque referido a la campaña.

El cabildo también se designaba un funcionario que protegía los intereses de los menores, denominado asesor de menores (término que ha pasado a la actualidad) y que generalmente era ejercido por uno de los regidores; también designaba al defensor de pobres y protector de naturales. Conforme con la ley, existía un funcionario denominado escribano del cabildo, los que para poder ejercer sus funciones debían ser previamente examinados y aprobados por las reales audiencias de su distrito; debían llevar un libro de registro en el que se asentarían las tutelas y fianzas, les estaba prohibido designar tendientes o subtítulos y debían custodiar los registros de los escribanos que se ausentaran del lugar. También el cabildo podía designar procuradores para asistir a sus causas: éstos serían designados por votos de regidores por el término de un año. Los alguaciles mayores de las ciudades asistidos por tenientes y alcaldes de cárcel (a los que podía remover) eran funcionarios encargados ejecutar los mandamientos de la justicia e intervenir en lo que denominamos “policía”: tenían la obligación de efectuar rondas nocturnas, debían llevar armas pudiendo entrar al cabildo con ellas, capturar personas conforme con órdenes del cabildo, controlar y vigilar las buenas costumbres, persiguiendo el juego y la vagancia, etcétera.

6.- Debemos distinguir dos clases de cabildos: abiertos y cerrados. Nos hemos ocupado hasta ahora del cabildo cerrado, es decir, del constituido por alcaldes, regidores y sus auxiliares, con las funciones determinadas por la ley, y también por la complejidad creciente de la vida de la ciudad, sea desde el punto de vista administrativo o del judicial. Pero en caso de excepcional importancia se llevaban a cabo los denominados cabildos abiertos, en los cuales se debatían los problemas que se presentaban, con la concurrencia con vecinos caracterizados de la ciudad, pudiendo admitirse a altos funcionarios y componentes de ciertos estratos sociales. En los hechos el número de concurrentes siempre fue muy limitado con referencia al total de la población y estaba constituido por la “parte principal y más sana” del vecindario. Es decir, que se trataba de una simple adición, bastante limitada, fuera de los componentes naturales del cabildo cerrado, pero que nunca tuvo características populares.

MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 2 (SEGUNDA PARTE)

HISTORIA CONSTITUCIONAL. UNIDAD II – SEGUNDA PARTE. GUIA DE RELECTURA.

LA GUERRA JUSTA Y EL REQUERIMIENTO.

En el año 1500 los monarcas se pronunciaron sobre la condición de los indios como vasallos libres pero continuó el principio de que los rebeldes podían ser sometidos por la guerra y los caribes esclavizados. Ovando realizó luego las grandes campañas militares de la Española contra todos los rebeldes e impuso el repartimiento de los indios como mano de obra de los españoles. Su ejemplo fue secundado en otras islas antillanas, sin que nadie pusiera objeción alguna. 

En 1511 se complicaron las cosas, pues el padre Montesino (portavoz de los dominicos de La Española) escandalizó a todo el mundo disertando desde el púlpito contra la explotación de los indios y poniendo, de camino, en tela de juicio la autoridad con que se les dominaba y hasta la guerra que se les hacía. A partir de entonces, los dos problemas del trabajo indígena y de la guerra a los naturales se afrontaron conjuntamente. Los Reyes volvieron a consultar nuevamente a teólogos y juristas que ratificaron la legitimidad de ambos, dándoles además una solución jurídica. 

El trabajo obligatorio del indio fue considerado justo y necesario, pero siempre que no supusiera su aniquilamiento, ni impidiera su evangelización. Bastaba por tanto reglamentarlo adecuadamente, cosa que empezó a hacerse en la Junta de Burgos de 1512, donde se dieron las primeras leyes en favor de los indios, que formaron en realidad una legislación laboral dirigida a mitigar la explotación indiscriminada de los naturales. Los naturales gozarían de días festivos, remuneración por el trabajo, buen tratamiento, adoctrinamiento, etc. Se complementaron luego con las Ordenanzas acordadas en la Junta de Valladolid el año 1513 y las de la Junta de Madrid de 1516. Naturalmente todas estas leyes no lograron evitar los abusos, sino únicamente castigar a los culpables que explotaban inmisericordemente a los indios... cuando eran denunciados (rara vez) y se comprobaban sus delitos (más raro aún). 

En cuanto a la cuestión de hacerles la guerra, se salvó mediante el llamado Requerimiento, que estrenó Pedrarias Dávila en 1513. Fue un documento de carácter ético jurídico en el cual se libraba a la real conciencia de responsabilidades, gracias al uso de la advertencia. Dando por sentado el hecho de que los españoles tenían derecho a ocupar las Indias, se interpretó que cuando los indios se oponían a ello era por dos posibles razones; por mala intención, en cuyo caso se les podía hacer la guerra justa sin el menor reparo, o por falta de información. Para solventar este último obstáculo, se decidió explicarles bien el derecho que asistía a los españoles. Se redactó un documento en el que se les ilustraba sobre el particular con toda clase de detalles. Debía leérseles cuando los españoles comprendiesen que los indios iban a lanzarse al ataque, que era considerado el momento oportuno.

El Requerimiento, que así se llamó, fue redactado por el famoso jurista Palacios Rubio, y explicaba que Dios hizo el cielo y la tierra y una pareja humana de la que todos venimos (tesis monogenista), y que dejó a San Pedro para que fuese superior del linaje humano. El descendiente de este San Pedro vivía en Roma y era el Papa, quien hizo donación de todas las Indias a los Reyes de Castilla en virtud de ciertas escrituras que, se decía, "podéis ver (estaban en latín) si quisiéredes" y que por tales señores habían sido recibidos por otros indígenas, permitiendo su adoctrinamiento. Se exhortaba luego a los indios a entender todo lo explicado, tomándose el tiempo necesario: "Por ende, como mejor puedo vos ruego y requiero que entendáis bien esto que os he dicho, y tenéis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo ...." Finalmente se les amenazaba con que si a pesar de todo no aceptaban la presencia española "certifícoos que con el ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y vos haré guerra por todas las partes y manera que yo pudiere, y vos sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Altezas, y tomaré vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé ...." A modo de colofón, se añadía que la culpa de todo lo que ocurriera sería de los indios, y no de los españoles: "y protesto que las muertes y daños que della se recrescieren sean de vuestra culpa, y no de Su Alteza, ni mía, ni déstos caballeros que conmigo vinieron". Como el Requerimiento había que leerlo necesariamente a unos indios no conquistados y cuando se disponían a defenderse de los invasores, lo normal es que no hubiera un intérprete capaz de traducir todo aquello, por lo que se recurría a uno de alguna lengua cercana, o se leía en castellano. El efecto era aproximadamente el mismo. Los indios, una vez repuestos de la sorpresa de haber escuchado aquella perorata ininteligible, y por lo regular antes de que concluyera su lectura, se lanzaban a combatir y con verdadera furia. Resultó así que el Requerimiento no solucionó nada, salvo librar de pecado a los invasores y a sus reyes, pero el formalismo se mantuvo durante décadas y fue compañero inseparable de la conquista. 

La solución pragmática de la Corona al escándalo promovido por la conquista y explotación del indio mediante la encomienda fueron las Leyes Nuevas, otorgadas el 20 de noviembre de 1542 en las que, entre otras muchas cosas, se suprimió el traspaso de encomiendas, se prohibió que ningún Virrey ni Gobernador hiciera nuevos descubrimientos, ni por mar, ni por tierra. Sólo los autorizarían las Audiencias y en caso de extrema necesidad, llevando un religioso, y teniendo prohibido tomar bienes de los indios o las personas de éstos. Unos años después, en 1549, el Consejo de Indias propuso al Rey la suspensión absoluta de todos los descubrimientos y las conquistas que estuvieran pendientes. En realidad ya se había conquistado casi toda la América hispana y el resto tenía escaso interés, por carecer de riquezas. En 1573, el jurista Juan de Obando propuso que en el futuro se sustituyese la palabra conquista, de tan malas resonancias, por la de pacificación; una solución muy española que consiste en cambiar de nombre a las cosas, pensando que con ello se resuelve algo. Las únicas pacificaciones importantes fueron las de Filipinas y Nuevo México, pues el resto estaba ya pacificado a sangre y fuego. 

Pese a todos los esfuerzos realizados, fue imposible parar a tiempo la conquista, que cumplió su ciclo de destrucción y barbarie. No caeremos nosotros en la trampa de justificarla con los argumentos tradicionales de necesidad de la evangelización o de incorporar los pueblos americanos a la cultura occidental, o de asegurar que era un proceso inexorable que habrían emprendido otros países europeos de no llevarlo a cabo los españoles, ni de decir que las conquistas se han seguido haciendo hasta nuestros días por otros pueblos prepotentes, pues todo esto no es más que la razón de la sinrazón. La conquista pudo haber sido diferente si se hubiera hecho en otra coyuntura histórica, pero es difícil aventurar si habría sido mejor o peor.

Requerimiento

De parte del rey, don Fernando, y de su hija, doña Juana, reina de Castilla y León, domadores de pueblos bárbaros, nosotros, sus siervos, os notificamos y os hacemos saber, como mejor podemos, que Dios nuestro Señor, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quien nos y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos los que después de nosotros vinieran. Mas por la muchedumbre de la generación que de éstos ha salido desde hace cinco mil y hasta más años que el mundo fue creado, fue necesario que los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, y se dividiesen por muchos reinos y provincias, que en una sola no se podían sostener y conservar.

De todas estas gentes Dios nuestro Señor dio cargo a uno, que fue llamado san Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior a quien todos obedeciesen, y fue cabeza de todo el linaje humano, dondequiera que los hombres viniesen en cualquier ley, secta o creencia; y diole todo el mundo por su Reino y jurisdicción, y como quiera que él mandó poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, y juzgar y gobernar a todas las gentes, cristianos, moros, judíos, gentiles o de cualquier otra secta o creencia que fueren. A este llamaron Papa, porque quiere decir admirable, padre mayor y gobernador de todos los hombres.

A este san Pedro obedecieron y tomaron por señor, rey y superior del universo los que en aquel tiempo vivían, y así mismo han tenido a todos los otros que después de él fueron elegidos al pontificado, y así se ha continuado hasta ahora, y continuará hasta que el mundo se acabe.

Uno de los Pontífices pasados que en lugar de éste sucedió en aquella dignidad y silla que he dicho, como señor del mundo hizo donación de estas islas y tierra firme del mar Océano a los dichos Rey y Reina y sus sucesores en estos reinos, con todo lo que en ella hay, según se contiene en ciertas escrituras que sobre ello pasaron, según se ha dicho, que podréis ver si quisieseis.

Así que Sus Majestades son reyes y señores de estas islas y tierra firme por virtud de la dicha donación; y como a tales reyes y señores algunas islas más y casi todas a quien esto ha sido notificado, han recibido a Sus Majestades, y los han obedecido y servido y sirven como súbditos lo deben hacer, y con buena voluntad y sin ninguna resistencia y luego sin dilación, como fueron informados de los susodichos, obedecieron y recibieron los varones religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen y enseñasen nuestra Santa Fe y todos ellos de su libre, agradable voluntad, sin premio ni condición alguna, se tornaron cristianos y lo son, y Sus Majestades los recibieron alegre y benignamente, y así los mandaron tratar como a los otros súbditos y vasallos; y vosotros sois tenidos y obligados a hacer lo mismo.

Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Rey y reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.

Si así lo hicieseis, haréis bien, y aquello que sois tenidos y obligados, y Sus Altezas y nos en su nombre, os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente lo que quisieseis y por bien tuvieseis, y no os compelerán a que os tornéis cristianos, salvo si vosotros informados de la verdad os quisieseis convertir a nuestra santa Fe Católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas, y allende de esto sus Majestades os concederán privilegios y exenciones, y os harán muchas mercedes.

Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como Sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de Sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen.

Y de como lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y a los presente rogamos que de ello sean testigos.

jueves, 16 de febrero de 2017

MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 2

Los Justos Títulos de dominio del Rey de España (la Monarquía Hispánica o Monarquía Católica) sobre el Nuevo Mundo son un concepto ideológico expresado jurídica y teológicamente a través de sucesivas reuniones de teólogos y juristas, principalmente: la Junta de Burgos (1512);·la Junta de Valladolid (1550-1551), en que se produce el enfrentamiento entre las posturas de Bartolomé de las Casas, que pone en duda la licitud del dominio de los colonizadores sobre los indígenas, y la de Ginés de Sepúlveda, partidario de la continuidad del proceso colonizador.

Las Leyes de Indias dotaron de un marco jurídico a ese dominio colonial, en todo tipo de cuestiones, como la encomienda o el repartimiento de indios.

El principal soporte de la pretensión de la monarquía española al dominio de América eran las denominadas Bulas Alejandrinas, obtenidas por los Reyes Católicos de Alejandro VI (de la familia valenciana de los Borja, que ocupó el pontificado entre 1492 y 1503). La naturaleza religiosa de la justificación de ese dominio, sustentada en la necesidad de evangelización, también implicó el control de los reyes sobre la Iglesia, a través del Patronato regio.

La discusión con otras potencias europeas se limitó principalmente al acuerdo con Portugal, alcanzado en 1494 con el Tratado de Tordesillas, que en la práctica dividía el mundo en dos zonas de influencia. Se atribuye a Francisco I de Francia un retórico reproche a este reparto, pidiendo que le enseñaran la cláusula del testamento de Adán donde repartiera su herencia entre castellanos y portugueses, con exclusión de todos los demás.

A partir de finales del siglo XVI, y en parte por escrúpulos de conciencia del propio rey Felipe II, se limitaron las nuevas conquistas, frenando la expansión territorial; aunque tal autolimitación no tendría consecuencias políticas o económicas de gran importancia, dado que las principales entidades políticas indígenas habían sido ya dominadas (imperio azteca e imperio inca) y los espacios de interés agrícola, minero o comercial habían sido ya controlados (las zonas tropicales del Caribe y las Antillas españolas -disputadas con otras potencias europeas-, los puertos clave en las rutas del Atlántico y el Pacífico y las minas de Potosí y México). Hasta mediados del siglo XVIII no se volvió a intentar la colonización de nuevos territorios, ya con distintos criterios (costa del Pacífico norte) o se discutieron los límites con Portugal.

BULA DE DONACION, Y OTRAS 

En marzo de 1493, al saberse en la corte de Castilla el éxito de la expedición de Cristóbal Colón, los Reyes Católicos buscaron resolver y fundamentar jurídicamente la incorporación de “Las Indias” a la Corona de Castilla y el derecho a ocupar dichas tierras, así como las que faltaren por descubrir. 

Las Bulas Alejandrinas son un conjunto de cinco documentos pontificios de carácter arbitral que otorgan a Castilla el derecho a conquistar América y la obligación de evangelizarla. De estas bulas derivarán muchos conflictos pues los documentos fueron antedatados y en algunos casos, sus fechas no corresponden al día o al mes en que fueron expedidas: 

La primera bula: Inter Caetera, llamada de donación, está fechada el 3 de mayo de 1493. Por medio de ella, el Papa concede a los Reyes de Castilla las tierras descubiertas y por descubrir, hacia la India, que no pertenecieren a algún príncipe cristiano. 

La segunda bula: Inter Caetera, datada el 4 de mayo de 1493 –motivo de esta efeméride- es conocida como Bula de Partición, se le llama así porque divide el océano en dos partes, mediante una línea de polo a polo trazada a 100 leguas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde; las tierras al occidente de esa frontera serán para Castilla y las del oriente portuguesas. 

La tercera bula: Piis Fidelium, expedida el 25 de junio de 1493, es considerada bula menor y está dirigida a fray Bernardo Boyl y por ella se le dan facilidades para ejercer su labor misionera. 

La cuarta bula: Eximiae Devotionis, datada el 3 de mayo y también bula menor, otorga a los Reyes Católicos en sus territorios los mismos privilegios que a los Reyes de Portugal en los suyos. 

La quinta bula: Dudum Siquidem, bula menor, del 26 de septiembre de 1493, es conocida como Ampliación de la Donación, porque amplía la concesión de la primera Inter Coetera y señala que serán para los castellanos las tierras que hubiera hacia la india. 

En suma, de este conjunto de documentos, las que establecen donación son: la primera Inter Coetera y la Dudum Siquidem, las cuales precisan la concesión de dominio -por ser tierras de infieles- con sus señoríos, ciudades, castillos, lugares y villas y con todos sus derechos y jurisdicciones y excluyen a toda otra persona de cualquier dignidad, estado, grado, orden o condición, incluso imperial o real, en el comercio o en cualquier otra cosa, sin licencia expresa de los Reyes Católicos; serán excomulgados los que viajen a las Indias por el Oeste sin autorización de los reyes de Castilla; y los reyes estarán obligados a evangelizar las tierras concedidas. 

Luis Weckmann (Las Bulas Alejandrinas de 1493 y la teoría política del Papado medieval. Estudio de la supremacía papal sobre las islas, 1091-1493), señala que las Bulas Alejandrinas de Partición “…constituyen uno de los eslabones fundamentales entre la Edad Media y la historia de nuestro continente. 

“Las Bulas Alejandrinas de Partición, de 1493, constituyen una de las últimas aplicaciones prácticas de una vieja y extraña teoría jurídica, elaborada explícitamente en la corte pontificia a fines del siglo XI… conforme a la cual todas las islas pertenecen a la especial jurisdicción de San Pedro y de sus sucesores, los pontífices romanos, quienes pueden libremente disponer de ellas. Esta teoría… bajo el nombre de doctrina omni-insular es, sin duda alguna, una de las elaboraciones más originales y curiosas del derecho público medieval…La situación histórica del Papado medieval, en cuyo seno la doctrina se originó y por quién fue aplicada repetidamente, existía inalterada en lo fundamental aún a fines del siglo XV, cuando las Bulas Alejandrinas fueron promulgadas. En consecuencia, estas bulas, en cuanto a su origen, significado y espíritu, se enlazan definitivamente con la Edad Media aun cuando sirvan de puente hacia la Edad Moderna; y vienen a ser el epílogo de una larga costumbre jurídica medieval”. 

Las polémicas y debates más intensos sobre el contenido de estas bulas (títulos de dominio sobre América o sobre la calidad y trato dados a los indígenas), alcanzarán sus puntos más álgidos en la Junta de Burgos de 1512 y la Junta de Valladolid de 1550-1551, donde se enfrentarán Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas y de la que resultarán las Leyes Nuevas. 

El Tratado de Tordesillas es un Documento que divide imaginariamente el océano Atlántico por medio del trazo de una línea de polo Norte a polo Sur, 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, dejando el hemisferio oriental para la Corona de Portugal y el hemisferio occidental para la Corona de Castilla. 

Tras la firma del Tratado de Alcáçovas y el viaje de Colón, Portugal manifestó su disconformidad en la delimitación de dicho acuerdo que no respetaba su derecho a descubrimientos en el Atlántico. En 1494 Portugal y España se reunieron, dando nacimiento al Tratado de Tordesillas (1494), mediante el cual hicieron una nueva marcación para se repartieron los territorios. 

A la línea imaginaria de 100 leguas hacia occidente de las Azores , se añadió otra a 370 leguas al Oeste de Cabo Verde. Más allá de esa línea, las tierras descubiertas o por descubrir quedaría en posesión de España. En tanto que hacia el Este, lo descubierto o por descubrir quedaría bajo la potestad de Portugal. 

Beneficios para portugueses 

Los vencedores del acuerdo fueron los portugueses quienes con tal demarcación ganaron para sí una franja de tierras fértiles que luego el mundo conocería como Brasil. Tal como afirman algunos historiadores, es posible que los portugueses ya supiesen de la existencia de estos territorios que los españoles perdieron el derecho de explorar. 

Beneficios para españoles 

Desde el punto de vista español, negar la propuesta portuguesa hubiese significado el estallido de una posible guerra que no estaba en condiciones de enfrentar, teniendo en cuenta su situación con Francia. 

De la misma manera, tal delimitación siguió siendo positiva para los objetivos de entonces, llegar a India. Vasco Da Gama llega tres años más tarde y posteriormente (1522), gracias a Magallanes, el mundo conocerá una nueva ruta por América del Sur. La cuestión de las Molucas quedaría para otro tratado, ya que éstas quedaban dentro de la jurisdicción española (teniendo en cuenta que la línea de demarcación se extendía hasta el otro hemisferio), aunque Carlos V las vendiera en 1529 por 350.000 Ducados de oro a Portugal, abocándose a la causa Americana. 

En la época previa al descubrimiento efectuado por Cristóbal Colón, de una ruta alternativa en dirección al oeste hacia lo que por entonces se consideró eran los territorios conocidos como La Especiería; marinos a las órdenes del Rey de Portugal habían navegado hacia el sur, bordeando el continente africano, con el mismo objetivo. Como consecuencia de ello, surgió una situación de muy grave rivalidad entre Portugal y España, por la competencia en el descubrimiento y ocupación de los nuevos territorios; que amenazaba desatar una guerra entre ambas naciones. 

Lo establecido en el Tratado de Tordesillas no era de fácil aplicación. No solamente no resultaba posible medir con exactitud la distancia de las 370 leguas sobre el océano en esa época; y menos aún hacerlo no ya a la altura de las islas del Cabo Verde sino ascendiendo o descendiendo al norte o al sur de las mismas sobre el mismo meridiano terrestre. Lo cierto es que, además, cuando se estableció esa línea, en realidad no se conocía qué territorios podrían ser atravesados por ella. Es muy probable que, en realidad, no se haya tenido un conocimiento cierto de los efectos del Tratado; por el cual Portugal vino a adquirir derechos sobre buena parte del actual territorio del Brasil. Esa pugna entre Portugal y España respecto a la ubicación de sus jurisdicciones delimitadas por el Tratado de Tordesillas, había de tener importantes repercusiones en relación a las acciones de ambas naciones en la zona del Río de la Plata, y especialmente en la colonización del territorio situado al este del Río Uruguay. 

JUSTIFICACIÓN DE LA CONQUISTA Y DOMINACIÓN DE LOS INDÍGENAS AMERICANOS

Por Oswaldo Albornoz Peralta

Todo conquistador trata de justificar su conquista para esconder o aminorar la explotación y desmanes que ejercen sobre los pueblos conquistados. Y para esto, la justificación más socorrida, es que se trata de gentes inferiores, cuyas costumbres y pensamiento, son sometidos a una crítica implacable a la par que inconsistente desde un punto de vista ético y científico.

Esto, desde muy antiguo. Ya Aristóteles en su conocido y célebre libro Política, habla de pueblos bárbaros, de pueblos esclavos por naturaleza, cuyo destino no es otro que el de ser conquistados y esclavizados para que trabajen y sirvan a los griegos, derecho justo dada su superioridad racial. Y esta tesis se difunde grandemente y sirve para la expansión de Roma.

De larga vida la tal tesis, llega a América con la espada de los conquistadores y la cruz de los misioneros. Y aquí, en algunos casos, se radicaliza hasta el extremo de sostener que los indios americanos carecen de alma y no pertenecen a la especie humana. El Papa, para no amenguar la labor evangelizadora, tiene que intervenir y decir que sí tienen alma y que, por tanto, son hombres. Pablo III, en su bula Sublimis Deus –1537– tiene que declarar esto:

Nos, que aunque indignos, ejercemos en la tierra el poder de Nuestro Señor… consideramos sin embargo que los indios son verdaderos hombres y que no solo son capaces de entender la fe católica, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, se hallan deseosos de recibirla. (1)

La bula papal es urgente e imprescindible, porque es obvio que si los indios no pertenecen a la especie humana, la evangelización de sus pueblos no tiene sentido. Si para ellos no existe otra vida después de la muerte por carecer de alma, ¿para qué el esfuerzo de su cristianización?

Empero, la singular bula papal, es quizás más imperiosa y necesaria para la monarquía española. Para sus reyes es un importante instrumento de conquista, pues una religión que predica la resignación y el sometimiento, resulta un arma formidable para imponer el dominio y consolidar la colonización. Es el cuchillo pontificio de que nos habla nuestro obispo Gaspar de Villarroel. Por tanto, hay que imponer el catolicismo a cualquier costo, para lo cual es forzoso arrasar las religiones indígenas, como efectivamente sucede. Una cohorte de clérigos, destruyendo todo lo que para ellos significa idolatría, se desplaza por todos los rincones del nuevo continente para cumplir tan sagrado oficio. Un Diego de Landa, por ejemplo, se destaca en el cumplimiento de este cometido por las tierras mayas.

Tan fundamental es la implantación de la religión católica, que muchos juristas y teólogos, la consideran como justa causa para la conquista.

Pero si bien la bula aludida saca de la animalidad al indígena, no por eso se libra de la inferioridad, calidad indispensable para justificar la conquista. Así el dominico Francisco de Vitoria, uno de los que sostienen que es justa causa de guerra la oposición de los bárbaros a la propagación del Evangelio, dice esto sobre los indios:

Esos bárbaros, aunque, como se ha dicho, no sean del todo incapaces, distan, sin embargo, tan poco de los retrasados mentales que parece no son idóneos para constituir y administrar una república legítima dentro de los límites humanos y políticos. Por lo cual no tienen leyes adecuadas, ni magistrados, ni siquiera son suficientemente capaces para gobernar la familia. Hasta carecen de ciencias y artes, no sólo liberales sino también mecánicas, y de una agricultura diligente, de artesanías y de otras muchas comodidades que son hasta necesarias para la vida humana. (2)

El buen fraile –tan alabado por ciertos historiadores– duda si este retraso mental es justo título para la conquista. Menéndez Pelayo, dice que con él, ¡entró a raudales la luz!

Más radical y menos dubitativo es el famoso fray Ginés de Sepúlveda. En su Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios no se cansa de buscar motivos para justificar el sometimiento de los indígenas americanos, para lo cual acumula sobre ellos, junto con la consabida falta de razón, una serie de vicios y defectos. Y para su condena a los que llama hombrecillos con apenas vestigios de humanidad se basa, no sólo en Aristóteles, sino en San Agustín, Santo Tomás de Aquino y algunos pasajes bíblicos. Oídle:

Con perfecto derecho los españoles ejercen su dominio sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio y todo género de virtudes y humanos sentimientos son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos, las mujeres a los varones, como gentes crueles e inhumanos a muy mansos, exageradamente intemperantes a continentes y moderados, finalmente, estoy por decir cuanto los monos a los hombres

La justa guerra es causa de la justa esclavitud, la cual contraída por el derecho de gentes, lleva consigo la pérdida de la libertad y de los bienes. (3)

Con estas tesis se enfrenta en 1550-1551 en la Junta de Valladolid a fray Bartolomé de las Casas, alto representante de las ideas democráticas españolas, encerradas por desgracia en esa época en los débiles círculos erasmistas, que para no ser reprimidos por la Inquisición expresan su pensamiento con extrema cautela. Su combate se fundamenta, principalmente, en el cristianismo primitivo. Y llega lejos. Al final de su vida llega a plantear que se devuelvan a los indios "los bienes robados y que los españoles abandonaran las colonias". (4)

A Sepúlveda le sonríe la buena suerte. Los conquistadores del Cabildo de México, agradecidos, le regalan doscientos pesos de oro en minas. Gran negociante llega a formar una inmensa fortuna que hasta le permite fundar un mayorazgo.

También un obispo franciscano, Francisco Ruiz, piensa que el indio "aunque es gente maliciosa para concebir ruindad en daño de los cristianos, no es gente capaz ni de juicio natural para recibir la fe ni las otras virtudes de crianza necesarias a su conversión". (5) Otro religioso, Betanzos –conocido enemigo de Las Casas–, propone que los indios sean repartidos preferentemente en las encomiendas, y hasta se da tiempo para viajar a Roma, a fin de conseguir de la Santa Sede una declaración que diga que los indígenas "eran incapaces de la fe, lo cual justificaría su total sometimiento al español americano". (6) Más aun: presenta un memorial al Consejo de Indias donde dice "que los indios eran bestias, que habían pecado, que Dios los había condenado, y que debían perecer todos". (7) De estas últimas expresiones se retracta ante notario en su lecho de muerte, retractación que para el escritor Juan Friede, no es sino una póliza cómoda y barata, habitual en esa época para no ser condenados en el juicio final. Y finalmente, para que no falte una afirmación bastante cómica, es de anotar que el jesuita Paleotti, en voluminoso libro continente de sus sermones, afirma también que los indios están eternamente condenados por ¡descender del diablo y de una hija de Noé!

Otro religioso, el dominico Tomás Ortiz, envía al Consejo de Indias una larguísima diatriba contra los indios caribes, donde constan los dos pequeños párrafos que copiamos a continuación:

Los hombres de tierra firme de Indias comen carne humana, y son sodomíticos más que ninguna otra generación. Ninguna justicia hay entre ellos, andan desnudos, no tienen amor ni vergüenza, son como asnos, abobados, alocados, insensatos; no tienen en nada matarse ni matar…

Cuando más crecen se hacen peores; hasta los diez o doce años parecen que han de salir con alguna crianza; pero de allí en adelante se vuelven como brutos animales; en fin, digo que nunca crió Dios tan cocida gente en vicios y bestialidades, sin mezcla de bondad o cortesía. (8)

Además, no son capaces de doctrina, sus juicios son bajos y apocados, no tienen arte ni maña de hombres, no quieren mudar de costumbres ni de dioses, son cobardes como liebres, sucios como puercos, crueles, ladrones, mentirosos, haraganes, hechiceros, micrománticos y numerosos defectos y vicios más. Hasta se anota que no tienen barba… En fin, un verdadero padrón de deficiencias y perversiones.

Y todo esto, con una finalidad concreta: demostrar la inferioridad del indio y conseguir su esclavización como lógica consecuencia. Y por desgracia, el Consejo de Indias y el emperador, dan oídos a la cruel petición y esos indios son convertidos en esclavos. Sólo después de algunos años es derogada esa disposición.

También algunos cronistas defienden la tesis de la inferioridad del indio y el tácito derecho de conquista. Para esto acumulan e inventan taras, describen cuadros sombríos sobre su vida y ponen en duda su capacidad para ser libres. Sin comprender, o comprendiendo –que es peor– el grado de desarrollo de algunos pueblos de este continente, sus religiones son consideradas idolátricas y, por tanto, indignas de subsistir; varias costumbres son calificadas de pecaminosas e intolerables, sus formas de gobierno son dura e injustamente criticadas. El caso más frecuente es el que se refiere a las distintas formas de matrimonio aquí existentes, formas por las que han atravesado todos los pueblos hasta llegar a la monogamia, son perseguidas sin tregua por constituir pecado.

Nos vamos a referir brevemente solo a dos cronistas, Fernández de Oviedo y López de Gómara, por ser quizá, los ejemplos más notorios.

El primero, Fernández de Oviedo, sirve de fuente a Sepúlveda para su demostración de la inferioridad del indio. El cronista, en su Historia General y Natural de Indias, al igual que Ortiz, dice que son ociosos, mentirosos, crueles, inhumanos, sodomitas, de frágil memoria, inclinados al mal y con toda clase de vicios. Agrega que nada se puede esperar de ellos, porque tienen un cráneo tan grueso y duro que las espadas de los conquistadores se rompen cuando llegan a ellos…

Las Casas combate iracundo estas afirmaciones. Refiriéndose a la acusación de sodomía, por ejemplo, dice que acerca de "este asunto he hecho diligentísima pesquisa y he encontrado que el nefando vicio de sodomía entre los Indios o no se da absolutamente o es rarísimo", (9) añadiendo que ese "crimen" era castigado por las mujeres de la Isla Española, ya que la acusación de Fernández de Oviedo alude a sus habitantes. Dice que uno de los motivos para sus mentiras y difamaciones, es que, por tener el cargo de veedor, "era uno de los encargados de despojar a los indios y apoderarse del botín". (10)

López de Gómara, en su voluminosa Historia General de las Indias, entre pequeñas críticas a los abusos más notorios de los conquistadores, también desacredita y denigra a los pueblos americanos. No en vano, para justificar la conquista, recomienda la lectura de Sepúlveda.

Entre las varias acusaciones a los indígenas de América, únicamente citaremos esta, referente a los indios de la Isla Española:

Facilísimamente se juntan con las mujeres, y aun como cuervos o víboras, y peor; dejando aparte que son grandísimos sodomitas, holgazanes, mentirosos, ingratos, mudables y ruines. (11)

Las Casas también combate y desmiente a López de Gómara. Dice que excusa todas las maldades de Cortez –toda la segunda parte de su libro está dedicado a la conquista de México– por ser su sirviente y haber recibido sus favores. Afirma que su lenguaje infamatorio contra los pueblos americanos es el de los españoles que quieren justificar las violencias, robos y matanzas de la conquista.

Y esto es cierto. Este cronista es sin duda uno de los mayores defensores de la dominación de los indios y de la ocupación de sus tierras. "Ahora –dice refiriéndose a los mexicanos– son señores de lo que tienen con tanta libertad que les daña. Pagan tan pocos tributos, que viven descansados". (12) Hasta se atreve a decir que Dios les hizo merced en ser de los españoles.

Desde luego, así como hay sacerdotes que defienden a los indios, también hay cronistas que resaltan sus valores y condenan la violencia de los conquistadores. Cieza de León por ejemplo, si bien señala costumbres que son nocivas según su criterio, tiene el mérito de admirar el gobierno de los incas y mostrar sus adelantos, y, sobre todo, el mérito de dolerse por la destrucción de tantos "reinos" americanos y de condenar varias crueldades de los españoles. Es de citar así mismo al cronista jesuita José de Acosta. Dejando a un lado sus continuas referencias a la intervención del demonio en la vida indígena, se distingue por rebatir la tesis de inferioridad racial. En su Historia natural y moral de las Indias dice que uno de los fines para escribir sobre las costumbres y gobierno de los indios, es "deshacer la falsa opinión que comúnmente se tiene de ellos, como de gente bruta, y bestial y sin entendimiento o tan corto que apenas merece ese nombre", y que de este "engaño se sigue hacerles muchos y muy notables agravios, sirviéndose de ellos poco menos que de animales y despreciando cualquier género de respeto que se les tenga" (13). Afirma que tienen cosas dignas de admiración, y que "su capacidad para aprender, aventaja a muchas de nuestras repúblicas".

Más tarde, cuando ya nos habíamos librado del coloniaje e iniciado la vida independiente, el científico francés Alcides D’Orbigny, después de estudiar a la mayoría de los pueblos indios sudamericanos, después de criticar a los autores que hablan de la inferioridad del indio, dice esto:

El Americano no está privado de ninguna de las facultades de los otros pueblos; sólo le falta la oportunidad para desenvolverla. Cuando esas naciones sean libres, mostrarán mucha más facilidad en todo género de actividad intelectual, y si hoy algunas de ellas no son más que la sombra de lo que han sido, ello se debe solamente a su posición social actual. (14)

Pone en alto las facultades intelectuales de los pueblos que ha recorrido y estudiado. Elogia los adelantos alcanzados por algunos antes de la conquista. Y, como se ve, condena la explotación de que son víctimas, causa de su miserable situación.

Por desgracia, la falsa teoría de la inferioridad inventada para justificar la conquista como tenemos dicho, una vez terminada ésta y consolidada la colonia, se transforma en instrumento y justificación de la explotación, porque según su lógica, el inferior es apto sólo para la servidumbre y está condenado a servir al amo, al superior.

Y así, la explotación se prolonga largamente. De la colonia pasa a la república y perdura hasta nuestros días. Y por fuerza, junto a la explotación, subsiste la teoría de la inferioridad, que unas veces se manifiesta en forma socapada y en otras con todo descaro.

Mas a veces, la teoría espuria de la inferioridad, adquiere apariencias "científicas". Este es el caso, entre nosotros del escritor-terrateniente Emilio Bonifaz, autor de un libro titulado Los indígenas de altura del Ecuador, donde basándose en estudios extranjeros sobre todo –algunos de clara intención racista– pondera las deficiencias del bajo cuociente de inteligencia de los indios de nuestra serranía. Como remedio propone el mestizaje, que aporta nuevos genes, dice, genes superiores desde luego. Forma de mejoramiento racial concebible como dice Mariátegui en sus Siete Ensayos, sólo en la mente de un importador de carneros merinos.

Los explotadores del indio, empero, no solamente que lo discriminan como inferior, sino que se enfurecen y combaten con todas las armas a los que denuncian la explotación. Cuando nuestra literatura social empezó a reflejar la realidad de nuestro campo, se les erizaron los pelos a los latifundistas y a sus sirvientes. Recuérdese lo que sucedió con la novela Huasipungo de Jorge Icaza. Aparte de encontrarle peros literarios por todos los lados, se dijo que constituía una deshonra para el Ecuador, porque para ellos la deshonra y el pecado no era la miseria del indio, sino el hecho de que se la destapara y mostrara al mundo. La grita fue inmensa. Y hasta un arzobispo, según cuenta Icaza en una entrevista, prohibe la lectura de sus novelas y cuentos por ser dizque, ¡engendro del demonio!

Véase, entonces, las consecuencias y la persistencia de la mentirosa doctrina de la inferioridad del indio traída por los conquistadores.

Notas

1. Mejía Botero, William (comp.), Antología Histórica, Editorial Norma, Bogotá, s. f., pp. 25-26.

2. Idem., p. 39.

3. Lipschutz, Alejandro, El problema racial en la conquista de América, Siglo veintiuno editores, México, 1963, pp. 72, 75.

4. Grigulévich, J., La Iglesia católica y el movimiento de liberación en América Latina, Editorial Progreso, Moscú, 1984, p. 43.

5. Hanke, Lewis, Más polémica y un poco de verdad acerca de la lucha española por la justicia en la conquista de América, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1967, p. 42.

6. Friede, Juan, Bartolomé de las Casas: precursor del anticolonialismo, Siglo veintiuno editores, segunda edición, México, 1976, p. 295.

7. Hanke, Lewis, Bartolomé de las Casas, EUDEBA, Buenos Aires, 1968, p. 16.

8. López de Gómara, Historia General de las Indias, t. I, Talleres Gráficos Agustín Núñez, Barcelona, 1954, p. 365.

9.. De Las Casas, Bartolomé y de Sepúlveda, Juan Ginés, Apología, Editora Nacional, Madrid, 1975, p. 43.

10. Idem., p. 379.

11. López de Gómara, Historia General de las Indias, op. cit., t. I, p. 51.

12. Idem., t. II, p. 429.

13. De Acosta, José, Historia natural y moral de las Indias, Fondo de Cultura Económica, México, 1962, p. 280.

14. D’Orbigny, A., El hombre americano, Editorial Futuro, Buenos Aires, 1944, p. 117. (REGRESAR)

Los indios en la Conquista de América 

por Susana Sendra Ramos 

Este artículo pretende de modo sencillo acercarse a la realidad de los indios en uno de los momentos más importantes de la historia de la humanidad: el descubrimiento del Nuevo Mundo, que supone uno de los hitos de la Edad Moderna 


Introducción 

La conquista de América lleva consigo un tema trascendente como es el de la consideración de las personas que encontraron en la nueva tierra descubierta. ¿Eran aquellas personas iguales a los españoles en derechos y dignidad? Ésta era la pregunta que surgía en aquellos que llegaron al Nuevo Mundo en 1492. El llegar a tierras nuevas y encontrarse con personas jamás vistas les llevó a preguntarse si esos nativos eran como ellos mismos o si su dignidad era inferior… es ésta una cuestión fundamental porque radica en ella un problema importante: la dignidad de toda persona. 

En este artículo veremos, con la ayuda de los textos del momento, que nos harán acercarnos a los que pensaban los protagonistas de este periodo, cuál era la intención que había detrás de la conquista, la forma de valorar a los indígenas por parte de los reyes, consideraciones en cuanto al tratamiento de los indios y otros temas que nos pueden acercar a la realidad del descubrimiento desde el punto de vista de aquellas gentes que vivieron este momento de tal trascendencia para la historia. 

Misión en América 

La llegada de los españoles a tierras americanas, encabezados por Cristóbal Colón, supuso un choque cultural enorme; ya que los españoles encontraron culturas muy diferentes a la propia de su lugar de origen. Estos comportamientos de los nativos supusieron en los españoles un sentimiento de superioridad en muchos casos; no obstante, la misión que debían llevar a cabo con estos indígenas era clara: laevangelización; esta era una de las principales tareas para la que habían sido encomendados. Así aparece en la bula del Papa Alejandro VI: 

Y además os mandamos, en virtud de santa obediencia, que así como lo prometéis y mandamos, lo cumpliréis por vuestra gran devoción y regia magnanimidad, habréis de destinar a las tierras firmes e islas antedichas varones probos y temerosos de Dios, doctos instruidos y experimentados para adoctrinar a los indígenas y habitantes dichos en la fe católica e imponerlos en las buenas costumbres, poniendo toda la debida diligencia en todo lo antedicho [1]

Desde el comienzo de la conquista, la preocupación por los nativos era evidente; la reina Isabel la Católica, insiste a Colón acerca de la misión evangelizadora de esta expedición; por tanto, se preocupa porque estos nativos puedan llegar a la fe verdadera. 

Encontramos esta preocupación en algunos textos de los reyes, en los que se muestra el deseo de que los indios sean bien tratados. Por ejemplo, podemos analizarlo en un texto de instrucciones al comendador frey Nicolás de Ovando, gobernador de las Indias y Tierra Firme del mar Océano, para el buen tratamiento de los indios [2]

“otrosí, procuraréis como los indios sean bien tratados e puedan mandar siguramente por toda la tierra e ninguno los faga fuerza nin los roben, nin fagan otro mal nin dampno, poniendo para ello las penas que viéredes menester, e executándolas en las personas quen ella fueran culpantes, e faciendo sobre ellos los pregones e defendimientos nescesarios. 

…Item, direis de nuestra parte a los caciques e a los otros principales que Nos queremos que los indios sean bien tratados, como nuestros buenos súbditos e vasallos.” 

Vemos el deseo de que los indios reciban un trato lo más correcto posible y que sean respetados. Además, aparece el deseo de los reyes de castigar a todo aquel que pueda poner en peligro este buen trato. 

También el fragmento del codicilo de Isabel la Católica, escrito en 1504, muestra este deseo de la reina; cuya principal meta era que pudieran convertirse y encontrar la Sancta Fe católica los habitantes del Nuevo Mundo: 

Nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos fizo la dicha concession, de procurar inducir e traher los pueblos dellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concessión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, mui afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que ansí lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vezinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que seabien e justamente tratados. E si algún agravio han rescebido, lo remedien e provean, por manera que no se exceda en cosa alguna de lo que por las Letras Apostólicas de la dicha concessión nos es inyungido e mandado” [3]

Es también explícita una orden de Carlos V fechada en 1530: 

“ninguna persona sea osado de tomar en guerra ni fuera della ningún indio por esclavo, ni tenerle por tal con título que le hubo en la guerra justa, ni por rescate, ni por compra ni trueque, ni por otro título ni causa alguna, aunque sea de los indios que los mismos naturales de las dichas Indias” [4]

En el proceso de asimilación de América; que empieza a producirse a lo largo del XVI, se asimila la trascendencia del descubrimiento, se tiene el sentimiento de estar asistiendo a un “progreso del que los españoles son los principales protagonistas” [5]. Son los propios conquistadores y sus cronistas los que tienen la idea de que lo suyo no tiene parangón en la historia; como afirmaba orgulloso Díaz del Castillo, al hablar de la conquista de México: Mirad que los romanos no han hecho tal hazaña… [6]

En medio de todo este proceso, como añade Fernández Álvarez en el citado artículo, la mayor hazaña hispana consistió en admitir al nuevo hombre americano. Pues la pregunta se la habían hecho los contemporáneos. ¿El indio era un ser inferior, susceptible por tanto de esclavitud, o un ser libre, en paridad de derechos con el español? Esa sería la gran batalla intelectual librada por figuras como Las Casas o Vitoria, y en general por la llamada escuela de Salamanca. También aquí aparece el debate entre Las Casas y Sepúlveda; es decir, entre los defensores de la libertad del indio y los que, apoyándose en la tesis aristotélica, pedían su servidumbre; debate que más adelante comentaremos. A esta polémica no fue ajena la autoridad imperial. 

Carlos V apoyó en un principio a los conquistadores en sus pretensiones frente a los indios, ordenando a los maestros del Estudio de Salamanca que cesasen en sus críticas- ¡Que callen esos frailes! Pero poco después, quizás debido al desastre de Argel, reconsideró su actitud frente al fenómeno de la conquista de las Indias, de donde surgirían las célebres Leyes Nuevas de las Indias, de 1542, de tan alto significado moral para la época y aún para toda la posteridad. Por tanto, la asimilación no fue solo de las nuevas tierras descubiertas, sino además, y es algo mucho más importante, de lo que significaba el hombre que las habitaba. 

Testimonios que hablan de la situación: Bartolomé de las Casas 

En cambio, a pesar de las buenas intenciones de los reyes con respecto al trato que debían recibir los indios, existen testimonios que manifiestan otra realidad. Desde inicios de la conquista hubo algunas actuaciones que no hubieran sido aprobadas por los Reyes Católicos. Así, según cuenta Bartolomé de las Casas [7], un domingo de Adviento del año 1511 el padre Montesinos predicó, como todos los domingos, su homilía. En ella, el padre denunció todo lo que según él estaban haciendo los colonos en perjuicio de la población indígena. Como recoge de las Casas; ocurrió lo siguiente: 

Llegado el domingo y la hora de predicar, subió en el púlpito el susodicho padre fray Antón Montesinos (…) Esta voz, dijo él, que todos estáis en pecado mortal (…), por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tal cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos de sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir otro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios…? 

Estas críticas llegan a España por medio de los dominicos el padre Córdoba y Antonio Montesinos. Así que otra vez se encuentra el rey-regente frente a frente con un religioso revestido del hermoso y noble hábito blanco de los dominicos. [8]El rey Fernando, regente tras la muerte de su mujer en 1504, escucha a los frailes y entiende que no se está actuando bien en La Española. Como fruto de esta denuncia, se redacta el primer cuerpo legal extenso en la Península para proteger a los súbditos americanos: las Leyes de Burgos de 1512; a las que seguirán las Leyes de Valladolid de 1513. Con todas las leyes se crea un documento: el Requerimiento, creado por un jurista castellano, Don Juan de Palacios Rubio. Este texto autorizaba por mandato divino la conquista de las tierras y sometimiento de aquellos pueblos indígenas que se negaran a ser evangelizados. Bartolomé de las Casas se hace consciente de que el sistema de encomiendas genera injusticias entre los americanos. [9]

Bartolomé de las Casas, en su escrito más difundido: Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, realiza un detallado análisis de la situación que sufren los nativos de las Indias en cada una de las zonas más importantes; de este modo, hay un capítulo dedicado a las dos islas de Sant Juan y Jamaica, de la isla de Cuba, de la provincia de Nicaragua, de la Nueva España y Pánuco y Jalisco, de la provincia de Sancta Marta, etc. Como relata con toda crudeza los acontecimientos, muchos la han visto como una obra que promovió la leyenda negra contra la Madre Patria. [10] Este autor ha sido considerado poco fiable debido a lo que hemos señalado: su exageración a la hora de narrar la actuación de los españoles con los indios. 

Podemos atender a su descripción en un fragmento de su obra, en la que describe desde el momento de la llegada de los españoles: 

Descubriéronse las Indias en el año de mil y cuatrocientos y noventa y dos. Fuéronse a poblar el año siguiente de cristianos españoles, por manera que ha cuarenta y nueve años que fueron a ellas cantidad de españoles, y a la primera tierra donde entraron para hecho de poblar fue la grande y felicísima isla Española [11]

En este mismo fragmento podemos ver la actitud de Las Casas a la hora de referirse a los nativos: 

Todas estas universas e infinitas gentes a toto género [12]crió Dios las más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas, fidelísimas a sus señores naturales y a los cristianos a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas y quietas, sin rencillas ni bollicios, no rijosos, no querulosos, sin rancores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo [13]

En algunos casos parece que exagera en sus descripciones; de hecho, la imagen con la que Bartolomé de las Casas ha pasado a la historia es de exagerado con respecto a lo que ocurre en la realidad. Aunque ha sido criticado como historiográficamente poco fiable, en su obra muestra la gran estima que tenía por el hombre [14]. Se puede apreciar en el siguiente fragmento: 

Su comida es tal que la de los sanctos padres en el desierto no parece haber sido más estrecha ni menos deleitosa ni pobre [15]

Una vez descrita la forma de ser de estos indios nativos, expone el trato que recibieron de los españoles del siguiente modo: 

En estas ovejas mansas y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas, entraron los españoles desde luego que las conocieron como lobos y tigres y leones crudelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte, hasta hoy, y hoy en este día lo hacen, sino despedazallas, matallas, angustiallas, afligillas, atormentallas y destruillas por las entrañas (…) [16]

La consecuencia de la actuación de Bartolomé de las Casas, su insistencia a la hora de hablar con el monarca… va a dar un paso más en cuanto a la crítica de la colonización. Cuestiona la presencia española; ya que hace ver que se está perjudicando a los habitantes de las Indias. Como consecuencia, en la corte castellana surge “La duda indiana”; que es un proceso por el cual Carlos I se planteó si realmente tenía derecho a la conquista de las Indias. Se plantea la posibilidad de abandonar la colonización. En este tiempo se habla de cierta crisis de conciencia. Carlos V reúne a juristas en Valladolid; allí se acuerda que se puede seguir adelante aunque habría que cambiar las formas. Después de las controversias, la respuesta de Carlos V fueron las Leyes Nuevas de 1542. Con ellas se buscaba fundamentalmente limitar las encomiendas para evitar los abusos derivados de la práctica de estas. 

En esta controversia, destaca la figura de un gran jurista: Francisco de Vitoria, profesor de la Universidad de Salamanca. El corpus jurídico que constituyen sus obras fue el inspirador y promotor de un sistema justo de colonización de las tierras recién descubiertas en el Nuevo Mundo. [17]

Francisco de Vitoria se plantea el problema de los “Justos Títulos”, refiriéndose a los títulos que legitimarían la presencia de España en las Indias. Su argumento se basa principalmente en dos aspectos: por un lado, si España dejara el Nuevo Mundo, otros países se encargarían de entrar y gobernar. Por otro lado, desde el punto de vista cristiano, es ilícito para el rey de España abandonar a los que se han convertido al catolicismo: 

…Es claro que después que se han convertido allí muchos bárbaros, ni sería conveniente ni lícito al príncipe abandonar por completo la administración de aquellas provincias [18]

Naturaleza de los indios 

Desde el comienzo mismo de la conquista la opinión respecto a la naturaleza de los indios estuvo hondamente dividida; en particular sobre su capacidad para vivir según las costumbres de los españoles y para recibir la fe cristiana. “Al avanzar la colonización, el trato dado a los indios se convirtió en problema de primerísima importancia” [19]

Como describe Lewin Hanke, la mayoría de los españoles que estaban en las Indias durante el primer medio siglo de la conquista tendieron a ver a los indios, bien como “nobles salvajes” o bien como “perros cochinos”. [20] Fue Colón quien fundó la escuela del “noble salvaje”, tal y como puede verse en el diario del primer viaje, en el que hace referencia a gentes buenas, hermosas y amables que habitaban las ricas tierras: 

Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios ni negros ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que hallan, y de ellos se pintan las caras, y de ellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos sólo el nariz. Ellos no traen armas ni las conocen… [21]

Tal vez, como explica Lewis Hanke, esta postura de Colón cambió más adelante para convertirse en una postura más negativa acerca del indio; sobre todo ante la dificultad de gobierno en La Española. Prácticamente todo español con libertad de palabra en el siglo XVI abordó este tema de gran importancia; la controversia dura, y al parecer irreconciliable sobre la verdadera naturaleza de los indios.[22]

Principal controversia: Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda 

La principal controversia filosófico-jurídica del siglo XVI versó sobre este tema de la naturaleza de los indios. Esta controversia constituye el primer gran debate sobre los derechos humanos y sienta las bases de la práctica del derecho internacional [23] . En ella intervinieron Palacios Rubios, Francisco de Vitoria, Ginés de Sepúlveda [24] , Domingo de Soto, Vasco de Quiroga y Bartolomé [25] de las Casas [26] . Agosto de 1550 fue el mes en el que se abrió la Controversia de Valladolid; en medio de un momento difícil para Carlos V. [27]Esta controversia ocupó dos largos meses de debates; los participantes terminaron agotados. Así ocurrió después de los cinco días de lectura ininterrumpida por Las Casas de toda su “Apología”. El Democrates Alter de Sepúlveda, fue uno de los principales textos junto con el ya citado de Las Casas [28]

El debate entre los partidarios de la igualdad o de la desigualdad de indios y españoles llega a su apogeo y al mismo tiempo encuentra una encarnación concreta en la célebre controversia de Valladolid [29] .Como explica en la mencionada obra Jean Dumont; cada uno de los principales participantes del debate tenía un hándicap; por un lado, Bartolomé de las Casas contaba con un escaso conocimiento del latín, que en comparación con Ginés de Sepúlveda, le hacía quedar a un nivel inferior. Este poco dominio de la lengua latina le llevó además a algún problema de interpretación. Por otro lado, Ginés de Sepúlveda, contaba con el hándicap de que jamás había puesto los pies en América y carecía de los conocimientos de los indios en su ámbito propio. [30]

La teoría aristotélica sobre la esclavitud y la barbarie, seguida entre otros por Ginés de Sepúlveda, quien tradujo la obra Política de Aristóteles al latín, fue muy influyente en esta controversia. Aristóteles defiende la esclavitud como algo natural en el capítulo II del libro I de su obra mencionada: 

“hay esclavos y hombres libres que lo son por obra de la naturaleza; se puede sostener que esta distinción subsiste realmente siempre que es útil al uno el servir como esclavo y al otro el reinar como señor; se puede sostener, en fin, que es justa, y que cada uno debe, según las exigencias de la naturaleza, ejercer el poder o someterse a él.”[31]

Así Ginés de Sepúlveda se identifica con el paternalismo, y Las Casas con el antipaternalismo. Ginés de Sepúlveda fundamentará el paternalismo en la incapacidad natural de los indios para darse un gobierno propio, cosa que están llamados a asumir los españoles por tener un mayor nivel de civilización, señalando respecto de los indios: 

“Y la condición de estas últimas es tal que deben obedecer por su barbarie al imperio de los más civilizados y cultos por Derecho Natural” [32]

Sepúlveda habla de que los indios presentan un estado de retraso subsanable, mutable por la cultura que les aportarán los españoles y, en primer lugar, el cristianismo [33] . Sin embargo, De las Casas ve en expresiones como esa la irremisible bestialidad de los indios y la justificación de su opresión sin límites. 

Ambos pensadores discutieron acerca de diversos temas, de los que cada uno daba su opinión. Entre los temas que se abordaron, aparecen preguntas como: ¿Se justifica el sometimiento de los indios para “salvar a los numerosos inocentes que esos bárbaros inmolan?, ¿Pueden ser sometidos los indios para evitar que adoren a los demonios?, ¿La “condición natural” de los indios justifica que se les someta? [34] . Son estas algunas de las preguntas a las que dan respuesta cada uno de los miembros de la controversia; ambos apoyándose en doctrinas filosóficas y en autores de la tradición. No obstante, sería arduo para un trabajo de estas dimensiones analizar cada uno de las respuestas; por ello, nos limitamos a narrarlo brevemente. 

En cuanto al balance final de la controversia, que puede resultar de interés, cabe señalar que dependiendo de los distintos autores y estudiosos, existen diversas opiniones. Jean Dumont considera que Sepúlveda venció holgadamente en la controversia. [35] Señala que Las Casas fue menos convincente para los jueces; aunque en un principio parecía que quien resultaría victorioso de la controversia sería Las Casas, finalmente, a su juicio, así como de Lewis Hanke, quien señalaba en 1957 respecto a Las Casas “el fracaso de la controversia de Valladolid al no lograr el triunfo de sus ideas en forma pública y resonante” [36]

Resulta interesante lo que aseguran otros especialistas en Las Casas para añadirlo como colofón a este apartado. Así, Martínez Bulle Goyri escribe: ambas corrientes (la lascasiana y sepulvedana) son esencialmente cristianas y humanitarias (…) ambos contribuyen a la primitiva formulación de los derechos humanos. [37]

Conclusión 

Como conclusión a todo lo expuesto de modo sencillo, podemos extraer lo siguiente. 

En primer lugar, creo que mediante los textos vemos claramente cuál era la intención de los Reyes con respecto a los indios. En este sentido, como afirma María Saavedra [38]

El español demostró con su conducta que no le interesaba en absoluto arrancar del continente americano a su población nativa. ¿Para qué entonces crear escuelas, colegios y muy pronto Universidades? Recordemos la temprana fecha de fundación de la Universidad de Santo Domingo (1538), seguida muy pronto por las de Lima y México. O la de San Francisco Xavier de Chuquisaca, en Bolivia, creada en 1624. Pero la razón más importante es que la Corona impulsa la colonización americana con un objetivo prioritario: la evangelización de los indígenas. 

También se puede llegar a la conclusión de que el trato a los indios en algunos casos no fue tan bueno como les hubiera gustado a los Reyes, y que se produjeron algunas injusticias grandes; no obstante, hemos de señalar lo que ya hemos mencionado: Bartolomé de las Casas mostró una postura bastante radicalizada y la mayoría de los estudiosos coinciden en ello. 

Por otro lado, espero que haya quedado de manifiesto en el presente trabajo la idea de que la España del momento se jugó algo fundamental al tener en consideración la dignidad del hombre, hoy indudable. El plantearse la idea de si era justa la conquista, la posible idea de abandonarla… denota un grado de compromiso con el ser humano por parte de los monarcas españoles que difícilmente se hubiera dado en otros lugares. Los reyes muestran su concepción cristiana del hombre; de que todas las personas somos hijos de Dios. 

Susana Sendra Ramos 

Bibliografía 

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, Edición de André Saint-Lu, Cátedra, Madrid, 1993, p. 75 

BEUCHOT, M. Los Fundamentos de los Derechos Humanos en Bartolomé de las Casas, Anthropos, Barcelona, 1994, p.21 

CRISTÓBAL COLÓN, Diario de a bordo del primer viaje a las Indias; esta información aparece en el diario el jueves, 11 de octubre. Texto extraído de la web www.ideasapiens.com

DE AZCÁRÁTE, P. Aristóteles, Política, Libro I, Madrid, 1873 

DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 55 

FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Historia de las Indias, 1561 

FRANCISCO DE VITORIA, Sobre el poder civil. Sobre los indios. Sobre el derecho de la Guerra, Clásicos del Pensamiento, Madrid, 1998, p. IX 

M. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Cambios en España tras el descubrimiento, V Centenario del Tratado de Tordesillas, Junta de Castilla y León, 1994, p. 25 

Artículo F.FERNÁNDEZ BUEY La Controversia Entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas.Una Revisión. Boletín Americanista, 1992 

GARCÍA GALLO, A. Estudios de Historia del Derecho Indiano. Instituto Nacional de Estudios Jurídicos. Madrid, 1972, p.416 

LEWIS HANKE, La lucha por la justicia en la conquista de América, Colegio Universitario de Ediciones Istmo, Madrid, 1988, p. 96 

TZVETAN TODOROV, La Conquista de América: el problema del otro, Siglo Veintiuno Editores, México, 1987, pp. 163-164 

Notas 

[1] Este fragmento pertenece a la Segunda Bula “Inter Coetera” de Alejandro VI, que está fechada en el 4 de mayo de 1493. 

[2] Texto firmado por el Rey e la Reyna, fechado el 16 de septiembre de 1501 

[3] Testamento de la reina Isabel la Católica, Capítulo XII (Indios, su evangelización y buen tratamiento) este testamento fue hecho en la villa de Medina del Campo a doce de octubre de 1504. 

[4] Op. Cit, p. 173 

[5] M. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Cambios en España tras el descubrimiento, V Centenario del Tratado de Tordesillas, Junta de Castilla y León, 1994, p. 25 

[6] Op. Cit, p. 24 

[7] FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Historia de las Indias, 1561 

[8] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 55 

[9] La encomienda consistía en entregar un grupo de indígenas a un español para su “protección, educación y evangelización” a cambio de cobrar un tributo [...]para que os sirváis dellos conforme a las ordenanzas reales e con que dejéis, a los caciques, sus mujeres e hijos e indios de su servicio, e con que los dotrinéis e hagáis dotrinar en las cosas de nuestra santa fe católica, como Su Majestad lo tiene mandado[...] 

[10] BEUCHOT, M. Los Fundamentos de los Derechos Humanos en Bartolomé de las Casas, Anthropos, Barcelona, 1994, p.21 

[11] BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, Edición de André Saint-Lu, Cátedra, Madrid, 1993, p. 75 

[12] Se explica en nota al pie que así se llamaba al continente, y en especial la costa norte de América del Sur. 

[13] Op. Cit., pp. 75-76 

[14] BEUCHOT, M. Los Fundamentos de los Derechos Humanos en Bartolomé de las Casas, Anthropos, Barcelona, 1994, p. 135 

[15] Op. Cit., p. 76 

[16] Op. Cit., p. 77 

[17] FRANCISCO DE VITORIA, Sobre el poder civil. Sobre los indios. Sobre el derecho de la Guerra, Clásicos del Pensamiento, Madrid, 1998, p. IX 

[18] GARCÍA GALLO, A. Estudios de Historia del Derecho Indiano. Instituto Nacional de Estudios Jurídicos. Madrid, 1972, p.416 

[19] LEWIS HANKE, La lucha por la justicia en la conquista de América, Colegio Universitario de Ediciones Istmo, Madrid, 1988, p. 96 

[20] En nota al pie, el autor mencionado explica que el dominico Vicente Palentino de Curzola describe estos dos puntos de vista opuestos cuando dice que había “dos extremas: una que siendo los indios idólatras, bárbaros, locos, incapaces de razón, son siervos a natura y pueden ser despojados de sus bienes y libertad. Otra, que son racionales, mansos, piadosos, etc., y así por ningún título se les puede hacer guerra” 

[21] CRISTÓBAL COLÓN, Diario de a bordo del primer viaje a las Indias; esta información aparece en el diario el jueves, 11 de octubre. Texto extraído de la web www.ideasapiens.com

[22] LEWIS HANKE, La lucha por la justicia en la conquista de América, Colegio Universitario de Ediciones Istmo, Madrid, 1988, p. 96 

[23] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997 

[24] Sepúlveda era un hombre de origen humilde que llegó a ser un brillante humanista. Obtuvo los títulos de doctor en Humanidades, Filosofía y Teología y estudió a fondo el griego y el latín. Fue ordenado sacerdote tras ochos años de estudios superiores completos. Fue llamado a las academias donde se reunían los más grandes humanistas de Europa. DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 127-128 

[25] Fray Bartolomé de las Casas, tal y como lo define en Historia del descubrimiento y conquista de América J. HEINRICH CAMPE, F. FERNÁNDEZ VILLABRILLE: “Fray Bartolomé de las Casas, primero capellán, después religioso dominico y por último obispo de Chiapa. A este hombre piadoso debieron los indios grandes beneficios por lo que le amaban entrañablemente. Constituído en protector suyo, recorrió todas las Américas, nombrado en 1516 por el Cardenal Cisneros. Pasó cuatro veces a Alemania para verse con el emperador y cruzó diecisiete veces el océano para defender la causa de los indios, exponiéndose a persecuciones. Intervino en la formación del código de Indias. También se le atribuye la idea de establecer audiencias en América, donde los naturales pudiesen recurrir por abusos de sus señores”. 

[26] Artículo F.FERNÁNDEZ BUEY La Controversia Entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas. 

Una Revisión. Boletín Americanista, 1992 

[27] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 111 

[28] Op. Cit, p. 157-158 

[29] TZVETAN TODOROV, La Conquista de América: el problema del otro, Siglo Veintiuno Editores, México, 1987, pp. 163-164. 

[30] De estas ideas habla DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 111

[31] DE AZCÁRÁTE, P. Aristóteles, Política, Libro I, Madrid, 1873

[32] http://comunidad.microjuris.com/alamiro/2009/01/12/el-conflicto-entre-el-derecho-comun-y-el-derecho-natural-comentario-a-la-controversia-entre-gines-de-sepulveda-y-bartolome-de-las-casas/

[33] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 160

[34] Todas estas cuestiones junto con otras aparecen señaladas en la obra DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997

[35] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 212

[36] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 213

[37] DUMONT, J. El Amanecer de los Derechos del Hombre, La Controversia de Valladolid, Encuentro Ediciones, Madrid, 1997, p. 213

[38] María Saavedra en una entrevista concedida a Minuto Digital; 30.01.2006